sábado, 29 de diciembre de 2007

MIEDO

Cuando viajas no vivo. Me paraliza el entendimiento la idea de que quizá no vuelva a verte. Se me llena la cabeza de malos presentimientos.

Peligro, peligro.

No son celos. No es la necesidad de verte, que también. Es el miedo exacerbado a que ciertas seguridades de mi vida desaparezcan: tu estar en el mundo, tu presencia cerca de mi, tu mirada. El temor me desarbola.

Está también el deseo, que se aterra ante la posibilidad de no verse colmado nunca más. Evoco instantes concretos - un abrazo en el coche aquel día, mis manos enredadas en el vello canoso de tu pubis - y enloquezco de miedo a que hayan sido los últimos.

A veces, la incertidumbre me empuja a masturbarme para obtener un orgasmo cansino que me aletarga durante unos minutos, pero pronto regresa una ansiedad morbosa, incontrolable, estúpida e inútil, aunque fruto amargo de la experiencia:

Peligro, peligro.

El azar puede vengarse de nosotros.

martes, 25 de diciembre de 2007

PALABRAS

Te divierte hablar de sexo conmigo o, mejor dicho, que te hable de sexo. Se te pone la mirada ambivalente: escuchar te excita, y te dan ganas de comerme, pero si me comes yo paro de hablar, lo cual sólo te interesa llegados a cierto punto. Mientras tanto, me tiras de la lengua para que te cuente cómo ha sido un orgasmo determinado, y por qué un día no me apetece lo que el día anterior me enloqueció, o qué diferencia encuentro entre follar por la mañana, por la tarde o por la noche...

Esas conversaciones hacen que me sienta una Sherezade madura y algo de vuelta, que ya le ha perdido el miedo al sultán y se dedica a desvelarle los secretos que las mujeres ocultamos hasta encontrar el acompañante adecuado para sus juegos.

Con todo, soy víctima del temor: ¿qué harías tú si de pronto desapareciera el sexo verbal entre nosotros, si mi elocuencia se apagara y dejase de narrarte el placer que me produce este milagro nada divino que obramos cuando estamos juntos?

Sé qué responderías: que eso no podrá ser nunca, porque tendría que cambiar mucho para callarme cuando me preguntas - cuando me pregunta alguien sobre cualquier cosa, rectificarías sobre la marcha - y a estas alturas ya es difícil...

jueves, 20 de diciembre de 2007

SÉ QUE...

Te gusta que nos acariciemos ante el espejo para ver cómo voy moldeando mi cuerpo al tuyo hasta encontrar lo que busco.

Te emborrachan los gemidos que trato de ahogar cuando me conduces a ese encadenamiento de orgasmos que siempre me sorprenden cuando sacuden mi cuerpo avaricioso.

A veces te apetece beber de mi coño mientras comes: lo leo en tus ojos ávidos.

Te dejas hipnotizar por mis uñas mientras recorren tu espalda, obvian las nalgas para alcanzar los muslos y bajan a lo largo de tus piernas hasta los tobillos. Para cuando envuelvo tus pies con mis manos y araño suavemente cada dedo has caído ya hace rato en un trance del que habré de obligarte a salir lamiendo imperativamente tu culo.

Te mueres por que tatúe maldades en tu glande usando los dedos como cincel y la saliva como pigmento.

Un placer continuado te paraliza cuando no quieres correrte todavía...

...Y más cosas que me callo.

domingo, 16 de diciembre de 2007

ATAVISMOS

Ayer estabas mandón. Llegamos a mi casa casi a la vez, y me pillaste por la fuerza, llevándome de un lado a otro mientras me arrancabas orgasmos en el baño y en el pasillo, sin hacer caso de mis protestas dejaquemequitelasbotas, nomehelavadolosdientes, esperaquemedesnude... A estas alturas, sabes cuándo las palabras que digo contradicen mi actitud y puedes saltarte los prolegómenos.

No prodigas esa faceta tuya de macho dominante, y está bien que así sea; pero, de cuando en cuando, me divierte que hagas valer tu mayor tamaño y, por mi parte, representar el papel de hembra débil a merced de tu capricho.

(Evidentemente, es un resto atávico que guardamos escondido entre los pliegues de nuestra educación; de lo contrario, ¿por qué, si ya no se trata de procrear ni defender a una inexistente prole contra las fieras o el enemigo, me gusta que seas más alto, más grande, y más fuerte que yo?)

martes, 11 de diciembre de 2007

CREPÚSCULO

Alguna vez, durante esos momentos dulces de caricias sin prisa, me traspasa la certeza de que serás mi último amor; entonces necesito saturarme de ti y aplasto el rostro contra tu cuello: desde ahí percibo tu olor, escucho tu respiración, siento la suavidad de la barba, paladeo con la lengua el sabor y la temperatura de la piel y dejo que mi cuerpo se restriegue contra el tuyo siguiendo el compás de tu sangre en la yugular, hasta que cualquier idea, cualquier pensamiento, quedan ahogados en un vértigo de sensaciones placenteras.

Entiendes o no mi arrebato, pero me abrazas inmensamente antes de besarme en los labios y voy sintiendo cómo la ternura deviene sensualidad: cambia la presión de tus manos sobre mi piel, cambia el recorrido de tus caricias y tu ritmo cardíaco se acelera. Me excita tanto ver cómo te calientas como saber que soy yo la causa de esa incipiente erección.

Follemos, amor, para celebrar que estamos vivos. Disfrutemos este presente de indicativo con que nos encontramos cada día.

viernes, 7 de diciembre de 2007

TU BOCA

(Borré este post por error, así que lo recupero para quien no lo haya leído).


… Tu boca paladeando mi coño consigue que emerja de nuevo la tensión sexual, y el roce de tu barba pone un contrapunto ligeramente áspero a la exquisita blandura de esa lengua insistente, ávida pero suavísima, glotona exploradora de mis rincones, firme y segura en la búsqueda de respuesta, merodeando por los alrededores del clítoris, señalando a tus dedos el camino hacia la entrada vaginal.

Acaricio tu espalda o tu culo, quizá tu pene si está al alcance de mi mano sin necesidad de mayor esfuerzo, pero sobre todo disfruto de tu aliento entre mis piernas, y mi atención no puede dispersarse: ahí está todo lo que me interesa de este mundo en ese momento. Chupeteas con astucia y adivino por dónde se acerca un placer semoviente y espeso, e intento esquivarlo para alargar este estado de espera gozosa, disfrutar hasta el límite el recorrido laberíntico de tu lengua, hasta que me rindo y definitivamente vuelco mi pubis para que se deslice hacia afuera, lento y ardiente, un orgasmo de mermelada de naranja con jengibre.

Continúas devorándome concienzudamente, pero ahora quiero besar tu boca sazonada con mis jugos.

sábado, 1 de diciembre de 2007

ME GUSTA

Ser la amante que espera impaciente tu llegada.
Ponerme puta, permitiendo que utilices mi cuerpo para tu placer: ya me cobraré en especie.
Interpretar a la mujer fatal, haciéndome desear sin dejar que adivines cuánto me excitas.
Sentirme algo efebo cuando te ofrezco mi culo para que lo beses y un poco lesbiana si te busco los pezones.
Preguntarme si no soy un poco guarra cuando aspiro hambrienta el olor de tus ingles.
Ser amiga mientras me cuentas y yo te besuqueo.
Saber que soy mera vida mientras me corro interminablemente.

Encarnar junto a ti a la hembra en sentido estricto."

sábado, 24 de noviembre de 2007

CÓMO SON

De seda, cuando viene deslizándose por la espalda y alcanza la pelvis en ondas que acarician lo más profundo de mi coño hasta que se rinde al placer.

De mandarina, cuando me calientas la vulva al sol de tus manos y me crece entre las piernas un hermoso fruto y suelto jugos que bebes golosamente.

De cueva submarina, cuando me hundes en un espacio en el que sólo respiro gozo durante un tiempo indefinido y me dejaría morir antes de volver a la superficie.

De cachorro maleducado, cuando me olvido hasta de ti para trotar montada en tu polla.

De vagabunda, cuando inicio una andadura por tu cuerpo sin otro punto de referencia que la orografía de ese orgasmo.

Locos - los más - cuando ni tú ni yo controlamos su llegada, cuánto tiempo se quedarán, cuándo parecerá que se van para volver, cuándo acabarán, y si se irán despacio y como silbando alguna canción o se desvanecerán rápidamente sin ninguna consideración hacia nosotros.

Los hay insonoros, delirantes, coquetos, fieros, trascendentales, de urgencia, dulces, agotadores...

...Ponle tú el nombre a ése que tenemos juntos.

domingo, 18 de noviembre de 2007

SICALIPSIS

Tengo la suerte de percibir con claridad cuándo estás predispuesto, y digo: lentamente. Tú comprendes y te aplicas a ello.

Entonces entro en un universo en el que sólo habitamos nosotros: tú complaciente y yo complacida; inmóvil yo, alerta a tus manos, tu boca o tu pene, aquello que utilices como instrumento para provocar ese éxtasis corporal que involucra hasta la última célula de mi cabello. Desde fuera, parecería que permanezco indiferente a lo que tu capricho te dicta hacer conmigo, pero tú - y sólo tú, en toda mi vida - has aprendido a interpretar hasta el menor temblor que me sacude, quizá porque has tenido la paciencia, la inteligencia y el deseo. Me abandono, pues, a tu exploración.

Lo buscas tú, lo encuentras tú, me lo otorgas tú. Yo siento, simplemente: caricias en un pezón que me atraviesan la médula, roces en la entrada de la vagina cuyo eco llega hasta las cervicales, besos en cualquier parte que repercuten en mi coño, y ese coño pide más, pero mi boca sólo emite el inevitable sonido gutural de quien quiere pero sabe que si espera alcanzará lo máximo.

De manera ineludible, aun sin determinarme a ir en su búsqueda, termino suplicando - con la voz, con la mirada, con el cuerpo - más rapidez, más intensidad, más... pero te mantienes en el designio de proporcionarme un orgasmo lento, y me aprisionas en ese ritmo, me incitas a permanecer atenta y contenida, me obligas a dejarte hacer durante minutos, hasta que eclosiona ese placer que conducirá inequívocamente a un clímax amplio, poderoso, duradero, exuberante, rico en matices y sabroso como la esencia de diez mil mangos maduros.

Es el goce de mí misma amada por ti.

lunes, 12 de noviembre de 2007

CADENAS

Con los años, nuestro repertorio de caricias va aumentando. Hoy me apetece hablarte de las que tú me haces a mí:

Están las que me regalas con frecuencia, y me moriría si me las hurtaras, como esa manera que tienes de rodear mi clítoris con suaves pasadas de los dedos, lentamente, formando círculos, hasta que casi sollozo de excitación; tu modo de hundir la cara en mi coño para olerlo, gustarlo, comerlo y beberlo; la forma en que me recorres los muslos con la yema de los dedos, o ese modo de acogerme entre tus brazos cuando me estoy corriendo.

Están aquellas que sólo me proporcionas de cuando en cuando, y por eso me excitan doblemente: chuparme los dedos de las manos sin prisa alguna; comerme las nalgas a mordiscos indoloros mezclados con besitos y lametones; girar tu polla dentro de mi coño con un suave baile de tu pelvis, abrazarte a mis caderas y apoyar tu cabeza en mi vientre, usándome de almohada para qué sé yo qué sueños, en fin.

Y, todavía, las que vas descubriendo y me sorprenden: pueden ser una variante de las anteriores (más intensas, más rápidas, más prolongadas...) o bien absolutamente nuevas (el día en que me penetraste atacando mi vagina por detrás; la primera vez que me lamiste la vulva al tiempo que me la probabas también con las manos o, hace bien poco, el bailoteo de tus manos sobre mi coño tapado con las bragas) ...

Juntas forman una red que me mantiene atrapada voluntariamente. Llámalo como quieras.

martes, 6 de noviembre de 2007

MOTIVOS Y FUNDAMENTOS

Lo que más agradece mi ego es cuando te quedas mirándome en silencio durante unos instantes y exclamas: "¡Cómo me gustas!". Siempre recibo esa frase como si fuera la primera vez que la pronuncias y la primera vez que la escucho.

Lo que más me divierte es tu compañía: tu presencia física convierte el mundo en un lugar mucho más interesante del que yo conocía hasta que te descubrí.

Lo que más me emociona es que me abraces temblando en mitad de un polvo y comiences a besarme como si fuera una despedida o nos acabáramos de encontrar después de mucho tiempo: me quedo sin palabras, por eso nunca me da lugar a preguntarte en qué piensas en esos momentos, y te devuelvo esos besos y ese abrazo como si fuera la última cosa que fuera a hacer en este mundo.

Lo que más me excita es verte a ti caliente: tus rasgos devienen algo faunescos, sonríes de un modo específico, te mueves como si estuvieras de caza y la voz te cambia de un modo que no sabría describir, pero que recibo como una llamada directa a mi sexualidad, y no puedo no responder.

Lo que más me hace reír, las chorradas que se te ocurren mientras follamos, y que sueltas a sabiendas de que son gilipolleces que nadie más que tú y yo entendería, impropias de un adulto serio y responsable, políticamente incorrectas muchas veces, y que más vale olvidar una vez pasado el momento.

Me alegras la vida, me despiertas los sentidos, refuerzas mi amor propio, estimulas mi inteligencia... ¿Cómo podría no estar loca por ti, dime?

jueves, 1 de noviembre de 2007

VARIEDADES

Insisto en que hay muchos tipos de deseo, con su correspondiente placer bien diferenciado; insisto porque aunque no me contradices tampoco asientes y te limitas a mirarme divertido, como si estuviera diciendo alguna bobada. Te pondré unos cuantos ejemplos (y ello no quiere decir que no esté dispuesta a ofrecer más información si la demandas).

Uno es el de la caricia que te hago provocada por una postura o una frase o ese rincón de tu cuerpo; me proporciona un placer sensitivo muy semejante al que obtengo cuando voy por un bosque mojado por la lluvia, y puedo pasearme durante un tiempo indefinido a través de tu piel por el puro gozo de sentirla.

Otro el de la caricias que inicio porque sé que te agradan: es el deseo de proporcionarte un goce, y tiene algo en común con el prurito de la buena cocinera, que obtiene su recompensa observando el rostro del comensal y escuchando sus murmullos de aprobación.

Uno más (importantísimo) el que me inoculas cuando me abordas con la seguridad de quien sabe el terreno que pisa: en esos momentos encuentro un oscuro gozo en la pasividad, en el olvido de todo lo que no sea sentir cómo te adueñas de mí.

Puedo añadir el furor sexual que me acomete cuando has estado calentándome la oreja por teléfono, y lo único que pido es un orgasmo en cuanto apareces, un aquí te pillo/aquí te mato, que por rápido y tenue que sea no está nada mal: viene a ser como una trufa de chocolate a media tarde.

Y la apetencia por lo diferente, que surge cuando estamos desnudos y nos aferramos buscando en el otro aquello que no es (un anhelo por demás primitivo, ciego y transgresor que culmina con los orgasmos más salvajes, aunque no necesariamente los mejores).

Y el goce estético, el único goce que viene antes que el deseo: cuánto me gusta verte, seguir tus movimientos con la mirada, admirar tu culo, escuchar tu voz, oírte reír, espiar tus manos, contemplar tu rostro o tu pene o tus muslos...

Y...

viernes, 26 de octubre de 2007

ATRAPADO

Espío por la ventana tu llegada - llevo todo el día fantaseando - pero cuando entras al jardín ya percibo que vienes absorto en algún asunto ajeno a nosotros.

Me besas distraído. Te persigo hasta el dormitorio y, cuando te sientas en la cama para descalzarte, me subo detrás de ti y abrazo tu espalda, con el pubis pegado a tu culo y las piernas abiertas para abarcarte los muslos. Hueles a jornada completa, algo entre cansado e inapetente. Comienzo a acariciarte siguiendo tus brazos mientras te desnudas. Sé que conoces mis intenciones y estás a mitad del puente: puedes volver atrás contándome lo que te preocupa, continuar hacia adelante o tirarte al agua tal cual, pero estas manos pertinaces encuentran por dónde entrar hasta tu polla, atenta ya a estas alturas a los manejos que me traigo: voy sembrando tus hombros de chupetones pedigüeños, aprieto las tetas contra tu espalda y emito gemiditos lastimeros mientras te quitas los pantalones de manera tan hábil que en ningún momento se rompe el contacto entre mis dedos y tu pene.

Permaneces sentado y pasivo, dejándote calentar por mi calentura. Me excita que no me veas la cara, haberte asaltado por detrás con alevosía y percibir cómo vas entrando al trapo sin prisa, sin decir palabra, sin otras señales que un leve movimiento hacia atrás de tu cabeza, unos latidos en eso que palpo codiciosa y empieza a endurecerse, una respiración sólo un poco agitada. Mientras se te despereza el sexo tu cuerpo comienza a acariciarme y me estrecho más contra ti, balanceándome de deseo.

...Suspirando, terminas por volverte para abrazarme y formar conmigo un ovillo lascivo que rodará y rodará cuesta abajo hasta donde yo esperaba.

Luego habrá tiempo de hablar.

lunes, 22 de octubre de 2007

VÍNCULOS

¿Te acuerdas? Hace ahora - ¡Ya! -cinco años.

Nos trajeron el desayuno a la habitación. Busqué escondite en el baño cuando entró el camarero, porque ni yo debía estar ahí, ni tenía ganas de vestirme, ni una maldita bata que ponerme.

Me senté en aquel sofá modernista, de espaldas al enorme ventanal y abarcando de una ojeada la habitación llena de nosotros. Comencé a dar cuenta de fruta, bollos, tostadas, zumos y café con la misma fruición con que te había disfrutado toda la noche, primero follando y luego contemplando, por primera vez, cómo dormías.

Te sentaste en el suelo, frente a mí; no sé cómo, tu boca se abrió paso entre mis muslos y sin previo aviso fluyó hasta mi centro un orgasmo que se fue aleteando antes de darme cuenta.

Volví en mí preguntándome qué hacía yo - mujer de vida tranquila y sin importancia - en un momento histórico para Venezuela, amaneciendo en la planta décima del Caracas Hilton, la ciudad y tú a mis pies, y con unas sandalias negras de tacón alto por toda indumentaria.

La respuesta era obvia: permitiendo que me sedujeras para seducirte.

jueves, 18 de octubre de 2007

PRÓLOGO

No creas que no conozco algunas de tus estrategias; por ejemplo, cuando estamos tumbados en la cama y yo estoy habladora y tú callas o contestas con monosílabos, comienzas a acariciarme la espalda, la cintura, los muslos - nunca las tetas, en principio - como quien no quiere la cosa, con tanta más suavidad cuanto más charlatana me percibes. Me gusta muchísimo ese modo que tienes de recorrer mi piel, intentando amansar a una fiera imaginaria, aquietando a una gata inexistente, tranquilizando a una inventada yegua nerviosa, sin besarme, a medias escuchando y a medias esperando.

Hago como si tus zalemas no me hicieran efecto, y continúo parloteando aunque yo también inicio alguna caricia por tus rincones calentitos: el cuello, el pecho, quizá el culo suavemente, hasta que comienzo a perder el hilo, aunque no quiero, porque en esta ocasión me apetece excitarme lentamente: el estómago suele dar el primer aviso, y los pechos piden también algo de tu calor, así que me pego un poco más a ti, quizás enrosco mis piernas en las tuyas, o te doy un pico de pasada, entre frase y frase, pero no me callo, no me quiero callar.

A estas alturas puede que ya estés enredando en mis nalgas, y en lugar de asentir o negar respondas con besos: si suspiro, o interrumpo una frase para lamerte el hombro, o me estrecho más aún contra tu cuerpo, y bajo el tono de voz hasta casi susurrar, sabes que has obtenido permiso para avanzar hasta mi coño, que acariciarás casi con pereza, como si no quisieras lo que sé que quieres, bandido, y lo haces de manera que cierro la boca y te abro el resto de mi cuerpo, aunque tú continúes con la misma cadencia hasta que digo una última palabra: más.

lunes, 15 de octubre de 2007

INTERIOR NOCHE

Me abandono sobre el sofá nuevo, con la intención inocente de probar si es tan cómodo como me pareció en la tienda. Tú deambulas por la casa; quizá es ya la hora de la cena. Espío tus movimientos de felino satisfecho, las miradas que me diriges cuando notas que cambio de postura. Ven, te insto, y ahora no estoy siendo nada inocente.

Te arrodillas en el suelo, para besarme cómodamente mientras tu mano repta por mis muslos, bajo la falda. Me invade una indolencia de hembra consentidora que percibes en el mismo instante, y tus ademanes se vuelven más firmes: subes hasta donde la humedad de las bragas te confirma lo que ya sabías y allí comienzas a trazar dibujos circulares sin traspasar la tela.

Cierro los ojos para tratar de adivinar con qué movimiento tuyo se corresponde el placer que va acudiendo: una mano oprime la seda contra los labios de mi vulva, mientras que la otra mantiene una lentísima caricia digital, de cine de barrio. El difuso deseo del comienzo se convierte en una turbulenta corriente que tus dedos atraen y encauzan hacia un clítoris apresado sin piedad, y le alcanza una torrentera de placer que arrasa con cualquier otra percepción, cualquier idea, cualquier movimiento que no sea el de mi pelvis llamando y recibiendo, llamando y recibiendo hasta que me quedo inmóvil, ahogada en un orgasmo que termina amansándose como aguas enloquecidas que encuentran su salida al mar.

miércoles, 10 de octubre de 2007

RESPUESTA

Me has preguntado cómo ha sido "ese" orgasmo, y entonces sólo he podido hacer el gesto complacido de quien aún está volviendo del otro nivel y balbucear un par de frases deslavazadas.

Ahora te cuento:

Has asaltado mi vulva como si fuera el último coño de la Tierra el día del fin del mundo: ciego de excitación, hundiendo nariz y boca, recorriéndolo con los dedos como si tu memoria táctil y olfativa se hubiera empeñado en aprenderlo de una vez para siempre; ensalivando, succionando, lamiendo con desesperación, frotando con lascivia, manejándolo con astucia, buscando mi respuesta pero recreándote en el camino.

Mi coño iba tomando la forma de un calidoscopio de placeres: la presión en las ingles; la humedad en las proximidades del clítoris, distinta a la que iba sintiendo en la entrada de la vagina; el delicioso hormigueo del pubis bajo tu mano; tu lengua hasta el perineo recorriendo el camino de principio a fin y vuelta al principio durante un tiempo que hubiera querido eterno y...

...Sí: en el centro del dibujo iba tomando entidad aquello que ahora ya buscábamos ambos; me he sumergido a muerte en el juego para alcanzar ese punto brillante que recoge, intensifica y concentra todo goce y en él me he instalado, a él me he abandonado, en él he desaparecido, y he resucitado convertida en un cuerpo colmado y radiante de esplendor vital, ese que tanto te gusta recorrer con la mirada.

lunes, 8 de octubre de 2007

CRESCENDO

Sé cómo te deshaces cuando me dedico a morderte blandamente la espalda, y a mí me enloquece. Puedo demorarme minutos y minutos por tu gusto y por el mío, desviándome hacia las axilas o hacia el cuello, guiada por los jadeos que se te escapan, apenas audibles, como si no quisieras que yo alcanzara a percibir cuánto placer te estoy proporcionando.

Tu piel huele a sexo toda ella, y te muerdo con la nariz y con los dedos, te acaricio los muslos con mis pies, recorro tu columna vertebral con la barbilla. Nado por tu cuerpo hacia ese culo anhelante, pero me entretengo saboreando rincones que siempre me parecen nuevos: los omóplatos, o quizá el envés de un codo, o ese delicioso triángulo que marca el final de la espalda y el comienzo de las nalgas; lamo, beso, chupo, mordisqueo: sólo soy ésta que juega con el juguete único y definitivo.

Retraso cuanto me es posible el momento de llegar hasta ese tímido orificio que me muestras alzando la grupa: lo besaré, lo humedeceré con mi saliva, lo acariciaré con dedos ávidos hasta que uno de ellos se introduzca en él como por casualidad, y entonces tú me mostrarás la polla, y el deseo me empujará a cambiar de postura para que puedas introducirla en mi boca.

Ahora tus jadeos son más elocuentes, más desinhibidos, y busco en tu interior esa pequeña glándula que prolongará tu placer hasta que digas basta.

jueves, 4 de octubre de 2007

UN INSTANTE

Tenía sed: traigo dos tazas de té frío. Estás desnudo, recostado contra la almohada doblada; tu polla parece algo mohina, presumo que por mi ausencia.

Me siento entre tus piernas, discurriendo el modo de despertar a esa mimada. Sabes que algo maquino cuando, en lugar de dejar la ramita de hierbabuena que estoy chupeteando, abandono la taza en la mesilla de noche y abro tus muslos para instalarme arrodillada entre ellos.

Como si mi mano actuara por su cuenta, comienza a dar pequeñas pasadas vegetales por la indolente, humedeciéndola con la mezcla de té y saliva. Hay un rastro de liturgia en el mutismo que se hace con nosotros cuando el glande comienza a asomar, pidiendo que la caricia llegue hasta él, y en esa punta rosada me entretengo dibujando espirales, festoneando el contorno, coronando la hendidura: toda mi sexualidad bailando en la punta de tu pene.

Tu rostro se transforma por el placer: eres tú, pero con la mirada vuelta hacia dentro, y sólo una débil sonrisa entregada me demuestra cuánto te gusta el juego que me traigo. Parece como si el tiempo no transcurriera porque el silencio atrapa cualquier movimiento de tu cabeza, el juego de mi muñeca, la luz escurridiza del atardecer y nuestra propia respiración en este momento único. No hay nada antes ni después.

Vuelvo a meter la menta en mi boca: la mezcla de perfumes me produce una flojera dulce, picante, ácida y un poquito acre, y me arrastro por tu pecho para besarte en los labios.

sábado, 29 de septiembre de 2007

CELEBRACIÓN

Hasta llegar a ti, no sabía que existieran esos orgasmos veraniegos, tranquilos y ceremoniosos como una procesión del Corpus que recorriera solemnemente mi cuerpo en dirección a esa plaza mayor que es mi coño. Suceden en cualquier época del año, cuando me tomas en tus brazos, sentado en la cama, y acaricias mi pubis con una dedicación minuciosa, besándome tal vez en la boca, pero siempre espiando mi respuesta para acompañarla, dirigirla, provocar que la inminencia del placer me obligue a gemir y a retorcer las caderas, a levantar mi cuerpo hasta esos dedos que juegan ahora a pasear y dar vueltas por los repliegues de mi vulva, sin prisa alguna. Abro los ojos tal vez y me entrego a tu mirada. Siento cómo el clítoris aflora y se agranda buscando un contacto más intenso. Tu piel, tu respiración, la cadencia de tus movimientos, me trasmiten esa oscura sexualidad tuya, terreno fértil en el que florece la mía. Estás ahí, así, conmigo, para mí.

Lentamente, recibo un goce irrespirable, denso como una multitud que desembocara en un cálido recinto giratorio de carne y humedad, absoluto, eterno, una vibración de campanas insonoras que aturde mi conciencia, pero tú estás ahí e inicio un movimiento hacia tus testículos, hacia tu pene, aunque quizá me quede a mitad de camino y simplemente abandone mi mano allí donde me sorprenda el estruendo. Dejo de respirar durante unos instantes porque mi cuerpo no puede atender otra cosa que no sea esa inmensidad carnal que encuentro en mí misma a través de ti, y se consuma un éxtasis vital devenido en una danza interior que se demora, se desvanece a cámara lenta.

Disfruto aún durante un tiempo indefinido, sintiendo cómo la multitud se va dispersando sin prisas en una mañana festiva con olor a flores un poco fermentadas.

martes, 25 de septiembre de 2007

VOYEUREUSE

Abro tus muslos y me acurruco entre ellos, el rostro aplastado contra esos genitales y esa polla húmeda que me provocan: ahora la imagen de mi deseo eres tú masturbándote. Levanto la mirada mientras atrapo tus manos enredadas entre mis axilas y mis pezones para guiarlas hasta ti. Tiemblo.

Inicio un tímido compás: arriba, abajo, no sé cómo lo haces cuando estás solo. Olvida que estoy, acaríciate y deja que contemple. Comienzas a mimarte con la misma morosidad con que viajas por mi geografía, una mano jugueteando con los testículos y la otra amasando suave y firme el miembro terso, tenso, tieso. Mi coño late y pide participar: noto la sangre afluir hacia él. Me hormiguean las ingles, los riñones, los pechos. Calmo mi clítoris con un dedo sabio y juego a seguir tu ritmo, un baile que nadie más conoce.

Percibes mi gesto y aceleras, me avisas, jadeas, respondo, me aprieto contra tu muslo, y antes de que te corras he alcanzado un orgasmo feroz que reverbera en una sensación indecible de intimidad amorosa.

Dentro de unos minutos querrás cava y chocolate, ya lo sé.

sábado, 22 de septiembre de 2007

MIENTRAS FUMO

Si: alguna de esas largas tardes nuestras, cuando deseo tomarme un descanso, enciendo un cigarrillo, alcanzo la taza de té y te observo mirarme a la vez que me acaricias los muslos. Sé lo que piensas, sé qué estás deseando tú.

Entonces me siento perversa y dejo asomar un poco la lengua para que la beses, pero cuando te inclinas hacia mí vuelvo el rostro para exhalar una bocanada de humo hacia la ventana. Aceptas el reto: sabes que me rendiré, aunque, quién sabe.

Aprietas, tocas, mordisqueas, arañas, besas, lames, recorres mi piel de todas las maneras posibles mientras fumando mantengo mi determinación de no dejarme ir. Te hablo (hablar ralentiza la excitación que me produce sentir hacia dónde te diriges). Tú callas, ocupado como estás en servirte de esa boca y esas manos tuyas para deshacerme.

...A veces no me da tiempo a alcanzar el cenicero: cuando llegas a mi coño dejo caer el cigarrillo al suelo, y esa misma mano busca tu polla para acariciarla con la misma suavidad, la misma cadencia, el mismo ritmo con el que tu lengua me proporciona un largo orgasmo explosivo que es a la vez claudicación y victoria.

domingo, 16 de septiembre de 2007

RITMOS

Has entrado en mí mientras estábamos abrazados, tumbados el uno junto al otro, besándonos en la boca, lamiéndonos los labios o las lenguas o sorbiéndonos la saliva, y una de mis piernas se enrosca en tu cuerpo. A veces los espasmos son inmediatos, y alcanzo un orgasmo rápido, duro, tradicional, alegre, brillante, nítido en la subida y en la bajada, con un clímax puntual perfectamente definido que me corta la respiración, me vacía los nervios y en su caída me abandona a ese estado delicuescente en el que todo importa poco salvo la conciencia de estar en tus brazos.

… Pero en ocasiones me urge la necesidad de montarte, y acariciarte los pezones, mirarte, ver tu boca entreabierta en una sonrisa de lúbrica atención. Abro y cierro los ojos, oscilando entre la entrega a mis propias sensaciones o el disfrute que supone verte rendido al placer o mirándome a tu vez. Te doy besos de coño contrayendo los músculos vaginales alrededor de esa polla que hurga en mi interior, de fuera hacia dentro y hacia fuera, o trazando un movimiento envolvente con la pelvis, algo como un merengue que tu cuerpo sólo insinúa, pero que yo te insto a mantener y ampliar.

Y cuando veo tu vientre moverse y siento la punta de tu pene insistir en mi interior, aprieto las rodillas contra tus flancos e inicio una cabalgada gloriosa por un paisaje corporal híbrido de tus caderas y tu mirada y mis muslos y mis brazos, mi columna vertebral, mis hombros, mi cintura, mi mente toda orientada en un solo sentido: justo hacia ese punto interior que crece y se acerca y cuando llego estalla, estallo, se me estalla el alma en unos segundos y me venzo sobre ti, satisfecha y agotada.

domingo, 9 de septiembre de 2007

CONTEMPLACIÓN

Jugueteas con mis pies, tomándolos con tanto cuidado como si acariciaras una porcelana. Comienzas a besuquearlos y lamerlos con una lentitud que casi me exaspera. Muevo los dedos para llamar tu atención sobre ellos, pero pareces ajeno a lo que yo pueda desear: tienes los ojos semicerrados y recorres con morosidad un tobillo, un empeine, un talón, chupeteando o mordisqueando o esas cosas que puedes llegar a hacer con tu boca, tus dientes, tus labios y tu lengua dirigidos a mi placer.

Me gusta verte así, como un adorador que toma entre sus manos el objeto de su culto, y disfruto de la belleza que me presta tu deseo. Pueden pasar minutos en silencio, gozándonos el uno al otro de tan diferente manera. Vuelvo a mover los dedos, y esta vez me respondes: vas tomándolos con tu boca uno por uno, como si no tuvieras prisa por volverme loca, pero esta vez soportaré la demora que me impones, casi no me agitaré, me incorporaré sólo un poco, no te buscaré, no cerraré los ojos: no pienso dejarme ir.

Quiero resistir, engolfada como estoy en ese momento preciso.

domingo, 2 de septiembre de 2007

ALGUNOS DÍAS

Por la tarde, cuando ya se ha puesto el sol pero todavía no ha comenzado el anochecer. La luz se va opacando. En mi dormitorio, en mi cama. Sentados en la posición del escriba, frente a frente durante unos segundos, saboreando de antemano lo que va a suceder, husmeando el uno en el deseo del otro, hasta que me abrazas y me sientas a horcajadas sobre ti. Hay un silencio espeso y húmedo como nuestros besos, lleno de miradas y sonrisas, de roces, de respiraciones lentas y profundas, de los distintos movimientos de una danza en la que jugamos a entrar y salir el uno en el otro con nuestras lenguas, las manos, tu pene: ahora estamos dentro de mí, ahora estamos dentro de ti, ven conmigo, siénteme.

Comienzo a caer por una fina cascada de sensaciones premonitorias: mi estómago, los pezones, el pubis, los muslos, tu espalda, tu cuello liso y caliente, tus labios, tus ojos, mi vulva; encuentro tus nalgas, y me entretengo en ellas saboreando con los dedos su dureza, su densidad, su temperatura. Mientras, has estado llamando la atención de todo mi cuerpo hacia el juego que tu pene se trae con mi vulva, buscando y provocando, arriba, abajo y alrededor, para finalmente deslizarse por mi vagina. Cuando ya estás dentro, me ha excitado tanto el camino que ibas dibujando en el exterior de mi coño que me deshago en un orgasmo dulce y corto, una ráfaga de placer intensísimo que intento atrapar para siempre entre tu cuerpo y el mío, a la altura de las ingles, con un abrazo en el que me dejo el alma.

Se desvanece, inexorablemente, y me deja abierta y feliz entre tus brazos.

viernes, 31 de agosto de 2007

FRAGMENTOS DE UNA CARTA

Cuando vuelvas, quizá te siente en el sofá, o te lleve a la cama y, antes de que puedas descalzarte, me habré arrodillado ante ti, y te pediré que te quites ese cinturón difícil, desabrocharé tu bragueta y buscaré esa amada polla mía para saludarla. Quizá.

Acaso ella esté aún medio dormida, lo cual me excitará más todavía. Entonces tiraré de tu ropa con mi torpeza acostumbrada, pero tú me ayudarás. Querrás acariciarme y no te lo permitiré: habrás de concentrarte en ese único territorio que marcaré con mi boca.

Querré primero lamer los aledaños, o juguetear con tus testículos probando primero uno, luego el otro, luego ese camino intermedio que conduce hacia tu miembro alerta.

Luego te regalaré con una sucesión de caricias bucales creadas por mi apetencia de llenarme de ti. Te chuparé, desde luego, te chuparé hasta que no puedas más; antes, sin embargo, te la habré recorrido con los labios únicamente, con la lengua nada más, con la lengua y los dedos bailoteando, o la pasearé por mis ojos, mis mejillas, mi rostro entero, y tú cerrarás los ojos pero acabarás por levantarme hacia tu boca.

Tendremos muchas horas por delante.

lunes, 27 de agosto de 2007

SENDEROS

Cuando me acaricias los pezones en un momento en el que estoy satisfecha y tiendo a distraerme, tus dedos me transmiten la urgencia sexual con que buscas que me rinda; entonces juego a perseguir el camino que tu deseo traza en mi cuerpo; un camino difuso al principio, apenas hecho de un cosquilleo en el vientre, que poco a poco se encauza desde las axilas, atraviesa mis pechos, el estómago, el ombligo, y se bifurca para entrar en mi coño por las dos vías de las ingles, un goce suave y prometedor al principio, manejable, compatible con miradas y sonrisas y caricias en tu cuello o en tus brazos. Tus manos insisten adecuadamente, hasta que se abre una rampa vertiginosa por la que me deslizo al ritmo que me marcas y ya no busco otra cosa que continuar bajando y bajando hasta quedar sumergida en el centro de un orgasmo profundo y amplio, sin aristas. Dirijo tus manos lejos de mis pechos, hacia mis nalgas, para concentrar ahora todo el placer en el fondo, y un cuerpo agradecido se pega al tuyo mientras reverberan en él ondas gozosas cada vez más lejanas.

El camino se borra suavemente mientras voy tomando conciencia de tu cuello pegado a mi cara, tus besos, tus brazos apretándome, la habitación, mi sed, nuestro olor.

sábado, 25 de agosto de 2007

AHORA ERES MÍO

Hay un momento específico en el cual mi deseo exige montarte a horcajadas, tomar tu polla entre mis manos y juguetear con ella. Me divierte tomar la iniciativa, me hormiguea el sexo por todo el cuerpo cuando te muestras abandonado a mis caricias. Siento que se me achinan los ojos de puro gusto. Sonreímos.

Con meditada lentitud lleno de saliva mi dedo índice espiando tu gesto de ansiedad mientras lo dirijo hacia la punta del glande y lo acaricio formando círculos, como una mariposa alrededor de la luz; es entonces cuando rindes la cabeza hacia un lado y cierras los ojos para saborear mejor el momento. Segundos después, sin embargo, vuelves de nuevo tu mirada a mi rostro, pero entonces me demoro con blandura en ese pequeño cordón lívido y resbaladizo que te deshace de placer, y tus párpados caen sin remedio.

Invento nuevas modalidades para el juego: ahora hago una pausa y te acaricio los testículos, o me inclino a besarte, o meto mi dedo en tu boca para llenarlo de tu saliva y volver a girarlo ahí abajo, o tomo tu miembro entero para guiarlo hasta mi coño, donde entrará, o no entrará, dependiendo de mi voluntad y de mi urgencia.

jueves, 23 de agosto de 2007

TANGO

Me vuelves de espaldas en un arrebato, y te dedicas a comerme concienzudamente el culo. Protesto a veces, porque siento que es una parte fea de mi cuerpo, con señales y cicatrices de la niña pobre que fui, y al cual la edad no ha favorecido. Con una naturalidad que me subyuga (¿Cómo lo dices tú, susurrando?, ¿qué palabras exactas utilizas?) me haces ver que es bello porque está vivo, y porque a ti te gusta, y me humedeces por dentro con tu lujuria y por fuera con tu saliva, lamiéndome y mordiendo y apretando mi carne de una manera desconocida hasta ti, una caricia libérrima y transgresora, inequívocamente dirigida a los más oscuros rincones de mi sexualidad. Me quema el coño y elevo las nalgas para que puedas abarcar como sabes todo ese terreno ardiente que ya no es otra cosa que urgencia de alcanzar lo que buscas: un orgasmo salvaje y pendejo, desgarrado, barriobajero, con un sabor más picante y quizá menos exquisito que otros que me procuras, pero más íntimo que ninguno.

Tienes que saber que una parte del sabor de ese orgasmo radica en que nunca, nadie, y que mientras me devoras imagino cómo te comeré yo a ti ese bello culo masculino, cómo te provocaré la misma locura carnal, cómo haré que tu cuerpo a veces demasiado contenido busque mi lengua y mis manos y mi cara lamiendo y frotando esos lugares en los que nos reconocemos como iguales.

lunes, 20 de agosto de 2007

TODO ESTÁ DICHO, PROBABLEMENTE.

La duda que me queda es si marcarse un blog es un ejercicio pelín narcisista o el sucedáneo gratuito del psiquiatra. O las dos cosas.

Tengo muchíiiiiiiiiiisimas cosas que escribir, ninguna de ellas trascendental, novedosa o divertida (ya me gustaría). Todas prescindibles. Bueno, y ¿qué?, llevo años leyendo páginas personales y algunas son horrendas, las más inocuas y unas pocas estupendas. Aspiro a que esta sea divina de la muerte, no sé para qué ni para quién.

Mi madre cotilleaba en el portal con las vecinas, a la ida o a la vuelta de la compra. Sustituyo la compra por la oficina y el portal por la red: más interlocutores/as. Opinar es una actividad exclusivamente humana y gratuita. Me apasiona que me lleven la contraria casi tanto como que me den la razón. Mis amigos ya me conocen y no me hacen ni caso cuando me pongo guerrera. Pues, eso.

No escribo poemas, no soy profesora de universidad, tengo una vida sexual bastante sana (estable, intensa, variada), mis traumas pertenecen en su mayor parte a la categoría de lo colectivo y carezco de cualquier don que merezca la pena reseñar.

¿QUÉ ESTÁS HACIENDO AQUÍ TODAVÍA?