jueves, 31 de enero de 2008
ARROZ CON LECHE
Llegarías a Madrid para comer. Ya había hecho la compra y no me apetecía volver a bajar, mejor darte una sorpresa con tu postre favorito.
Se ponen a hervir en una olla seis cucharadas de arroz de paella - no basmati, no integral, sino el que se usa en España normalmente - con el agua justo para cubrirlo; se deja hervir un minuto y se vierten en la olla 3/4 de litro de leche entera, la cáscara de un limón sin lo blanco y una varilla de canela, removiendo todo bien con una cuchara de madera: lo más importante es que en ningún momento se pegue el arroz al fondo. Se espera a que comience a hervir y se baja el fuego al mínimo.
Hay que vigilar constantemente, me he ido pintando las uñas de los pies en la misma cocina: un pie, y remuevo; otro pie, y vuelvo a remover. Me gusta el esmalte rojo casi berenjena, creo que me lo puedo permitir.
A los quince minutos - cuando las uñas estaban secas - de cocción lenta, añado ocho cucharadas de azúcar, y vuelta a remover: no se debe dejar que se forme nata en la superficie y suba.
He ido alternando cocina y baño: crema hidratante, remuevo; máscara de pestañas, y vuelta a darle a la cuchara; Billie Holiday había quedado en silencio y elegí en su lugar a Piazzola; saqué los tomates y el jamón del frigorífico para que la ensalada no estuviera demasiado fría, y remuevo; puse la mesa y vuelvo a vigilar el arroz.
A los cincuenta minutos, más o menos, aquello ha adquirido una consistencia cremosa: es el momento de mayor peligro, es necesario remover sin parar porque el grano se puede pegar al fondo con mayor facilidad; tengo que decidir si añado más leche o lo dejo tal cual. Esta vez añado un chorrito, lo justo para que me de un buen feeling: hay que tener en cuenta que al enfriar, el arroz absorbe más líquido. Apago el fuego, incorporo un par de cucharadas de nata sin montar, y remuevo por última vez. Vierto el postre en una fuente honda y espolvoreo canela en polvo - no demasiada - por encima.
Terminé a las doce y media de la tarde: quedaban (tres horas para que el dulce se enfríe a la temperatura ambiente, jamás en el frigorífico, a no ser que nos sobre algo para el día siguiente) dos horas para verte y algo más para disfrutar de tu expresión de arrobo mientras paladeabas el postre.
Si de algo estaba segura, es de que me lo ibas a agradecer conforme a mi deseo.
viernes, 25 de enero de 2008
ELECCIÓN
Tú eres otro universo. No tienes nada que ver con el resto de mis cosas, de la vida tal y como entiendo que es: una sucesión de momentos felices que pasan en un suspiro y situaciones conflictivas que debo resolver un momento más tarde, proyectos que culminan o acaban diluyéndose. No estás en el paquete.
Hemos renunciado a lo doméstico y a lo cotidiano, al compromiso, a cuidar uno del otro, a la cuenta corriente compartida, a las cenas con amigos, a ser una pareja, en fin: a todo aquello que envuelve, oculta, estorba, amenaza, sentencia. Es nuestra historia, y la estamos viviendo despojada de todo lo accesorio.
Quizá este amor, tal y como lo vivo, sea una pura construcción mental. Tú vienes a ser como una entrada para ir al cine y meterme dentro de la película. Cuando nos separamos, se acaba la sesión. Fin. Hasta la próxima. Salgo a lo cotidiano y espero el siguiente viaje.
Prefiero la intensidad de nuestros encuentros a la protección del feliz matrimonio, sancionado o no por la ley: mi vida es mía y no la quiero poner bajo la tutela de las decisiones negociadas, aunque la independencia sea un producto caro.
Sufriremos el uno por el otro, pero no todavía.
lunes, 21 de enero de 2008
DESEO
Me he dado cuenta de que allí resultaba incongruente, y que éste es su verdadero lugar.
Nada más llegar tú, en la cocina. Intento prepararte un té, mientras nos ponemos al día con frases rápidas y cortas.
Has estado fuera dos semanas, y el deseo de verte ha ido cobrando fuerza alrededor de mi pelvis y me oprime los riñones, me tiene prisionero el estómago. Te has dado cuenta con el primer beso, porque no he podido evitar que mi cuerpo hablara por mí, y tus caricias se vuelven indiscretas, indagando allí donde sabes que vas a paralizarme, vas a dejarme a merced de los movimientos de tu mano, y evocándolo en este momento otra vez se me acelera el pulso y me da calentura.
Intento mantener el tipo, acabar la tarea que me traigo entre manos. Me resisto a dejarme llevar porque vendrá un latigazo de placer sin apenas saborear su inminencia y luego me quedaré de pie y desmadejada. Sin embargo, tu boca me sujeta tanto como tus brazos; tus dedos retiran mis bragas y acarician, primero suavemente, luego con firmeza, allí donde sabes que está mi debilidad; insistes decididamente hasta que mi cuerpo se desvincula de mi voluntad y se somete a tu ritmo eficacísimo.
Viene como cuando muerdes la primera fresa de la temporada, y entonces quiero más y te llevo rápidamente a la cama.
miércoles, 16 de enero de 2008
CONFESIÓN
Todos los hombres con los que estuve, retocé, forniqué, amé, coqueteé. Todos aquellos de quienes fui novia, esposa, amante, compañera, amiga. Todos a los que miré, deseé, besé, acaricié, abracé.
Cada uno tenía una cualidad que después encontré en Él.
(Entre ellos - no muchos, la verdad - hubo algunos que dejaban asomar la ternura por algún descosido del alma. Los más tenían un cerebro interesante. Pocos la pasión política. Un par, el porte. Alguno quizá me haya amado más, pero no de esta manera. Una parte de mí disfrutó con cada uno)
Todos se le parecían, en un sentido u otro.
Pero eso lo he sabido después.
sábado, 12 de enero de 2008
PRÓLOGO
Tras la cena y las copas, unos cuantos nos demoramos charlando en el lobby del hotel, aunque nosotros dos nos retiramos antes que los demás: tú regresabas a España en poco más de cinco horas, y yo debía moderar la primera mesa redonda del día siguiente. Subimos las escaleras juntos, despacio, hablando lánguidamente. Nuestras habitaciones estaban en la misma planta y allí, junto al ascensor, nos paramos, uno frente al otro, muy cerca, en una penumbra sugerente.
Tomaste mi cara con ambas manos, pero una fracción de segundo después te arrepentiste: tuviste una ligerísima duda, tan tenue que si no estuviera bebida no la hubiera percibido. Pensaste: ahora no puede ser.
Sin embargo, era demasiado tarde: ya me había atrapado la tremenda carga erótica que emanaba aquel gesto; me di cuenta - casi al tiempo - de que hubieras querido arrancarme la ropa allí mismo, que yo lo hubiera permitido y que me habías cedido la iniciativa.
Cuánto me hubiera apetecido agarrarte de la corbata y llevarte a mi habitación, averiguar quién eras desnudo y cómo era yo desnuda contigo.
Por primera... Y quizá por última vez.
Jugadora de cartas como soy desde tiempos inmemoriales, evalué mis posibilidades y arrojé los naipes: contigo, mejor esperar una mano más propicia. Mis labios pasaron a dos milímetros de los tuyos para dirigirse a tu barbuda mejilla, sin que tú hicieras nada para conseguir otra cosa que los consabidos besitos de protocolo.
- Hasta Madrid.
No recuerdo qué murmuraste tú; vi de refilón que recomponías el gesto, escondí mis ojos de los tuyos y di media vuelta: en ese momento me estaba enamorando de ti, idiota.
Mientras nos alejábamos el uno del otro, por aquel pasillo cuyas luces se iban encendiendo según pisábamos los sensores ocultos por la moqueta, me decía a mí misma: mira por donde, y a mi edad, es posible que...
martes, 8 de enero de 2008
AMENAZA
No podrás espiar mi gesto. No sabrás qué pienso. Sólo sentirás a través de tu piel.
Primero pasearé mis labios por los tuyos, los deslizaré por el contorno de tu rostro para llegar a las orejas, que lameré hasta donde pueda alcanzar. Reprimiré el suspiro que quiera escaparse cuando baje hacia tu cuello, para que no sepas cuánto me excita el olor caliente que desprende. Con un dedo modelaré tus muslos para que tomes conciencia de ellos y amagaré un camino hacia tu polla expectante; aún no te habrás empalmado, sorprendido y desorientado como estarás.
Cuando apoye mi cara sobre tu pecho intentarás imaginar otros momentos semejantes para no sentirte tan vulnerable, pero lo no permitiré: avanzaré la lengua hacia tus pezones, las manos sujetando tus muslos, todo el peso de mi cuerpo sobre el tuyo, y sonreiré quedamente cuando intentes atisbar siquiera una sombra a través del antifaz. Lucharás sin violencia e inútilmente por salir de esa prisión sensorial, atenuada no obstante por la calidez de mis caricias.
Pasaré de lamerte a morderte y pellizcarte con remilgada picardía: tienes lugares mágicos - junto al ombligo, en las caderas, en los brazos - de los que aún no eres consciente, y habré de obligarte a descubrirlos negándote la posibilidad de mirar y de hacer. Me frotaré contra ti como si el frío nos fuera a matar para después chuparte los dedos como si fueran helados de limón. Soplaré sobre tus ingles, besaré tus muñecas y el envés de los codos y pasaré las uñas por tu cintura. Amasaré tus nalgas. Apoyaré mi boca en tu garganta. Robaré calor de tus piernas a causa de mis pies fríos. Te estrecharé entre mis brazos. Pasaré por tu espalda mi pelo y enredaré en el tuyo mis dedos. Recostaré mis tetas en tu vientre. Tus hombros enrojecerán por la insistencia de mis dientes. Exhalaré un tórrido aliento sobre tus testículos.
Sólo llegaré hasta tu pene cuando te sientas todo piel sexuada. Aunque haya de retrasar mi propio orgasmo, no cejaré en mi empeño de sentir cómo te crece a instancia de esos rincones vírgenes que yo habré liberado para nuestro placer.
Después, no sé.
jueves, 3 de enero de 2008
EPIFANÍA
Yo definitivamente desnuda y enredada en tu cuerpo.
Hemos follado después como dos enajenados, buscando el placer del uno para el otro y del uno en el otro con una ciega determinación: no podemos luchar contra el tiempo pero no hay droga mejor para huir de lo inexorable.
Has satisfecho mi hambre comiéndome, y bebiéndote he conseguido colmar tu celo.
(Luego nos hemos estado mirando a los ojos, y sonreíamos).