viernes, 30 de mayo de 2008
ÉRASE UNA VEZ
Pasaron cinco décadas.
Llegó el dichoso príncipe, la tomó entre sus brazos y la besó.
La princesa abrió los ojos y soltó un alarido, horrorizada: un anciano de setenta años (calculó) la estaba estrujando apasionadamente.
-¿Cómo os atrevéis, pederasta de mierda?
El anciano, sorprendido y despechado, murmuró mientras se alejaba:
-Pero, ¿que querrá ésta, a sus sesenta y cinco?
sábado, 24 de mayo de 2008
MÁS SOBRE EL AMOR
Las promesas que se hacen, y las que se piden. Incluso las que se piensan.
(El amor es presente, y toda fórmula de futuro lo debilita).
lunes, 19 de mayo de 2008
TRAICIÓN
Un verano sin ir a la aldea, y entonces volví con diecisiete años para darme cuenta de que ni la siembra, ni la siega, ni la majada. Ni el río. Ni él. Adiós a la inocencia, la libertad absoluta, comer sin hora, ver cómo bajaba el atardecer por el monte y salía la luna por detrás de la tapia del cementerio. Nunca más el picor de las ortigas, ni buscar fresas salvajes en el prado y caracoles entre las piedras de las lindes, y el pescar truchas a mano, subir a lo más alto del cerezo o esconderme a leer en el cuarto de la ropa limpia.
Nunca más se abriría una genciana ante mis ojos ni escucharía cantar a la curuja.
Estuve sólo dos semanas, mala señal: eran mis primeras vacaciones de asalariada. Aún no había agua corriente, y las campanas de la iglesia llamaban a misa como siempre: primera, segunda, tercera. Alcancé a ir a la romería del Carmen.
Él también fue.
Todos sabían, desde el verano de mis trece, con quién bailaba yo. Mi primo decía que ese moreno era gitano, pero creo que se burlaba de mí, aunque tanto hubiera dado. Vivía en la Villa, y su padre iba a la mina. Tenía los ojos más acuosos y más envolventes que he visto en mi vida; a veces hablaba, pero sobre todo me miraba. Y sonreía. Bailábamos sin decir palabra: todavía puedo sentir en mi espalda su mano mandona y oigo a la Orquesta Nopal. Luego, nos sentábamos y mirábamos al frente: sin la música no había excusa para tocarnos. Callábamos.
Ahora era un picador más en la mina. La boca se le había vuelto desdeñosa; el gesto, cansino; la mirada, impenetrable. Me enlazó después de un titubeo. Mi sonrisa, supongo, tenía más de pregunta que de saludo. Estuvimos bailando toda la noche.
A la vuelta se unió al grupo de nuestra aldea sólo por acompañarme. Cerca ya del puente, se paró junto a un castaño para pedirme un beso. El primero y el último. Fue un beso envolvente y acuoso como su antigua mirada. Me supo a sidra, a aliento de potro, a pena de puta vida.
Lo dejé allí donde mi perdida infancia.
martes, 13 de mayo de 2008
ARREBATO
Perdón a los lectores antiguos por la reedición, pero lo volví a leer, después de tanto tiempo, y...)
Tres de la mañana, sin sueño, fumando en el sofá junto al balcón abierto.
Pienso en ti.
Trabajas apasionadamente, aunque sin adicción, y eso me gusta más que tu inteligencia y más que tu culo. Estoy enamorada de la manera en que te entregas a tu trabajo. Morirías por él. Es la razón de tu vida, y todo lo demás – la música, el cine, los viajes de vacaciones, el reconocimiento público, yo misma – lo recibes como premios que la vida tiene a bien concederte. Tus hijos ostentan un estatuto diferente, ya que también darías tu vida por ellos, como yo por el mío.
No te da dinero, no te da poder... ¿O sí? ¿No es poder la seguridad de que aquello que estás haciendo modificará en algún sentido y para mejor, siquiera en una parte infinitesimal, el mundo en que te ha tocado vivir? Esa al menos es tu fe, y por ello te aplicas a hacerlo lo mejor que sabes, que es mucho.
Si, quizá sea por eso.
Te amé porque estás metido hasta el cuello en un territorio en estos tiempos devaluado, maldito, vilipendiado, ridiculizado, denostado, corrupto... Y ahí sigues: honesto, orgulloso de lo que haces, discreto en un mundo de figurones, de vuelta de muchas cosas y aún convencido.
Te amo porque sólo me pides amor, y aceptas como amor lo que te doy.
Te amaré si no abandonas – y a estas alturas es difícil el cambio –, si no te dejas dominar por el escepticismo y si no me pides más de lo que pueda darte libremente.
lunes, 5 de mayo de 2008
EL SÍNDROME DE STENDHAL
El síndrome de Stendhal es una enfermedad psicosomática que causa un elevado ritmo cardíaco, vértigo, confusión e incluso alucinaciones cuando el individuo es expuesto a una sobredosis de belleza artística, pinturas y obras maestras del arte.
Tiene esta denominación por el famoso autor francés del siglo XIX Stendhal (seudónimo de Henri-Marie Beyle), quien dio una primera descripción detallada del fenómeno que experimentó en su visita en 1817 a la Basílica de Santa Cruz en Florencia, Italia, y que publicó en su libro Nápoles y Florencia: Un viaje de Milán a Reggio.
Aunque ha habido muchos casos de gente que sufría vértigos y desvanecimientos mientras visitaba el arte en Florencia, especialmente en la Galleria degli Uffizi desde el principio del siglo XIX en adelante, no fue descrito como un síndrome hasta 1979, cuando la psiquiatra italiana Graziella Magherini observó y describió más de 100 casos similares entre turistas y visitantes en Florencia, la cuna del Renacimiento, y escribió acerca de él.
El síndrome de Stendhal, más allá de su incidencia clínica como enfermedad psicosomática, se ha convertido en un referente de la reacción romántica ante la acumulación de belleza y la exuberancia del goce artístico.