domingo, 21 de diciembre de 2008

AL FILO DE LOS CINCUENTA

Su marido la ha abandonado. De ayer para hoy, sin explicaciones. Ni siquiera puede llorar. No lo entiende, y por tanto no sabe si tiene que desesperarse o deprimirse o matar a la guarra que se lo ha arrebatado en caso de que exista una guarra que se lo haya arrebatado.

Le ha dejado una nota pegada en el espejo del cuarto de baño:

"Lo siento, pero no puedo más. Te tengo mucho cariño, y no me perdono el daño que te estoy haciendo. Me voy. No me busques, ya te llamaré cuando sea capaz. Enrique"

Veinte años de matrimonio.

Un hombre perfecto: detallista, trabajador, amable, poco exigente... Demasiado callado, tal vez, y poco imaginativo. Algo aburrido, cierto, pero cariñoso y tranquilo, y nada exigente en el sexo; de hecho, llevan cuatro o cinco años sin echar un polvo.

- Es que, con el tiempo -dice en voz baja y quizá convencida- la pasión desaparece y queda el amor.

Está segura de que volverá: es imposible que esto esté sucediendo, que le esté sucediendo a ella.

(Lo cierto es que Enrique se ha marchado a vivir con quien considera el amor de su vida: el Director Gerente de su empresa)


jueves, 4 de diciembre de 2008

ESTADÍSTICA DE ANDAR POR CASA

Tengo tres amigas que han dejado de fumar.

La primera tiene cuarenta y seis años y no fuma delante de sus padres.

La segunda tiene cincuenta y ocho y no fuma en el trabajo ni delante de su familia.

La tercera tiene sesenta y dos y no fuma en el trabajo, ni delante de sus hijas ni delante de la estanquera porque es su vecina y no compra allí.

He hecho un cálculo a ojo, y me salen más o menos veinte amigas tan próximas como para sincerarse conmigo; de ellas, cinco (es decir, el 25%) no han fumado nunca; cuatro (el 20%) es fehaciente que lo dejaron años ha y nunca más; nueve (un escandaloso 40%) continuamos fumando a unas edades en las que ya nos da miedo y, por último, están las que más arriba os he contado y que suman un inquietante 15%.

Si me pongo a extrapolar, que no debo con una muestra tan pequeña y tan poco aleatoria, voy a llamar al Ministerio de Sanidad a decirles que menos lobos.

Y tampoco voy a hacer moralina. Quien no haya mentido en su casa o en la oficina por motivos menos serios, que tire la primera piedra.

...En cuanto a la que, además, le miente a sus hijas y a la estanquera, es una historia aparte.