Cuando vuelvas, quizá te siente en el sofá, o te lleve a la cama y, antes de que puedas descalzarte, me habré arrodillado ante ti, y te pediré que te quites ese cinturón difícil, desabrocharé tu bragueta y buscaré esa amada polla mía para saludarla. Quizá.
Acaso ella esté aún medio dormida, lo cual me excitará más todavía. Entonces tiraré de tu ropa con mi torpeza acostumbrada, pero tú me ayudarás. Querrás acariciarme y no te lo permitiré: habrás de concentrarte en ese único territorio que marcaré con mi boca.
Querré primero lamer los aledaños, o juguetear con tus testículos probando primero uno, luego el otro, luego ese camino intermedio que conduce hacia tu miembro alerta.
Luego te regalaré con una sucesión de caricias bucales creadas por mi apetencia de llenarme de ti. Te chuparé, desde luego, te chuparé hasta que no puedas más; antes, sin embargo, te la habré recorrido con los labios únicamente, con la lengua nada más, con la lengua y los dedos bailoteando, o la pasearé por mis ojos, mis mejillas, mi rostro entero, y tú cerrarás los ojos pero acabarás por levantarme hacia tu boca.
Tendremos muchas horas por delante.
viernes, 31 de agosto de 2007
lunes, 27 de agosto de 2007
SENDEROS
Cuando me acaricias los pezones en un momento en el que estoy satisfecha y tiendo a distraerme, tus dedos me transmiten la urgencia sexual con que buscas que me rinda; entonces juego a perseguir el camino que tu deseo traza en mi cuerpo; un camino difuso al principio, apenas hecho de un cosquilleo en el vientre, que poco a poco se encauza desde las axilas, atraviesa mis pechos, el estómago, el ombligo, y se bifurca para entrar en mi coño por las dos vías de las ingles, un goce suave y prometedor al principio, manejable, compatible con miradas y sonrisas y caricias en tu cuello o en tus brazos. Tus manos insisten adecuadamente, hasta que se abre una rampa vertiginosa por la que me deslizo al ritmo que me marcas y ya no busco otra cosa que continuar bajando y bajando hasta quedar sumergida en el centro de un orgasmo profundo y amplio, sin aristas. Dirijo tus manos lejos de mis pechos, hacia mis nalgas, para concentrar ahora todo el placer en el fondo, y un cuerpo agradecido se pega al tuyo mientras reverberan en él ondas gozosas cada vez más lejanas.
El camino se borra suavemente mientras voy tomando conciencia de tu cuello pegado a mi cara, tus besos, tus brazos apretándome, la habitación, mi sed, nuestro olor.
El camino se borra suavemente mientras voy tomando conciencia de tu cuello pegado a mi cara, tus besos, tus brazos apretándome, la habitación, mi sed, nuestro olor.
sábado, 25 de agosto de 2007
AHORA ERES MÍO
Hay un momento específico en el cual mi deseo exige montarte a horcajadas, tomar tu polla entre mis manos y juguetear con ella. Me divierte tomar la iniciativa, me hormiguea el sexo por todo el cuerpo cuando te muestras abandonado a mis caricias. Siento que se me achinan los ojos de puro gusto. Sonreímos.
Con meditada lentitud lleno de saliva mi dedo índice espiando tu gesto de ansiedad mientras lo dirijo hacia la punta del glande y lo acaricio formando círculos, como una mariposa alrededor de la luz; es entonces cuando rindes la cabeza hacia un lado y cierras los ojos para saborear mejor el momento. Segundos después, sin embargo, vuelves de nuevo tu mirada a mi rostro, pero entonces me demoro con blandura en ese pequeño cordón lívido y resbaladizo que te deshace de placer, y tus párpados caen sin remedio.
Invento nuevas modalidades para el juego: ahora hago una pausa y te acaricio los testículos, o me inclino a besarte, o meto mi dedo en tu boca para llenarlo de tu saliva y volver a girarlo ahí abajo, o tomo tu miembro entero para guiarlo hasta mi coño, donde entrará, o no entrará, dependiendo de mi voluntad y de mi urgencia.
Con meditada lentitud lleno de saliva mi dedo índice espiando tu gesto de ansiedad mientras lo dirijo hacia la punta del glande y lo acaricio formando círculos, como una mariposa alrededor de la luz; es entonces cuando rindes la cabeza hacia un lado y cierras los ojos para saborear mejor el momento. Segundos después, sin embargo, vuelves de nuevo tu mirada a mi rostro, pero entonces me demoro con blandura en ese pequeño cordón lívido y resbaladizo que te deshace de placer, y tus párpados caen sin remedio.
Invento nuevas modalidades para el juego: ahora hago una pausa y te acaricio los testículos, o me inclino a besarte, o meto mi dedo en tu boca para llenarlo de tu saliva y volver a girarlo ahí abajo, o tomo tu miembro entero para guiarlo hasta mi coño, donde entrará, o no entrará, dependiendo de mi voluntad y de mi urgencia.
jueves, 23 de agosto de 2007
TANGO
Me vuelves de espaldas en un arrebato, y te dedicas a comerme concienzudamente el culo. Protesto a veces, porque siento que es una parte fea de mi cuerpo, con señales y cicatrices de la niña pobre que fui, y al cual la edad no ha favorecido. Con una naturalidad que me subyuga (¿Cómo lo dices tú, susurrando?, ¿qué palabras exactas utilizas?) me haces ver que es bello porque está vivo, y porque a ti te gusta, y me humedeces por dentro con tu lujuria y por fuera con tu saliva, lamiéndome y mordiendo y apretando mi carne de una manera desconocida hasta ti, una caricia libérrima y transgresora, inequívocamente dirigida a los más oscuros rincones de mi sexualidad. Me quema el coño y elevo las nalgas para que puedas abarcar como sabes todo ese terreno ardiente que ya no es otra cosa que urgencia de alcanzar lo que buscas: un orgasmo salvaje y pendejo, desgarrado, barriobajero, con un sabor más picante y quizá menos exquisito que otros que me procuras, pero más íntimo que ninguno.
Tienes que saber que una parte del sabor de ese orgasmo radica en que nunca, nadie, y que mientras me devoras imagino cómo te comeré yo a ti ese bello culo masculino, cómo te provocaré la misma locura carnal, cómo haré que tu cuerpo a veces demasiado contenido busque mi lengua y mis manos y mi cara lamiendo y frotando esos lugares en los que nos reconocemos como iguales.
Tienes que saber que una parte del sabor de ese orgasmo radica en que nunca, nadie, y que mientras me devoras imagino cómo te comeré yo a ti ese bello culo masculino, cómo te provocaré la misma locura carnal, cómo haré que tu cuerpo a veces demasiado contenido busque mi lengua y mis manos y mi cara lamiendo y frotando esos lugares en los que nos reconocemos como iguales.
lunes, 20 de agosto de 2007
TODO ESTÁ DICHO, PROBABLEMENTE.
La duda que me queda es si marcarse un blog es un ejercicio pelín narcisista o el sucedáneo gratuito del psiquiatra. O las dos cosas.
Tengo muchíiiiiiiiiiisimas cosas que escribir, ninguna de ellas trascendental, novedosa o divertida (ya me gustaría). Todas prescindibles. Bueno, y ¿qué?, llevo años leyendo páginas personales y algunas son horrendas, las más inocuas y unas pocas estupendas. Aspiro a que esta sea divina de la muerte, no sé para qué ni para quién.
Mi madre cotilleaba en el portal con las vecinas, a la ida o a la vuelta de la compra. Sustituyo la compra por la oficina y el portal por la red: más interlocutores/as. Opinar es una actividad exclusivamente humana y gratuita. Me apasiona que me lleven la contraria casi tanto como que me den la razón. Mis amigos ya me conocen y no me hacen ni caso cuando me pongo guerrera. Pues, eso.
No escribo poemas, no soy profesora de universidad, tengo una vida sexual bastante sana (estable, intensa, variada), mis traumas pertenecen en su mayor parte a la categoría de lo colectivo y carezco de cualquier don que merezca la pena reseñar.
¿QUÉ ESTÁS HACIENDO AQUÍ TODAVÍA?
Tengo muchíiiiiiiiiiisimas cosas que escribir, ninguna de ellas trascendental, novedosa o divertida (ya me gustaría). Todas prescindibles. Bueno, y ¿qué?, llevo años leyendo páginas personales y algunas son horrendas, las más inocuas y unas pocas estupendas. Aspiro a que esta sea divina de la muerte, no sé para qué ni para quién.
Mi madre cotilleaba en el portal con las vecinas, a la ida o a la vuelta de la compra. Sustituyo la compra por la oficina y el portal por la red: más interlocutores/as. Opinar es una actividad exclusivamente humana y gratuita. Me apasiona que me lleven la contraria casi tanto como que me den la razón. Mis amigos ya me conocen y no me hacen ni caso cuando me pongo guerrera. Pues, eso.
No escribo poemas, no soy profesora de universidad, tengo una vida sexual bastante sana (estable, intensa, variada), mis traumas pertenecen en su mayor parte a la categoría de lo colectivo y carezco de cualquier don que merezca la pena reseñar.
¿QUÉ ESTÁS HACIENDO AQUÍ TODAVÍA?
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