He terminado Dinero fácil, de Jens Lapidus, otro sueco. El más joven, me parece.
Pero es un sueco mucho más duro, con un estilo frío y terrible, que al principio te echa para atrás, preguntándote de qué va el tío, y continúas porque porque te lo sigues preguntando, y preguntando, hasta que te encuentras metida hasta el cuello en el torbellino de los bajos fondos de Estocolmo: asesinatos, drogas, puterío, blanqueo de dinero, coches robados, vikingos pijos y pateros ambiciosos, chulos y camellos, mafias... La policía se hace presente en informes impersonales diseminados a lo largo de la historia: nada de comisarios con vidas mediocres de funcionarios con olfato y sin amigos, sólo malos y más malos todavía.
Creo que hicieron una peli, pero no la he visto, aunque dudo que añada algo a la novela, porque Lapidus tiene una virtud fundamental: ves a los personajes.
(En cualquier caso, me repatea ese lugar común de que estos escritores ponen de manifiesto que el paraíso nórdico no es tal... Como si aquí no hubiera delincuencia organizada y además una mierda de sistema fiscal, una judicatura sometida a la política, una extrema derecha y una Iglesia Católica comiéndole el coco a la gente, una banca voraz, unos empresarios esclavistas, una casta política que arrincona o expulsa a los honestos, unos servicios sociales raquíticos...)
Conclusión: en Suecia hay racistas. Y canallas. Claro. Como en todo el mundo mundial, no te jode. Pero cifras cantan, y ahí están las estadísticas para quien quiera entender que ese país continúa siendo un modelo de Estado del Bienestar que, al paso que vamos, tardaremos décadas en alcanzar (y eso, si nos ponemos a ello, en lugar de quejarnos constantemente para luego votar a la derecha)
lunes, 26 de septiembre de 2011
sábado, 17 de septiembre de 2011
APROVECHANDO LA CRISIS...
La plaza de Prosperidad es un referente de mi barrio: está el mercado, un parque infantil, la boca del metro, bancos para sentarse... Allí se están celebrando hasta ahora -veremos qué sucede cuando venga el mal tiempo- las asambleas que convoca el 15M, y de vez en cuando se montan mercadillos artesanos, verbenas más o menos cutres y, como hoy, una mezcla de feria de pueblo y plataforma de promoción de algunos comercios de la zona.
Esta mañana había, además, un tenderete de la asociación de vecinos "Valle Inclán", que lleva en funcionamiento desde antes de la democracia y cuyas simpatías comunistas nadie ignora. Estaban regalando libros para fomentar la lectura, decían, aunque en realidad creo que se estaban curando en salud: no van a tener dónde meter su biblioteca, porque el gobierno de la Comunidad de Madrid, que les había cedido el local en donde realizan sus actividades (cursos, charlas, reuniones...), ha decidido ponerlo a la venta. Vamos: que les echan de allí.
¿Qué puede pagarse por un local en una calle estrecha y prácticamente sin tráfico de coches ni peatones? A no ser que se pida un precio ridículo. A no ser que se aproveche la crisis para quitarse de en medio una asociación que es un mosquito que no mata, pero molesta.
Nos esperan peores tiempos.
Esta mañana había, además, un tenderete de la asociación de vecinos "Valle Inclán", que lleva en funcionamiento desde antes de la democracia y cuyas simpatías comunistas nadie ignora. Estaban regalando libros para fomentar la lectura, decían, aunque en realidad creo que se estaban curando en salud: no van a tener dónde meter su biblioteca, porque el gobierno de la Comunidad de Madrid, que les había cedido el local en donde realizan sus actividades (cursos, charlas, reuniones...), ha decidido ponerlo a la venta. Vamos: que les echan de allí.
¿Qué puede pagarse por un local en una calle estrecha y prácticamente sin tráfico de coches ni peatones? A no ser que se pida un precio ridículo. A no ser que se aproveche la crisis para quitarse de en medio una asociación que es un mosquito que no mata, pero molesta.
Nos esperan peores tiempos.
domingo, 11 de septiembre de 2011
CADA CUAL SUS MANÍAS
Lo mío con los libros es de psiquiatra: hace años, alguien me recomendó Seda, de Alessandro Baricco; fui, me lo compré, llegué a casa, me senté a leer y a la página y media algo empezó a mosquearme... Me levanté a la librería, busqué y, en efecto: ya lo había leído.
Con Murakami me ha sucedido algo semejante, aunque esta vez no era la novela, sino el autor: meses lleva mi hijo recomendándomelo, y resulta que ya he leído su Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. Al parecer, no me había dejado una huella muy profunda, que digamos, cuando no me había molestado en aprender un nombre tan fácil de pronunciar.
De todos modos, me he puesto con Tokio Blues y, al margen de que tiene una lectura fácil, de momento no le encuentro la gracia (ya sabéis que hay libros cuyo interés empieza cuando lo finalizas y si no estáis de acuerdo, cambiaré la frase por: "algunos libros, los menos, no me impresionan hasta que conozco el final").
...Por eso (y por otras cuestiones que no vienen ahora al caso) digo que lo mío con los libros debería hacérmelo mirar.
Con Murakami me ha sucedido algo semejante, aunque esta vez no era la novela, sino el autor: meses lleva mi hijo recomendándomelo, y resulta que ya he leído su Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. Al parecer, no me había dejado una huella muy profunda, que digamos, cuando no me había molestado en aprender un nombre tan fácil de pronunciar.
De todos modos, me he puesto con Tokio Blues y, al margen de que tiene una lectura fácil, de momento no le encuentro la gracia (ya sabéis que hay libros cuyo interés empieza cuando lo finalizas y si no estáis de acuerdo, cambiaré la frase por: "algunos libros, los menos, no me impresionan hasta que conozco el final").
...Por eso (y por otras cuestiones que no vienen ahora al caso) digo que lo mío con los libros debería hacérmelo mirar.
miércoles, 7 de septiembre de 2011
UNA NOVELA NEGRA DE UN CHINO
No quiero escribir de política.
Ni de amor.
Ni del 15M.
Y de libros...
Pues, no sé: acabo de terminar de leer una novela de Qiu Xaolong, nacido en Shanghái y profesor de literatura china en los USA. Es la primera vez que leo a un chino (el libro rojo de Mao no cuenta) y es como si me hubiera metido para el cuerpo otra vez el Ulises de Joyce, pero en novela de misterio.
Tiene varias obras más editadas en español, aunque me parece que pasarán meses antes de que me atreva con alguna de ellas, a no ser que pase por un período de penuria, que no parece: entre las ediciones de bolsillo y lo que me van prestando, siempre tengo algo encima de la mesilla de noche.
(Mi hijo está empeñado en que le meta mano a Murakami y, no sé por qué, lo voy dejando).
Ni de amor.
Ni del 15M.
Y de libros...
Pues, no sé: acabo de terminar de leer una novela de Qiu Xaolong, nacido en Shanghái y profesor de literatura china en los USA. Es la primera vez que leo a un chino (el libro rojo de Mao no cuenta) y es como si me hubiera metido para el cuerpo otra vez el Ulises de Joyce, pero en novela de misterio.
Tiene varias obras más editadas en español, aunque me parece que pasarán meses antes de que me atreva con alguna de ellas, a no ser que pase por un período de penuria, que no parece: entre las ediciones de bolsillo y lo que me van prestando, siempre tengo algo encima de la mesilla de noche.
(Mi hijo está empeñado en que le meta mano a Murakami y, no sé por qué, lo voy dejando).
domingo, 4 de septiembre de 2011
CUENTOS Y CUENTAS
Hubo una época en que antes de dormir pensaba en las tareas que tenía para el día siguiente en la oficina. Una psicóloga me recomendó que abandonara ese funesto vicio si quería descansar adecuadamente... Y volví a mi costumbre de toda la vida: fantasear y contarme historias que invariablemente quedan inconclusas. A la noche siguiente, retomo el hilo por donde me alcanza el recuerdo, y amplío, anulo, embellezco o mando a paseo la ocurrencia y comienzo otra, según me haya ido el día.
Este verano, con el atracón de novela negra que me he regalado, mis argumentos son - imposible evitarlo - dramáticos sucesos en los que mezclo asesinatos, hackers, políticos corruptos, adulterios, infidelidades, héroes y heroínas que nada tienen que ver con la policía... Con una diferencia respecto a los libros leídos: desde el principio, sé quién es el malo, y lo divertido consiste en inventarme el móvil, la ocasión, el cómo y, además, el hilo del que debe tirar el bueno para resolver el caso.
Es decir: como cualquier escritor cuando se pone a ello, pero sin otro objetivo que dormir plácidamente.
Alguna noche hago propósito de escribir al día siguiente el cuento, pero siempre tropiezo con lo cotidiano: el puto trabajo, la compra, la cocina, la lavadora, una amiga que necesita charlar, el cansancio, o el dolor de espalda...
Cuando me jubile será diferente.
En dos meses y nueve días.
Este verano, con el atracón de novela negra que me he regalado, mis argumentos son - imposible evitarlo - dramáticos sucesos en los que mezclo asesinatos, hackers, políticos corruptos, adulterios, infidelidades, héroes y heroínas que nada tienen que ver con la policía... Con una diferencia respecto a los libros leídos: desde el principio, sé quién es el malo, y lo divertido consiste en inventarme el móvil, la ocasión, el cómo y, además, el hilo del que debe tirar el bueno para resolver el caso.
Es decir: como cualquier escritor cuando se pone a ello, pero sin otro objetivo que dormir plácidamente.
Alguna noche hago propósito de escribir al día siguiente el cuento, pero siempre tropiezo con lo cotidiano: el puto trabajo, la compra, la cocina, la lavadora, una amiga que necesita charlar, el cansancio, o el dolor de espalda...
Cuando me jubile será diferente.
En dos meses y nueve días.
viernes, 2 de septiembre de 2011
UNA DE MERMELADAS
Esta receta la colgué hace cinco años en otro blog, y ahora ha venido a recordármela una despistada. Espero que os sirva.
(...No sólo de sexo y política vive el personal).
(...No sólo de sexo y política vive el personal).
(Tarea previa: acumular los botes necesarios. Mejor que le quitéis la etiqueta de origen; es un coñazo, pero queda horrible conservar mermelada donde pone “pimientos de piquillo”. Si con agua hirviendo no basta, un algodón empapado en alcohol es definitivo). También podéis comprar los botes en un todo a un euro, pero igual tendréis que llevar a cabo el paso siguiente.
Esterilizar escrupulosamente los botes dejándolos hervir en una olla con agua que los cubra (bote y tapadera por separado, claro), y puestos a secar boca abajo sobre papel de aluminio. Yo lo hago mientras se va haciendo la mermelada.
Ingredientes:
- Moras
- La misma cantidad de azúcar que de moras (así sale muy dulce; calculad por vuestra cuenta qué os interesa).
- El zumo de un limón hermoso por cada kg de moras (es espesante y antiséptico).
- Un vaso de agua por cada kg de moras.
Lavad las moras para quitarles el polvo. Mejor que no sea al chorro del grifo, para no gastar más agua de la necesaria y no estropear los frutos: dos o tres aguadas serán suficientes. No os preocupéis si os queda algún petalillo de la flor. Es normal que el agua salga morada.
Colocadlas en el recipiente en el que vayáis a ponerlas al fuego. Añadid el azúcar, el agua y el zumo de limón. Pisadlas un poquito, o dad dos o tres golpes con la batidora, de modo que queden algunas machacadas y otras enteras, que es como luego da gusto cuando la untas en el pan.
Ponerlas al fuego mediano, removiendo a menudo. Tardará unos 45 minutos: se nota ya está si coges una cucharadita y la pones en un plato y al enfriar toma la consistencia de una mermelada chachi. Si te ha quedado un poco sueltecilla, tienes que subir el fuego y dejar que se consuma removiendo constantemente para que no se pegue.
Si ves que antes de los 45 minutos empieza a hacer plof-plof porque está muy espesa, añade otro poquito de agua y revuelve el conjunto hasta que se absorba.
Ahora viene la parte chunga:
Tienes que verter la mermelada en caliente dentro de los tarros. Usa un cacillo de los de servir la sopa. Procura que los botes se llenen hasta arriba del todo sin desbordar (puedes acabar el llenado con una cucharita, pero si rebosa limpia la rosca con una servilleta de papel humedecida en agua). Se cierran y se vuelven boca abajo. Se dejan reposar hasta el día siguiente: el azúcar caliente se cuela por las rendijas y al enfriar deja el bote herméticamente cerrado.
¡Hale!, yastá.
Los expertos dicen que puede durar un año. Una vez abiertos, casi un mes en el frigorífico. El asunto es que no pille moho y no se ponga agria, aunque el azúcar y el limón son unos conservantes estupendos".
Esterilizar escrupulosamente los botes dejándolos hervir en una olla con agua que los cubra (bote y tapadera por separado, claro), y puestos a secar boca abajo sobre papel de aluminio. Yo lo hago mientras se va haciendo la mermelada.
Ingredientes:
- Moras
- La misma cantidad de azúcar que de moras (así sale muy dulce; calculad por vuestra cuenta qué os interesa).
- El zumo de un limón hermoso por cada kg de moras (es espesante y antiséptico).
- Un vaso de agua por cada kg de moras.
Lavad las moras para quitarles el polvo. Mejor que no sea al chorro del grifo, para no gastar más agua de la necesaria y no estropear los frutos: dos o tres aguadas serán suficientes. No os preocupéis si os queda algún petalillo de la flor. Es normal que el agua salga morada.
Colocadlas en el recipiente en el que vayáis a ponerlas al fuego. Añadid el azúcar, el agua y el zumo de limón. Pisadlas un poquito, o dad dos o tres golpes con la batidora, de modo que queden algunas machacadas y otras enteras, que es como luego da gusto cuando la untas en el pan.
Ponerlas al fuego mediano, removiendo a menudo. Tardará unos 45 minutos: se nota ya está si coges una cucharadita y la pones en un plato y al enfriar toma la consistencia de una mermelada chachi. Si te ha quedado un poco sueltecilla, tienes que subir el fuego y dejar que se consuma removiendo constantemente para que no se pegue.
Si ves que antes de los 45 minutos empieza a hacer plof-plof porque está muy espesa, añade otro poquito de agua y revuelve el conjunto hasta que se absorba.
Ahora viene la parte chunga:
Tienes que verter la mermelada en caliente dentro de los tarros. Usa un cacillo de los de servir la sopa. Procura que los botes se llenen hasta arriba del todo sin desbordar (puedes acabar el llenado con una cucharita, pero si rebosa limpia la rosca con una servilleta de papel humedecida en agua). Se cierran y se vuelven boca abajo. Se dejan reposar hasta el día siguiente: el azúcar caliente se cuela por las rendijas y al enfriar deja el bote herméticamente cerrado.
¡Hale!, yastá.
Los expertos dicen que puede durar un año. Una vez abiertos, casi un mes en el frigorífico. El asunto es que no pille moho y no se ponga agria, aunque el azúcar y el limón son unos conservantes estupendos".
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