jueves, 28 de julio de 2011

QUE ME LO EXPLIQUEN, POR FAVOR

Premiaré con un té con menta y canela (helado para los de este hemisferio, bien calentito para los del Sur) a quien me sepa resumir el contenido de la reunión de ayer del Consejo Interterritorial de Política Fiscal y financiera. Me tragué entera la rueda de prensa posterior, y no conseguí entender absolutamente nada.

Añadiré unas galletitas de sésamo si, además, me traducen los diversos artículos aparecidos en los periódicos nacionales, en los que cuentan, entre otras cosas, que el PP se abstuvo en la votación y eso quiere decir que estaba de acuerdo con la propuesta del Gobierno, pero que se sienten defraudados porque no hay moratoria - aunque en realidad las autonomías sí que pueden aplazar el pago de la deuda- con la fórmula que ellos querían.

(Ya puesta, me comprometo a invitar a una mariscada a quien me demuestre que el PSOE no sube los impuestos a los que más tienen porque eso no es de izquierdas).

Creo haber entendido, con todo y entre el fárrago de términos técnicos que no hay dios, que los gobiernos autonómicos gastan más de lo que ingresan y, sin embargo, bajan los impuestos sobre los que tienen competencias para a continuación pedir más dinero al Gobierno Central.

Igual es que el sentido común no tiene aplicación en las finanzas públicas.

Me siento incapaz.

domingo, 24 de julio de 2011

NO ES EL ESTADO DE BIENESTAR

Ahora resulta que la masacre de Noruega, al decir de algunos periodistas que bien podrían irse de vacaciones en lugar de escribir ciertas barbaridades, se debe a que el Estado de Bienestar oculta muchas frustraciones.

No te jode. Ya sabemos que el paraíso no existe.

Pero a ver quién es el guapo que no quisiera para España el nivel de protección pública que tienen los países escandinavos y que, sin minimizar en absoluto la tragedia del viernes, el terrorismo que sufrimos aquí se asemejara al de ellos.

Porque terrorismo son el paro, la reducción presupuestaria en sanidad y educación, los desahucios, la mala gestión de lo público en general, los sueldos de los presidentes de las iberdrolas de turno, la falta de atención a los viejos... Ese terrorismo también mata.

Lo que sí creo es que la violencia no es patrimonio de una religión ni de unas ideas, por lejanas que puedan parecernos: la violencia es tan humana como el amor, y culpar a un país de lo que haga un individuo es aberrante, da lo mismo si se trata de Noruega, China o los USA.

Es cierto que la ultraderecha está ganando posiciones en los Parlamentos europeos, y que los extremismos son terreno abonado para que los locos desarrollen sus paranoias, pero, ¿quién podría tirar la primera piedra? Ya veremos a dónde nos lleva aquí el discurso del PP.

No pienso caer en la tentación de considerar que los fantasmas nórdicos son más peligrosos que los nuestros, y mucho menos traer a colación el Estado de Bienestar y las libertades de los ciudadanos del norte de Europa para intentar explicar lo ocurrido en Oslo.

(Y no quiero que esta entrada se interprete como que me contradigo en relación a lo que escribí hace unos días: sigo prefiriendo ser arabigolatina, pero eso no me provoca ceguera).

lunes, 18 de julio de 2011

EN MADRID, YA,

Ahora que ya he llegado a casa, con la patita mucho mejor, os haré una confidencia:

Si me pierdo, no me busquéis en Suecia.

Reconozco que es muy bonito, pero no me ha llegado a emocionar como para perder el tiempo buscando adjetivos; si acaso, imponente.

Mi último viaje antes de este fue a Siria y Jordania.

Por eso.

Reconozco que tienen cosas buenas, e incluso muy buenas: van en bici, comen lo razonable (aunque también le dan al dulce y al café, menos mal), lo del Estado de Bienestar es cierto (aunque haya habido recortes) y se palpan los sueldos razonables...

Todo el mundo parece tan sano, tan delgado, tan independiente aunque tengan ochenta años, tan... Le pregunté a amiga de mi hijo de qué se morían los suecos, ya que tienen menos cáncer, menos alzheimer, menos enfermedades coronarias... Cito textualmente su respuesta:

- De pena. Se suicidan. Es el segundo país del mundo en porcentaje de suicidios, después de Finlandia.

Así que me quedo en arabigolatina, fumadora, bullanguera, reidora, mirona, besucona, sedentaria, amante de la tribu...

(¡Ah!, si vais a Estocolmo, no os perdáis un paseo en barco por los canales. Y el museo Vasa).

lunes, 11 de julio de 2011

DONDE MENOS SE PIENSA...

Hoy hemos tomado el tren a Ystad (mi rodilla no daba para Copenhague, como teníamos en agenda), el pueblo donde vive y trabaja mi héroe de ficción favorito en los últimos tiempos: Kurt Wallander, y perdonadme si me olvido de alguna diéresis o similar.

Es un apacibilísimo lugar de veraneo, con puerto deportivo, rincones encantadores, viejos deliciosos y niños bien educados.

Perros gruñones, se me olvidaba decir: lo único discordante en un paisaje sociológico deprimente para un temperamento latino. Recuerdo haber tenido esta misma sensación las dos veces que he estado en Suiza, como de una humanidad demasiado encarcelada en su perfección, o en su falsa perfección, debería decir, aún sin negar sus cualidades, que seguramente las tiene.

Pero, por Dios, si en una calle concurrida no oyes una voz más alta que otra, nadie mira a nadie, todo el mundo procura mantener una distancia de respeto con los demás, no hay ningún vecino asomado a la ventana un día de sol... No me extraña que Wallander se sienta solo tan a menudo y tan a menudo caiga en la cuenta de que no se relaciona más que con sus compañeros de trabajo. Pobrecillo.

Sin embargo...

Cuando mi hijo me pase las fotos (no se ha traído el cable y no puede trasladarlas al ordenador) os enseñaré una muestra de la exposición de Gerhard Nordströms en un monasterio franciscano reconvertido en espacio cultural: sólo por disfrutarla hubiera merecido la pena esta excursión.

domingo, 10 de julio de 2011

MALMÖ

En Malmö, esperando que los chicos (mi hijo, su amiga española y el novio sueco de su amiga española, que además es chef) acaben de desayunar -café, kefir suave o yogur con cereales, pan con caviar de bacalao, fruta, leche de avena, leche de vaca, mermelada de frutos rojos (fresa, frambuesa, grosella...), huevos duros... - y tal para irnos a la playa: ya ves tú, venir de España a Suecia para esto, pero hace un día de sol poco frecuente por aquí y de paso vemos una zona interesante.

Luego iremos a la huerta que tiene la pareja, a recoger habas, calabacines, judías, fresas... El terreno (150m2) lo alquila el ayuntamiento por unos cincuenta euros al año.

Es un turismo un poco raro, lo reconozco, aunque lo cierto es que suelo sacar más en limpio si tengo oportunidad de seguir el ritmo de vida de la gente de cada país que visitando todas las ruinas, monumentos y demás reclamos para viajeros apresurados... De todos modos, siempre te vas sin haber visto todo.

En Suecia uno se descalza cuando entra en casa.

viernes, 8 de julio de 2011

MALDITO AZAR

Un consejo para quienes vivís en la UE y pensáis desplazaros a otro país del espacio Schengen: llevaos el pasaporte, y no sólo la tarjeta de identidad, por si os encontráis con un burócrata inútil.

Os cuento:

Esta mañana íbamos tan tranquilos por la calle y una rejilla que sobresalía del pavimento se interpuso en mi camino. No fue una caída: fue un salto de longitud de dos metros con un mal aterrizaje. codo izquierdo, ay; hombro izquierdo, ay, ay; rodilla derecha, ayayayayay. Yo sentadita en la acera, mi hijo en cuclillas a mi lado con la misma cara que cuando hace casi veinte años me fracturé un tobillo bajando del coche.

- No, no me he roto nada. Creo.

En ese momento, se acerca un señor con cara de pakistaní, que nos pregunta si necesitamos ayuda, y que cuando respondemos amablemente que no, gracias, se presenta como médico. Eso es otra cosa.

Me palpa la rodilla, y muy circunspecto recomienda que vayamos a un hospital. Gracias una vez más, pero cuando se va le digo a mi hijo que no antes de comer (son las dos y media, y no creo que las urgencias polacas sean más eficientes que las españolas). Vamos, pues, hacia donde teníamos pensado, aprovechando que el golpe está aún caliente y no me duele demasiado al andar.

En el restaurante me da un fluss (lo reconozco, aunque no sé su nombre técnico: sudoración excesiva, sensación de mareo, ganas de vomitar), y pasamos de la terraza al interior para poderme tumbar en uno de los bancos corridos que había entrevisto al llegar. Nos pasan la comida al interior. Me pongo peor. Vomito - afortunadamente sólo el agua que había bebido dos minutos antes - y compruebo aliviada que en el saloncito no había más comensales. La maitre aconseja llamar a urgencias para que me vengan a recoger en una ambulancia. Mi hijo, al menos, ya ha comido.

Viene un SAMUR polaco con tres chavales deliciosos. Me toman la tensión, el pulso, me palpan la rodilla, me la vendan por encima del pantalón, y al hospital.

Alli presento la tarjeta sanitaria europea y el carnet de identidad. Miran el carnet, me lo devuelven y piden EL PASAPORTE con cara de circunstancias, porque, explican, de lo contrario tendré que pagar el servicio.

Mira por donde, también me lo había traído, a pesar de los pesares, aunque me lo había dejado en casa. Mi hijo sale disparado en mitad de una tormenta y con los servicios de radiotaxi bloqueados. Me quedo en un vestíbulo desierto sentada en una silla de ruedas y meditando sobre mi inmediato futuro.

No os canso: el pasaporte inició la mecánica típica de los hospitales.

Nada de fractura, nada de esguince: sólo el golpe, que me dolerá más o menos durante un mes; aconsejaban escayola pero les explicamos que mañana viajamos en avión y prescribieron una rodillera estabilizadora que hoy ya no podíamos agenciarnos (no tenían allí y la tienda de ortopedia ya había cerrado).

Duele, me cuesta andar... A Malmö vamos, no desde luego a Copenhague y Estocolmo queda en el aire, porque mi hijo tiene el carnet de conducir caducado en 2009 y la opción de pasear en coche no es factible.

En los USA me hubiera quedado al menos el consuelo de demandar al Ayuntamiento...

jueves, 7 de julio de 2011

Son las once de la noche; mi hijo está trabajando en un ordenador y yo trasteando en este otro, un portátil de nueve años de antigüedad.

Anoche nos acostamos a las tantas hablando, sobre todo, de política: me enternece que estemos de acuerdo en tantas cosas.

Hoy nos hemos levantado tarde, claro, y mientras él terminaba unos asuntos profesionales yo he fregado los cacharros, he leído un poco, he vagueado... Luego nos hemos ido a la parte vieja, que está de su casa como a una media hora andando, para comer unos pierogi al horno, una especie de empanadillas rellenas con toda suerte de verduritas y carne; él se ha pedido una cerveza, el muy canalla, pero me permitió robarle algún sorbito (no debo). Total: casi tres horas entre comida y café en una terraza ya que la tarde estaba templada.

Aquí los gorriones son descarados, incluidos los polluelos que apenas saben volar y tienen las plumas tiernas. Mucha gente va en bicicleta. Nadie grita. Hay músicos callejeros con toda clase de instrumentos: hasta un pianista - con su herramienta de trabajo, claro, ¿cómo si no iba a saber que se trataba de un pianista? - en mitad de la plaza del Castillo, a quien hemos pillado en un momento de descanso, desafortunadamente.

Los centros comerciales tampoco en Varsovia tienen alma.

Hay unos tranvías preciosos, pero no hemos subido a ninguno porque él tiene la sana costumbre de ir a pie o en bici a todas partes mientras el tiempo lo permita y su madre no ponga reparos. Su madre no pone reparos, encantada de seguirle la corriente, aunque ahora está desfondada y ruega a los dioses que este chico acabe pronto y nos podamos poner a cenar. Tengo más sueño que hambre, así que empiezo a impacientarme.

Le pregunto:

- ¿Cuánto te falta?

Contesta:

- Ya poco, ya poco

Ruego:

- Cuantifica...

Machaca:

- No

Insisto:

- ¿Una hora, dos, tres?

Ataja:

- Menos, menos

Tiro la toalla y sigo escribiendo.

(Está diseñando un logo).

martes, 5 de julio de 2011

MAÑANA ME VOY, QUERIDOS.

Madrid-Varsovia-Malmö-Copenhague-Estocolmo-Madrid.
Llevo todas las medicinas. Y la tarjeta sanitaria europea. Estaré con mi hijo. No me voy a morir de calor.
Llevo además aceite de oliva, jamón, café (el de allí creo que es muy malo), aceitunas y chocolate: tengo un hijo inmigrante, por si no os lo he dicho por lo menos un millón de veces.
También he echado al bolso la última novela de Donna Leon, y esto me recuerda que os debo una crítica sobre la novela de Fred Vargas: demasiado enrevesada, personajes surrealistas y estructura endeble.
En cuanto esté sentada en el avión se me pasarán los nervios.
Besos

domingo, 3 de julio de 2011

ASAMBLEA

Ayer estuve en la asamblea de mi barrio.
Sábado, siete de la tarde, un calor churretoso y ¡éramos algo más de ochenta!
Hubo quien se lamentó de la escasa afluencia de vecinos. A mí me pareció milagroso que fuéramos tantos los que nos animamos a ir.
La reunión fue más informativa que decisoria, pero comprobé que se va aprendiendo, que las intervenciones son más fluidas, y que la ingenuidad va dejando paso al conocimiento; por ejemplo, ahora las propuestas no se aprueban por unanimidad, sino que se considera que hay consenso cuando son aceptadas por las cuatro quintas partes de los presentes y no hay nadie radicalmente en contra (y, en ese caso, quien se oponga debe explicar sus razones, evitando de ese modo el boicoteo sistemático)
Lo único que me descolocó fue que se hablara de la convocatoria de una huelga general como de algo que bastaría con que un sindicato quisiera -se habló de los sindicatos minoritarios como posibles convocantes- para que todo el país se paralizara.
Ni siquiera saben lo que es una caja de resistencia.
Espero que el asunto se estudie en profundidad y se tome con calma: la gente que tiene trabajo no está en estos momentos para huelgas.
Antes habría que meditar sobre la manera de movilizar a todos los parados, que son las primeras víctimas de la crisis y de la gestión que se está haciendo de las "exigencias de los mercados"

viernes, 1 de julio de 2011

HAY QUE MOVERSE

Mañana se presenta en el Círculo de Bellas Artes el Manifiesto "Una ilusión compartida", que firman intelectuales y artistas. Lo podéis leer aquí:

www.unailusioncompartida.com

Aún estando de acuerdo con su contenido, en la lista de firmantes (que acompañan su profesión al nombre y apellidos), echo de menos pensionistas, amas de casa, barrenderos, albañiles, estudiantes, parados, porteros, taxistas, conductores de autobús y el largo etcétera que componemos la inmensa mayoría de esta sociedad harta de que se nos manipule.

Así lo he expresado en un comentario de apoyo (relativo) que no sé si publicarán.

Creo que intentan aglutinar un frente de izquierdas para las próximas elecciones. Supongo que EQUO se va a adherir, e Izquierda Abierta, aunque de momento son los "tapados" de esta iniciativa, por la información que me llega de aquí y allá...

Creo, también, que el 15M es un movimiento mucho más paciente, a quien no le da miedo que pasen las elecciones generales y gane la derecha, porque fundamentalmente quien tira del carro es gente joven, mientras que los firmantes de este manifiesto son personas que ya han entrado en una madurez para la que, como para mí misma, cada año que pasa es vital.

Estoy de acuerdo con ambas propuestas: es necesario parar a la derecha desde dentro y desde fuera de las instituciones; votar a una izquierda honesta y renovada, por una parte, y hacerse notar pacíficamente en la calle, por otra. Entrar en el Parlamento, donde se promulgan las leyes, y salir a las plazas, donde está la gente, para que cada persona entienda que sin su apoyo estamos perdidos todos.

No hay contradicción, y puede darse sinergia.