jueves, 27 de agosto de 2009

INSOMNIO

...Hay sonidos que sólo se escuchan en verano: voces apagadas, por ejemplo (las voces apagadas son incompatibles con el frío, las ventanas cerradas y el acostarse temprano). Los grillos. Niños jugando en el jardín. Niños con pataletas en mitad de la calle. Carcajadas nítidas de chicas a la una de la madrugada. Vuelo de mosquito.

¿Verdad?

(Estoy escribiendo con la ventana abierta a la plaza, claro: hace tanto calor que Madrid parece una peli de la América profunda, o una novela de Faulkner, o una obra de teatro de Tennessee Williams. Ahora tengo que intentar echar un sueñecito).

martes, 25 de agosto de 2009

WARSZAWA

)

Este es el Palacio de la Cultura y de las Artes visto desde la habitación del hotel en el que yo estaba.
A algunos les parece grandioso; a mí, simplemente grandísimo.


miércoles, 12 de agosto de 2009

Aterricé, me llevaron al hotel, salimos a cenar y desde entonces mi hijo no me ha soltado de la mano en cuanto salgo a la calle.
Acostumbrada a viajar por mi cuenta, sola o con otros, pero responsable de mí misma, resulta raro y divertido tener un tutor que me organiza la vida - siempre, eso sí, después de tomar cumplida nota de mis apetencias - y me evita todos los inconvenientes que conlleva visitar un país del que no conoces el idioma.
Cierto: también me veo privada del placer de los descubrimientos casuales, el hormigueo de afrontar lo desconocido sin estar segura de las consecuencias... ¡Si hasta me advierte del tiempo que hará al día siguiente!
Estoy en el vigésimo cuarto piso de un edificio frente al Palacio de la Cultura, una mole que levantaron los soviéticos a mayor gloria del ejercito rojo, rodeado de una explanada tremebunda que los peatones salvan gracias a unos subterráneos horribles, que huelen a comida basura y a plástico, como los de algunas estaciones del metro de Madrid. En la planta baja hay un enorme café con un encanto sobrio, estilo años cuarenta, terraza para los - escasos - días de buen tiempo y música moderna, quizá un poco alta para charlar; siempre esta lleno de un público entre bohemio, universitario y pijo/cool.
Hay tranvías.
La ciudad vieja esta totalmente reconstruida.
Varsovia fue arrasada entre unos y otros. Y los varsovianos no lo olvidan.
Los parques son deliciosos.
Se come bien y barato.

jueves, 6 de agosto de 2009

PRIMERA SORPRESA

Los Alpes desde un avion una tarde despejada: glaciares sacandole la lengua a los lagos desde las nieves perpetuas, y los lagos prolongandose en hilos de agua que pierden su virginidad en los valles: demasiado apetitosos, se les arriman voraces e inequivocamente humanos caminos, casas, puentes, carreteras, ferrocarriles... Que jovenes son, comparados con las moldeadas alturas de mi vieja Asturias. Me gustaria cruzarlos sin prisa; en globo, por ejemplo. Lo hice en coche hace milenios: nada que ver.
Recorde la llegada a Santiago de Chile, un paso entre los Andes que me erizo hasta los pelos de la nariz, o el cono perfecto del Chimborazo emergiendo como una isla en el mar de nubes de Quito a Guayaquil.
(Escribo sin acentos ni enyes a causa del teclado extranjero, excusen ustedes, y excusen tambien la cursileria del vuela pluma que no pienso corregir).

VARSOVIA

Me voy p'allá, a ver a mi hijo, a conocer a mi (oficiosa) consuegra, a hacer una excursión a Cracovia, a ver si veo levitando por sus calles a Woytila - o como se escriba el nombre del infausto - protegiendo a la catolicísima, capitalista, emprendedora y fría (en más de un sentido) Polonia.

Lleva mi chico dos años por allí y aún no me había decidido a visitarle: me apetece ir a Argentina y o a Egipto, pero ni es época ni él me lo perdonaría, así que hago de necesidad virtud y a las tres y veinte subo al avión. Sólo sé decir "si", "no" "gracias" y "puta" en polaco, y poco más en inglés, pero me han jurado que entre todos (Manuel, su chica, sus amigos) van a arroparme y hacer que mi visita sea un acontecimiento memorable.

Os contaré a la vuelta.