viernes, 14 de mayo de 2010
viernes, 7 de mayo de 2010
CÓMO SOMOS...
La historia es cierta, le ha ocurrido a un amigo de mi amigo:
Eran dos parejas íntimas. Salían juntos a todas partes y esas cosas. Veraneaban juntos. Cuando ya estaban en los cincuenta y tantos, Una le dijo al marido de la Otra:
- Que sepas que estoy enamorada de tu mujer y te la voy a quitar.
Él pensó que era una manera de decir que tenía una mujer estupenda.
Al año siguiente, cuando llegaron al apartamento de la playa, Una se encaró de nuevo con Él:
- No quiero que durmáis en la misma habitación: tu mujer tiene una semana para elegir entre tú y yo, pero mientras se decide no soporto que compartáis cama ante mis narices.
Esta vez se lo creyó, a su pesar, y fue a hablar con la que, por el momento, era su esposa; ella le confirmó que llevaba meses liada con su amiga.
-Y, ¿qué piensas hacer?
Acertó en su presentimiento:
- Me voy con ella en cuanto volvamos a Madrid.
El cuarto en discordia no sabía nada. Esa noche las dos (¿?) parejas tuvieron una conversación muy civilizada y acordaron quedarse en la playa para no estropear las vacaciones a los chicos.
Ahora, siete meses después, las cosas están como sigue:
la Una y la Otra se han ido a vivir juntas, con los seis (¡seis!) hijos comunes. Él ha alquilado un chalé junto al de la nueva pareja, para ver más a menudo a sus hijas adolescentes porque éstas, haciendo una gran concesión, dijeron que sólo accedían a comer con su padre uno de cada dos sábados. El otro padre y esposo se fue a vivir con su amante de toda la vida.
Lo único que le consuela al abandonado, según mi amigo, es que, al menos ¡ella no le ha dejado por otro!
Eran dos parejas íntimas. Salían juntos a todas partes y esas cosas. Veraneaban juntos. Cuando ya estaban en los cincuenta y tantos, Una le dijo al marido de la Otra:
- Que sepas que estoy enamorada de tu mujer y te la voy a quitar.
Él pensó que era una manera de decir que tenía una mujer estupenda.
Al año siguiente, cuando llegaron al apartamento de la playa, Una se encaró de nuevo con Él:
- No quiero que durmáis en la misma habitación: tu mujer tiene una semana para elegir entre tú y yo, pero mientras se decide no soporto que compartáis cama ante mis narices.
Esta vez se lo creyó, a su pesar, y fue a hablar con la que, por el momento, era su esposa; ella le confirmó que llevaba meses liada con su amiga.
-Y, ¿qué piensas hacer?
Acertó en su presentimiento:
- Me voy con ella en cuanto volvamos a Madrid.
El cuarto en discordia no sabía nada. Esa noche las dos (¿?) parejas tuvieron una conversación muy civilizada y acordaron quedarse en la playa para no estropear las vacaciones a los chicos.
Ahora, siete meses después, las cosas están como sigue:
la Una y la Otra se han ido a vivir juntas, con los seis (¡seis!) hijos comunes. Él ha alquilado un chalé junto al de la nueva pareja, para ver más a menudo a sus hijas adolescentes porque éstas, haciendo una gran concesión, dijeron que sólo accedían a comer con su padre uno de cada dos sábados. El otro padre y esposo se fue a vivir con su amante de toda la vida.
Lo único que le consuela al abandonado, según mi amigo, es que, al menos ¡ella no le ha dejado por otro!
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