lunes, 15 de septiembre de 2008

MATRIMONIO (II)

Ella no es inocente. Es dulce, cariñosa y comprensiva, pero en absoluto inocente.

Se casó enamorada, y virgen - su madre le había advertido hasta el cansancio: si te dejas desvirgar pierdes valor y te quedarás soltera - pero además hizo lo que se llamaría una buena boda teniendo en cuenta su entorno, e inició su nueva vida como dueña de casa (nada de alquileres) y liberada para siempre de trabajar en la fábrica. A los veinticinco años había logrado su objetivo en la vida, quién como ella.

Durante los cincuenta años que dura su matrimonio hasta hoy, para evitar conflictos se ha ejercitado en el arte del disimulo y de la mentira con una eficacia admirable, y lo mismo da que se trate de cuestiones económicas, familiares o sexuales, porque controla cualquier situación inventando el argumento más adecuado a sus intereses: la comida está cara (para las sisas), mi madre está enferma (para salir una tarde sin él), se me ha caído de las manos (para deshacerse de la horrenda figura de terracota que la suegra trajo de Salamanca), y, en fin, cuando su santo esposo demanda el uso de matrimonio - la expresión no es mía, sino de la Iglesia Católica - alterna el me duele la cabeza con los ay, qué gusto y qué bien que él ha aceptado siempre con la fe estúpida del macho prepotente e ignorante, y sólo si hay un cielo y un infierno tendrá que explicarle allí que el sexo jamás la ha interesado y desconoce lo que es un orgasmo.

Cuando tiene un capricho y su marido no quiere comprárselo (más a menudo de lo que sería aceptable para cualquiera), saca dinero del escondite y se lo da a alguno de los chicos para que haga la compra y se presente en casa con el regalo.

Tranquilidad total en un hogar perfectamente estructurado.

(En mi opinión es la más inteligente, adaptada e integrada de la familia: encontró lo que quería y paga el precio sin más quejas que las confidencias que deposita en su hermana menor).

Son la pareja perfecta.

sábado, 13 de septiembre de 2008

MATRIMONIO (I)

Tiene setenta y siete años, y presume de llevar amando a la misma mujer y haberle sido fiel durante cincuenta y cinco.

Esa mujer se casó virgen; ha parido cuatro hijos; ha cuidado de la abuela y la madre de su marido hasta que les tocó su hora; le ha cocinado maravillosamente, lavado la ropa, hecho la cama, escuchado atentamente sus peroratas; ha aceptado votar con la papeleta que él ponía en su mano; medió siempre que fue necesario para evitar enfrentamientos familiares; administró de manera impecable el dinero que le era entregado para los gastos domésticos y, en fin y para no aburrir, se abrió de piernas con total sumisión cuando era solicitada.

Y el hombre de dios afirma que, si muere antes que él, no la sobrevivirá ni un mes.

Yo le creo, aunque deseo con toda mi alma que sea él quien palme primero y lo más pronto posible.

(La otra cara del espejo - ella - la dejo para otro día).

viernes, 5 de septiembre de 2008

MIMOS

Estoy perezosa para escribir, pero entre los archivos de Humo he encontrado una carpeta, con algunos mensajes a su amigo, que no tuvo tiempo o ganas de pasar al blog. Os transcribo uno que es ella sin discusión.

"Pues, si: a pesar de lo que tú creas, mientras follamos también me mimas.

Cuando estoy fumándome un cigarrillo y te pones a besarme la barriguita, o más abajo, o más abajo aún.
Cuando te quedas mirándome y me dices "¡Cómo me gustas!"
Cuando me preguntas si estoy cómoda, o si voy a estar cómoda, o si me duele la espalda.
Cuando me besas despacito en los labios.
Cuando te pones a acariciarme sin decir nada, suave suave suave suave.
Cuando escuchas con una sonrisa atenta mis peroratas, aunque esté fumada y se me vaya la olla.


No sé si habrás hecho lo mismo con todas las mujeres con las que te has acostado; pero si no hubieras sido así conmigo desde el principio (acuérdate que el primer día, mientras nos besábamos de pie junto a mi cama, casi a oscuras, ya te dije que me parecías muy tierno), si no me hubieras mimado, no me hubiera dejado ir de la manera que lo hago contigo.

Ese es el secreto, me parece.

Por eso lo primerito y principal que echo en falta cuando no estamos juntos son los mimos que me das.

Que lo sepas".