domingo, 21 de diciembre de 2008

AL FILO DE LOS CINCUENTA

Su marido la ha abandonado. De ayer para hoy, sin explicaciones. Ni siquiera puede llorar. No lo entiende, y por tanto no sabe si tiene que desesperarse o deprimirse o matar a la guarra que se lo ha arrebatado en caso de que exista una guarra que se lo haya arrebatado.

Le ha dejado una nota pegada en el espejo del cuarto de baño:

"Lo siento, pero no puedo más. Te tengo mucho cariño, y no me perdono el daño que te estoy haciendo. Me voy. No me busques, ya te llamaré cuando sea capaz. Enrique"

Veinte años de matrimonio.

Un hombre perfecto: detallista, trabajador, amable, poco exigente... Demasiado callado, tal vez, y poco imaginativo. Algo aburrido, cierto, pero cariñoso y tranquilo, y nada exigente en el sexo; de hecho, llevan cuatro o cinco años sin echar un polvo.

- Es que, con el tiempo -dice en voz baja y quizá convencida- la pasión desaparece y queda el amor.

Está segura de que volverá: es imposible que esto esté sucediendo, que le esté sucediendo a ella.

(Lo cierto es que Enrique se ha marchado a vivir con quien considera el amor de su vida: el Director Gerente de su empresa)


jueves, 4 de diciembre de 2008

ESTADÍSTICA DE ANDAR POR CASA

Tengo tres amigas que han dejado de fumar.

La primera tiene cuarenta y seis años y no fuma delante de sus padres.

La segunda tiene cincuenta y ocho y no fuma en el trabajo ni delante de su familia.

La tercera tiene sesenta y dos y no fuma en el trabajo, ni delante de sus hijas ni delante de la estanquera porque es su vecina y no compra allí.

He hecho un cálculo a ojo, y me salen más o menos veinte amigas tan próximas como para sincerarse conmigo; de ellas, cinco (es decir, el 25%) no han fumado nunca; cuatro (el 20%) es fehaciente que lo dejaron años ha y nunca más; nueve (un escandaloso 40%) continuamos fumando a unas edades en las que ya nos da miedo y, por último, están las que más arriba os he contado y que suman un inquietante 15%.

Si me pongo a extrapolar, que no debo con una muestra tan pequeña y tan poco aleatoria, voy a llamar al Ministerio de Sanidad a decirles que menos lobos.

Y tampoco voy a hacer moralina. Quien no haya mentido en su casa o en la oficina por motivos menos serios, que tire la primera piedra.

...En cuanto a la que, además, le miente a sus hijas y a la estanquera, es una historia aparte.


viernes, 28 de noviembre de 2008

REGALOS DE CUMPLEAÑOS

Un enooooooorme centro de flores que me llegó a la oficina (primera vez en mi vida) y nos dejó mudos a todos.
Una pulsera de plata y ámbar.
Unos pendientes de plata con piedras moradas.
Una palestina marrón y negra.
Una bufanda morada, de las de toda la vida.
"El lado oscuro del amor", de Rafik Schami.
Dos tarros de miel grandísimos.
Un collar italiano con piedras moradas.
Una bata de terciopelo negro con una tira de florecitas de colores alrededor y talle imperio.
Una tetera blanca y negra con bol y filtro de metal incluídos.
Un bolso café con leche, grande y ligero.
Una bufanda blanca que casi me llega a los pies.
Una colección de DVDs con las pelis que me impresionaron de pequeña.

(No está mal, ¿verdad? Incluso algunos ni siquiera me los merezco)

lunes, 17 de noviembre de 2008

A LA MIERDA

Estoy en fase capulla, deja de ir por el mundo como un ángel exterminador juzgando a los demás y métete en tus asuntos mezclada con un poco de so petarda por qué no te dedicas a todo lo que no te has atrevido a hacer en tu vida en lugar de tratar de convertirte en una vieja deliciosa, si tu no has sido deliciosa ni a los tres años y no lo vas a ser mientras vivas porque en el fondo te aburre el glamour, el charme y todo eso.

Ojalá supiera lo que significa el párrafo anterior. Lo he escrito del tirón y como si echara una vomitona.

Ya me gustaría comprender sin juzgar, tener un poco de misericordia, saber cuáles son mis asuntos, qué es lo que no me he atrevido a hacer hasta ahora y por qué estoy tan rayada conmigo misma.

Bien pensado, esto puede ser la crisis de la prejubilación: no se cumplen sesenta y cuatro añitos sin pisar el freno algo más de lo que el físico te impone, o sea en la cosa ética y de los planteamientos vitales y del quien soy yo y qué puedo hacer en adelante.

La idea es que si no siento que estoy haciendo algo para que este mundo funcione una cienmilmillonésima de micra mejor es que sólo me queda esperar la muerte, y es aterrador pensar que tengo una cierta probabilidad - ya que últimamente los médicos han diagnosticado que no tengo cáncer de garganta, ni de tiroides, ni de colon, y que mis análisis vuelven a estar razonablemente bien - tengo una cierta probabilidad, digo, de pasar incluso veinte años pensando en que cómo tengo que cuidarme para ser como las viejas danesas, rebosantes de salud hasta que se mueren.

Me asusta pensar en mí como alguien ocupado todo el día con su régimen, sus pastillas, su tasa de colesterol, su presión sanguínea, los cigarrillos que se fuma, su insomnio, su mala memoria, su hora de caminata diaria, su pensión, su médico de familia, y no servir más que para cuidar a sus nietos cuando enfermen o los papás quieran dar un paseo.

Algo tendré que hacer conmigo misma, si es que aún estoy a tiempo, porque últimamente me da perezón hasta leer el periódico.


Por lo tanto, y visto lo visto, es decir, teniendo en cuenta lo anteriormente expuesto:

Se convoca concurso de proyectos de vida para después de la jubilación.

Yo también participo.

Podéis autoproclamaros miembros del jurado todos cuantos paséis por aquí.

El premio es el propio juego, oyes.



jueves, 30 de octubre de 2008

ESTOY VIVA, ME PARECE

(No tengo ganas de continuar con este blog.
Es posible que comience otro. O no.
Aunque no estoy dispuesta a renunciar a vosotros; ya veré cómo me las apaño.
Igual se me cura la catatonia: el hecho de estar escribiendo ahora mismo es una señal de que estoy volviendo a mi ser, ¿verdad?)

He pasado este mes entre algunos líos y el Cuaderno dorado, de Doris Lessing.

Ahora mismo sólo puedo recordar cuatro o cinco libros que hayan sido trascendentales para mí, cada uno por diferentes motivos; los cito por orden cronológico: Ha vuelto Mary Poppins (a los doce años), Cien años de soledad (a los veintidós, creo), Ulises (a los veinticuatro), Rayuela (a los veintiseis), El Señor de los Anillos (a los treinta y tantos) y, ahora, éste que os digo.

Podría hacer una lista larguísima de los libros formidables de autores inmortales que he leído, me han aprovechado, o he disfrutado, o me han dejado con la boca abierta de admiración; tengo unos cuantos escritores fetiche, de los que me compro - o compraba, porque algunos ya han muerto - todo lo que publican. Algunos autores me han encandilado durante un tiempo, y luego los he abandonado con la crueldad que permite el hecho de ser una lectora anónima.

En fin: ya que soy una yonqui de la lectura, cuando digo que un libro me ha sacudido el alma quiero que entendáis que fue con independencia de su valor literario (porque, ¡ya hay que tener cuajo para juntar Mary Poppins con Aureliano Buendía!). Creo que se trata de la conjunción de tu momento vital con aquello que cuenta el autor, y eso se da pocas veces.

Afortunadamente para mí, Lessing estaba con su Cuaderno Dorado en el lugar justo para que mis ojos la encontraran.

Suerte la mía.

miércoles, 1 de octubre de 2008

EL IDIOMA DEL AMOR (O DEL SEXO, NO ESTOY SEGURA).

No me gusta la palabra en español: carece de erotismo. La inglesa groin parece un guiso de ternera con guisantes. La alemana leistenbeuge es demasiado larga.

Quizá la francesa, aine, evoca con cierto parecido la suavidad de esa hendidura tuya, y ya me fastidia caer en el tópico.

Otro día buscaré el idioma adecuado para otras partes de tu cuerpo que me subyugan.

lunes, 15 de septiembre de 2008

MATRIMONIO (II)

Ella no es inocente. Es dulce, cariñosa y comprensiva, pero en absoluto inocente.

Se casó enamorada, y virgen - su madre le había advertido hasta el cansancio: si te dejas desvirgar pierdes valor y te quedarás soltera - pero además hizo lo que se llamaría una buena boda teniendo en cuenta su entorno, e inició su nueva vida como dueña de casa (nada de alquileres) y liberada para siempre de trabajar en la fábrica. A los veinticinco años había logrado su objetivo en la vida, quién como ella.

Durante los cincuenta años que dura su matrimonio hasta hoy, para evitar conflictos se ha ejercitado en el arte del disimulo y de la mentira con una eficacia admirable, y lo mismo da que se trate de cuestiones económicas, familiares o sexuales, porque controla cualquier situación inventando el argumento más adecuado a sus intereses: la comida está cara (para las sisas), mi madre está enferma (para salir una tarde sin él), se me ha caído de las manos (para deshacerse de la horrenda figura de terracota que la suegra trajo de Salamanca), y, en fin, cuando su santo esposo demanda el uso de matrimonio - la expresión no es mía, sino de la Iglesia Católica - alterna el me duele la cabeza con los ay, qué gusto y qué bien que él ha aceptado siempre con la fe estúpida del macho prepotente e ignorante, y sólo si hay un cielo y un infierno tendrá que explicarle allí que el sexo jamás la ha interesado y desconoce lo que es un orgasmo.

Cuando tiene un capricho y su marido no quiere comprárselo (más a menudo de lo que sería aceptable para cualquiera), saca dinero del escondite y se lo da a alguno de los chicos para que haga la compra y se presente en casa con el regalo.

Tranquilidad total en un hogar perfectamente estructurado.

(En mi opinión es la más inteligente, adaptada e integrada de la familia: encontró lo que quería y paga el precio sin más quejas que las confidencias que deposita en su hermana menor).

Son la pareja perfecta.

sábado, 13 de septiembre de 2008

MATRIMONIO (I)

Tiene setenta y siete años, y presume de llevar amando a la misma mujer y haberle sido fiel durante cincuenta y cinco.

Esa mujer se casó virgen; ha parido cuatro hijos; ha cuidado de la abuela y la madre de su marido hasta que les tocó su hora; le ha cocinado maravillosamente, lavado la ropa, hecho la cama, escuchado atentamente sus peroratas; ha aceptado votar con la papeleta que él ponía en su mano; medió siempre que fue necesario para evitar enfrentamientos familiares; administró de manera impecable el dinero que le era entregado para los gastos domésticos y, en fin y para no aburrir, se abrió de piernas con total sumisión cuando era solicitada.

Y el hombre de dios afirma que, si muere antes que él, no la sobrevivirá ni un mes.

Yo le creo, aunque deseo con toda mi alma que sea él quien palme primero y lo más pronto posible.

(La otra cara del espejo - ella - la dejo para otro día).

viernes, 5 de septiembre de 2008

MIMOS

Estoy perezosa para escribir, pero entre los archivos de Humo he encontrado una carpeta, con algunos mensajes a su amigo, que no tuvo tiempo o ganas de pasar al blog. Os transcribo uno que es ella sin discusión.

"Pues, si: a pesar de lo que tú creas, mientras follamos también me mimas.

Cuando estoy fumándome un cigarrillo y te pones a besarme la barriguita, o más abajo, o más abajo aún.
Cuando te quedas mirándome y me dices "¡Cómo me gustas!"
Cuando me preguntas si estoy cómoda, o si voy a estar cómoda, o si me duele la espalda.
Cuando me besas despacito en los labios.
Cuando te pones a acariciarme sin decir nada, suave suave suave suave.
Cuando escuchas con una sonrisa atenta mis peroratas, aunque esté fumada y se me vaya la olla.


No sé si habrás hecho lo mismo con todas las mujeres con las que te has acostado; pero si no hubieras sido así conmigo desde el principio (acuérdate que el primer día, mientras nos besábamos de pie junto a mi cama, casi a oscuras, ya te dije que me parecías muy tierno), si no me hubieras mimado, no me hubiera dejado ir de la manera que lo hago contigo.

Ese es el secreto, me parece.

Por eso lo primerito y principal que echo en falta cuando no estamos juntos son los mimos que me das.

Que lo sepas".

sábado, 16 de agosto de 2008

Madrid está desierto, nublado y silencioso.

Creo que me voy a tomar unos días de vacaciones.

sábado, 9 de agosto de 2008

EQUILIBRIOS

Creía haber encontrado la fórmula, hasta que se dio de cara con el amor.

Sufrió una crisis.

Como era persona práctica, meditó sobre el asunto, aceptó su error y modificó la ecuación:

felicidad = ( matrimonio + hijos + familia) + adulterio.

Su cónyuge miró hacia otro lado: hacía tiempo que había subsanado el yerro. A su amante ni se le había pasado por la cabeza otra cosa, dado que también era de la cofradía de la estabilidad.

...
Y comieron perdices.


jueves, 31 de julio de 2008

EXAMEN (DE CONCIENCIA)

SUPUESTO A:

Irene tiene quince años. Su padre intenta abusar de ella sexualmente; ella se lo cuenta a su madre y ésta se va con la niña, denuncia el caso, consigue una orden de alejamiento y pide el divorcio (por este orden).

SUPUESTO B:

Elena también ha cumplido los quince, y tiene que afrontar la misma situación, pero no se atreve a hablar con nadie y el mamonazo del padre consigue su propósito.

SUPUESTO C:

Mariví, quinceañera igualmente, acude a su madre cuando se ve acosada por su querido papá, pero no consigue ser creída; la niña se escapa de casa y no vuelve a aparecer.

A partir de los planteamientos anteriores, responda razonadamente:

1.- ¿Una educación adecuada hubiera servido para que, en los supuestos B y C , el progenitor se hubiera ido al campo a follar puercoespines antes de tocarles un pelo a sus respectivas hijas?

2.- ¿Debería pagarle la Seguridad Social unas gafas a la madre del supuesto C?

3.- ¿Cree usted que en nuestra amada España estas cosas no pasan, faltaría plus?

martes, 22 de julio de 2008

DESAHOGOS

Odio a mi nueva vecina.

Tiene la costumbre de discutir a voz en grito con su hija - cuando está con ella, porque vive con el padre: imposible no enterarse - por cualquier cosa y a cualquier hora, insultos incluidos. Ha comprado en primavera un montón de plantas que luego ha descuidado hasta que en las jardineras sólo quedan unas hojitas chamuscadas. Pone a todo volumen la banda sonora de la última película cursi que ha visto. Se queja de sus desgracias asomada a la terraza mientras habla por teléfono y, ahora, se ha comprado una webcam: le ha dado por el sexo en Internet.

Nada que objetar a los modos y maneras de resolver sus necesidades, salvo que me da la paliza a la una o las dos de la mañana, y no es plan: yo trabajo, no vivo de la pensión que me pasa mi ex.

Al principio pensaba que le daban ataques de histeria (¡Ah, ah! ¡hi, hiiiiiiiiii!, ¡Ay, ay!), pero con los días llegué a entender que no era posible, porque la cosa comenzaba con risitas ahogadas, alguna frase susurrante, intervalos de silencio en los que casi me dormía, más risitas menos ahogadas con nuevo sobresalto por mi parte y traca final con jadeos, suspiros y quejiditos que he terminado por interpretar como un orgasmo que aún no he decidido si es verdadero o falso. No hay interlocutor audible. Media hora en total.

Una preciosa media hora de sueño que me roba, la muy zorra.

Si le diera por conectarse a las ocho de la noche, mi alma de portera hubiera exigido pegar la oreja y tomar buena nota del proceso; es la hora, la hora a la que le da por desahogarse, lo que me tiene amargada. La hora y su ignorancia de las normas mínimas de respeto por la vida de los demás.

Hago autocrítica: ¿Doy yo esas voces? ¿Doy esos ridículos gemidos cuando practico el sexo? ¿Comunico a mis vecinos que estoy follando con la misma desfachatez? ¿Es necesario molestar al personal para divertirse?

Mi amigo niega: soy discreta como una gata.

Menos mal.

Aunque las gatas maúllan que es un escándalo cuando están en celo, recuerdo.

Como una gata discreta, rectifica.

(Eché raíces en este piso porque está en pleno Madrid y rodeado de jardines: a estas horas, con todas las ventanas abiertas, sólo se escuchan las voces de los críos jugando o alguien llamando a su perro. Ella no está en casa: esperemos que esta noche vuelva cansada y no encienda el ordenador).

martes, 15 de julio de 2008

DOBLE MORAL

Los empresarios españoles de la construcción, la hostelería y la agricultura llevan años explotando a inmigrantes sin contrato, pagándoles por debajo de los convenios colectivos y negándoles la afiliación a la Seguridad Social, y el Gobierno haciendo como que no se enteraba, aunque nada era más fácil: bastaba con aumentar el número de inspectores de trabajo y ordenarles que se dieran una vueltecita por determinadas empresas.

Hubiera sido suficiente con pillar a unos cuantos hijos de puta in fraganti, arrearles unas sanciones económicas de las que marcan época y llamar a los medios de comunicación para darles el listado de los sinvergüenzas; aunque, no: hacía falta mano de obra barata para que el país se enriqueciera; mejor mirar para otro lado.

En pocos meses ni un puto empresario se hubiera atrevido a dar trabajo a un inmigrante sin los correspondientes permisos, y el boca a boca hubiera hecho el resto porque, seamos claros: la gente viene porque hay perspectivas de ganar dinero, legal o ilegalmente - que para quien no tiene futuro eso son zarandajas - y si nadie les va a ofrecer faena para qué arriesgarse.

Así que, ahora que la crisis está arrojando al paro a los que sí tienen contrato, y es necesario encontrar dónde colocarles porque si no habrá que pagarles el subsidio de desempleo, nos acordamos de Santa Bárbara...

¿Solución?

Echar a los sin papeles. Eso sí: cazándolos uno a uno, como a conejos, y sin tocar a las empresas que han defraudado a Hacienda, a la Seguridad Social y a toda la ciudadanía. Negociar con los respectivos países para que los acepten. Contarnos la milonga de que el retorno voluntario de los que tenían sus cosas en regla va a ser la panacea. Jurarnos que no van a permitir que uno más de los que vienen en pateras se quedará.

Y los auténticos ladrones, de rositas con sus ganancias.

martes, 8 de julio de 2008

AUTOCOMPASIÓN (debe ser el calor)

Me agota ser siempre la única que descarga el hacha sobre los comentarios machistas que cada día me toca escuchar en la oficina.

Me molesta darme cuenta de que muchos amigos (y amigas, que es peor) consideran que a mí no me hacen efecto las críticas.

Me enfurece que los conocidos piensen que las circunstancias negativas de la vida no me corroen en la misma medida que a ellos.

Me duele que el personal considere que conmigo pueden ser egoístas, arbitrarios, contarme sus miserias, olvidarse de mi cumpleaños, no devolverme los libros que les presto, trasladarme sus problemas, pedirme consejo, hablar y no escuchar...

Me sorprende que me juzguen inmune a las penas.

Me enrabieta que esperen de mí lo que ellos se sienten incapaces de dar y no dan, por supuesto. Soy autónoma por decisión irrevocable pero, caramba, ¿a quién no le gusta que, de vez en cuando, le echen una mano sin necesidad de pedir el favor?

Piensan que no soy vulnerable porque no soy quejica. Creen que soy optimista porque la vida me ha sido favorable, cuando mi filosofía es que el pesimismo devalúa nuestro futuro y nos cierra posibilidades, y actúo en consecuencia.

Me juzgan dura: confunden - será por la rima - dureza con fortaleza, e identifican el llanto con el dolor (aquí no encuentro justificación), y no distinguen entre dulzura y ñoñería, vaya usted a saber por qué.

Concluyen que soy muy segura porque no suelo dar vueltas a un asunto cuando ya he tomado una decisión (o al menos no doy la lata hablando sobre ello), sin molestarse en evaluar cuánto tiempo he estado sopesando pros y contras.

Mi amigo - a quien no le son aplicables las anteriores consideraciones, aunque no tenga acceso a este blog - está convencido, sin embargo, de que el frigorífico está programado para que el chocolate se produzca por generación espontánea cuando se acaba.

Creo que durante una temporada me dedicaré a atosigar a los demás con mis quejas, mis enfermedades y mis dudas; pondré un puchero cada vez que me lleven la contraria; haré un master en chantaje emocional; manifestaré en voz alta, ante cualquiera que se me ponga por delante, las molestias que me provoca cada piedrecilla en el camino, cada pequeña incidencia negativa, cada contrariedad y cada pequeño fracaso.

Me olvidaré de llamar por teléfono a mis hermanas.

Dejaré sólo para quien se lo merezca la ironía, el humor, la alegría de vivir, la sonrisa al dar los buenos días, la curiosidad por el otro y lo otro, la intransigencia con los tópicos, la independencia; cuando alguien se disponga a contarme por enésima vez sus penas le cortaré para contarle yo las mías y mudaré la piel de mimadora por la de solicitante de mimos, toda fragilidad y sentimentalismo churretoso.

Estoy harta de ser una mujer fuerte.

(Temblad, blogueros: quizá decida comenzar aquí un diario acerca de cómo el paso de los años va haciendo mella en el pedernal).

martes, 1 de julio de 2008

GRACIAS, SIMONE

(Cuando publiqué esta entrada me olvidé de ella; ahora creo que debo dejar constancia de mi deuda para con Simone Ortega.
Va por ella y sus "1.080 recetas de cocina").

ARROZ CON LECHE

Llegarías a Madrid para comer. Ya había hecho la compra y no me apetecía volver a bajar, mejor darte una sorpresa con tu postre favorito.

Se ponen a hervir en una olla seis cucharadas de arroz bomba - no basmati, no integral, sino el que se usa en España normalmente para la paella - con el agua justo para cubrirlo; se deja hervir un minuto y se vierten en la olla 3/4 de litro de leche entera, la cáscara de un limón sin lo blanco y una varilla de canela, removiendo todo bien con una cuchara de madera: lo más importante es que en ningún momento se pegue el arroz al fondo. Se espera a que comience a hervir y se baja el fuego al mínimo.

Hay que vigilar constantemente, me he ido pintando las uñas de los pies en la misma cocina: un pie, y remuevo; otro pie, y vuelvo a remover. Me gusta el esmalte rojo casi berenjena, creo que me lo puedo permitir.

A los veinte minutos -
cuando las uñas estaban secas - de cocción lenta, añado ocho cucharadas de azúcar, y vuelta a remover: no se debe dejar que se forme nata en la superficie y suba.

He ido alternando cocina y baño: crema hidratante, remuevo; máscara de pestañas, y vuelta a darle a la cuchara; Billie Holiday había quedado en silencio y elegí en su lugar a Piazzola; saqué los tomates y el jamón del frigorífico para que la ensalada no estuviera demasiado fría, y remuevo; puse la mesa y vuelvo a vigilar el arroz.

A los cincuenta minutos, más o menos, aquello ha adquirido una consistencia cremosa: es el momento de mayor peligro, no puedo dejar de remover sin parar porque el grano se puede pegar al fondo con mucha facilidad; tengo que decidir si añado más leche o lo dejo tal cual. Esta vez añado un chorrito, lo justo para que me de un buen feeling: debo tener en cuenta que al enfriar, el arroz absorbe más líquido. Apago el fuego, incorporo un par de cucharadas de nata sin montar, y remuevo por última vez. Vierto el postre en una fuente honda y espolvoreo canela en polvo - no demasiada - por encima.

Terminé a las doce y media de la tarde: quedaban (tres horas para que el dulce se enfríe a la temperatura ambiente, jamás en el frigorífico, a no ser que nos sobre algo para el día siguiente) dos horas para verte y algo más para disfrutar de tu expresión de arrobo mientras paladeabas el postre.

Si de algo estaba segura, es de que me lo ibas a agradecer conforme a mi deseo.

domingo, 29 de junio de 2008

A PROPÓSITO DE SHAKESPEARE

El talento es egoísta, alimentado por un autismo específico, cruel, solitario, doloroso, fuerte ante la incomprensión, lúcido y transgresor. Permite dominar el terror a cruzar la frontera de lo que no puede explicarse, la raya entre la sensatez y la locura, realizar el triple salto mortal sin red, escalar el Everest sin oxígeno. No se alcanza con oficio, inteligencia, disciplina, tenacidad, erudición, trabajo, ingenio, imaginación, ganas, perseverancia... El talento está, o no está. Y no sueña: ejecuta.

Todo lo demás puede ser estupendo, gracioso, pertinente, necesario incluso; no obstante, la diferencia entre genio y productividad no es difícil de comprobar: basta un mínimo de sensibilidad para percibirlo.

En mi caso, la carencia de talento se llama miedo: me paraliza el temor a ponerme a la tarea. Alguna vez me he sabido en el umbral, he intuido lo que pudiera encontrar más allá, y no he sido capaz de desligarme de lo que me mantiene anclada al mundo de la normalidad: amo lo que tengo, quiero ser normal en el sentido estadístico de la palabra. He tardado una vida en controlar mis fantasmas y en aprender a relegar mis tragedias personales al último rincón del desván del alma ¿Debería, ante la duda, jugarme todo para escribir en carne viva?

Ser, o no ser. Esa, amigos míos, continúa siendo la eterna cuestión.

sábado, 21 de junio de 2008

CAMBIO DE RUMBO

De pronto, parado ante un semáforo, se dio cuenta de que no podía recordar si iba o volvía de algún lado. Decidió ir a casa pero no le venía a la memoria ni su dirección ni el camino.

Comprobó que tampoco podía mirar en el carné de identidad porque su cartera había desaparecido. Alcanzó a sentarse en un banco.

No sabía adónde quería ir.

Quizá a un hospital.

Paró un taxi.

Le invadió una agradable sensación de ligereza.

jueves, 12 de junio de 2008

VIRGINIDAD

A mí también me gustaría continuar el micro anterior, pero se da la circunstancia de que no tengo ni idea de amores lésbicos. Y no me gustaría morirme sin vivir al menos una experiencia, solo que no se han dado las condiciones.

De entrada, para que me gustara una señora tendría que tener encanto, lo que para mí significa ser culta sin pedantería, llevar su cuerpo con soltura, no alardear de inteligencia pero utilizarla en todo momento, votar a la izquierda de ZP, usar el sentido del humor, no padecer androfobia, asumir sus contradicciones (depilación por láser, maquillaje discreto pero diario, fondo de armario de rebajas de firmas -si se puede- mezclado con pingos de mercadillo) y, por Dios: si ha pasado de los cuarenta y cinco, nada de melenas más abajo de los hombros, ni lisas ni rizadas.

Las tetas me fascinan. Me fascinan los grandes escotes que dejan ver unos hombros redondeados -que no caídos- y un canalillo bien profundo, sin complejos. Me encantan las barriguitas a lo Marilyn, el desgarbo -y más cosas- de Kim Basinger en "Mi novia es una extraterrestre" o la rebeldía de Gilda. No me gustan las Greta Garbo, ni las Nuria Espert, ni las Ana Belén, por supuesto: odio la afectación. En los hombres me gustan los cuerpos grandotes que comunican alegría de vivir y sensualidad; a una mujer quizá le exigiera -además, y no sé por qué- haber superado el trauma de serlo.

En fin: he tenido alguna que otra proposición; sin embargo, una era demasiado dogmática, otra demasiado loca, otras, ay, ni me acuerdo. Con la única que pude haberme lanzado -también hetero, por lo que sé- echó a correr cuando se dio cuenta de lo que le estaba pasando y no paró hasta la consulta del psiquiatra (Me lo hizo saber por correo electrónico)

Así que, en ese sentido, soy virgen, queridos míos.

jueves, 5 de junio de 2008

PROPOSICIÓN

Iris insistió en acompañarla a casa:

- Me queda de camino y no es tan tarde, ¡como sois unas pesadas que no queréis tomaros una copa!

Salían de una cena entre mujeres que ya se había convertido en un rito: una vez al mes se reunían las seis a cotorrear, sobre todo de política y de trabajo. En tiempos habían coincidido en la misma empresa y mantenían una relación amable y divertida. Dos solteras, dos divorciadas, dos casadas. Ni ricas ni pobres, ni guapas ni feas, ni viejas ni jóvenes: mujeres normales con vidas normales.

Cerca de la casa de Carmen, Iris dio un quiebro a la conversación:

- Y, en otro orden de cosas, ¿qué tal te va con Luis?

También Luis era antiguo compañero y, desde tiempo atrás, amante de la interpelada.

- Bien. Ya sabes. Con sus contradicciones. Cualquier día lo mando a la mierda.

- Bueno: pues, cuando te decidas, si te apetece probar conmigo, lo hablamos.

- No creo que me dé por ahí a estas alturas, pero se agradece.

- Si yo tampoco tengo experiencia, hermosa. Pero me va tan mal con los tíos que he pensado que a lo mejor...

- Ya. Te entiendo. Déjame aquí, no vas a dar toda la vuelta a la manzana.

- Vale. Recuerdos a tu marido.

- Besos al tuyo, guapa. Y gracias por traerme.

(Actualización: no sé cómo quitar el himno del R. Madrid. No es cosa mía).

viernes, 30 de mayo de 2008

ÉRASE UNA VEZ

Un maleficio muy utilizado por las brujas malas condenó a la infantita a permanecer dormida hasta que un príncipe la besara.

Pasaron cinco décadas.

Llegó el dichoso príncipe, la tomó entre sus brazos y la besó.

La princesa abrió los ojos y soltó un alarido, horrorizada: un anciano de setenta años (calculó) la estaba estrujando apasionadamente.

-¿Cómo os atrevéis, pederasta de mierda?

El anciano, sorprendido y despechado, murmuró mientras se alejaba:

-Pero, ¿que querrá ésta, a sus sesenta y cinco?

sábado, 24 de mayo de 2008

MÁS SOBRE EL AMOR

Las promesas son la primera enfermedad del amor.

Las promesas que se hacen, y las que se piden. Incluso las que se piensan.

(El amor es presente, y toda fórmula de futuro lo debilita).

lunes, 19 de mayo de 2008

TRAICIÓN

(Repasando el blog antiguo creo que esta pequeña crónica también merece estar aquí. A mí me gusta, cosa rara cuando releo algo mío, aunque no he podido evitar algunas correcciones...)

Un verano sin ir a la aldea, y entonces volví con diecisiete años para darme cuenta de que ni la siembra, ni la siega, ni la majada. Ni el río. Ni él. Adiós a la inocencia, la libertad absoluta, comer sin hora, ver cómo bajaba el atardecer por el monte y salía la luna por detrás de la tapia del cementerio. Nunca más el picor de las ortigas, ni buscar fresas salvajes en el prado y caracoles entre las piedras de las lindes, y el pescar truchas a mano, subir a lo más alto del cerezo o esconderme a leer en el cuarto de la ropa limpia.

Nunca más se abriría una genciana ante mis ojos ni escucharía cantar a la curuja.

Estuve sólo dos semanas, mala señal: eran mis primeras vacaciones de asalariada. Aún no había agua corriente, y las campanas de la iglesia llamaban a misa como siempre: primera, segunda, tercera. Alcancé a ir a la romería del Carmen.

Él también fue.

Todos sabían, desde el verano de mis trece, con quién bailaba yo. Mi primo decía que ese moreno era gitano, pero creo que se burlaba de mí, aunque tanto hubiera dado. Vivía en la Villa, y su padre iba a la mina. Tenía los ojos más acuosos y más envolventes que he visto en mi vida; a veces hablaba, pero sobre todo me miraba. Y sonreía. Bailábamos sin decir palabra: todavía puedo sentir en mi espalda su mano mandona y oigo a la Orquesta Nopal. Luego, nos sentábamos y mirábamos al frente: sin la música no había excusa para tocarnos. Callábamos.

Ahora era un picador más en la mina. La boca se le había vuelto desdeñosa; el gesto, cansino; la mirada, impenetrable. Me enlazó después de un titubeo. Mi sonrisa, supongo, tenía más de pregunta que de saludo. Estuvimos bailando toda la noche.

A la vuelta se unió al grupo de nuestra aldea sólo por acompañarme. Cerca ya del puente, se paró junto a un castaño para pedirme un beso. El primero y el último. Fue un beso envolvente y acuoso como su antigua mirada. Me supo a sidra, a aliento de potro, a pena de puta vida.

Lo dejé allí donde mi perdida infancia.

martes, 13 de mayo de 2008

ARREBATO

(Este post lo publiqué en otro blog hace ya dos años. Lo suscribo hoy en todos sus términos.
Perdón a los lectores antiguos por la reedición, pero lo volví a leer, después de tanto tiempo, y...)


Tres de la mañana, sin sueño, fumando en el sofá junto al balcón abierto.

Pienso en ti.

Trabajas apasionadamente, aunque sin adicción, y eso me gusta más que tu inteligencia y más que tu culo. Estoy enamorada de la manera en que te entregas a tu trabajo. Morirías por él. Es la razón de tu vida, y todo lo demás – la música, el cine, los viajes de vacaciones, el reconocimiento público, yo misma – lo recibes como premios que la vida tiene a bien concederte. Tus hijos ostentan un estatuto diferente, ya que también darías tu vida por ellos, como yo por el mío.

No te da dinero, no te da poder... ¿O sí? ¿No es poder la seguridad de que aquello que estás haciendo modificará en algún sentido y para mejor, siquiera en una parte infinitesimal, el mundo en que te ha tocado vivir? Esa al menos es tu fe, y por ello te aplicas a hacerlo lo mejor que sabes, que es mucho.

Si, quizá sea por eso.

Te amé porque estás metido hasta el cuello en un territorio en estos tiempos devaluado, maldito, vilipendiado, ridiculizado, denostado, corrupto... Y ahí sigues: honesto, orgulloso de lo que haces, discreto en un mundo de figurones, de vuelta de muchas cosas y aún convencido.

Te amo porque sólo me pides amor, y aceptas como amor lo que te doy.

Te amaré si no abandonas – y a estas alturas es difícil el cambio –, si no te dejas dominar por el escepticismo y si no me pides más de lo que pueda darte libremente.

lunes, 5 de mayo de 2008

EL SÍNDROME DE STENDHAL

El síndrome de Stendhal es una enfermedad psicosomática que causa un elevado ritmo cardíaco, vértigo, confusión e incluso alucinaciones cuando el individuo es expuesto a una sobredosis de belleza artística, pinturas y obras maestras del arte.

Tiene esta denominación por el famoso autor francés del siglo XIX Stendhal (seudónimo de Henri-Marie Beyle), quien dio una primera descripción detallada del fenómeno que experimentó en su visita en 1817 a la Basílica de Santa Cruz en Florencia, Italia, y que publicó en su libro Nápoles y Florencia: Un viaje de Milán a Reggio.

Aunque ha habido muchos casos de gente que sufría vértigos y desvanecimientos mientras visitaba el arte en Florencia, especialmente en la Galleria degli Uffizi desde el principio del siglo XIX en adelante, no fue descrito como un síndrome hasta 1979, cuando la psiquiatra italiana Graziella Magherini observó y describió más de 100 casos similares entre turistas y visitantes en Florencia, la cuna del Renacimiento, y escribió acerca de él.

El síndrome de Stendhal, más allá de su incidencia clínica como enfermedad psicosomática, se ha convertido en un referente de la reacción romántica ante la acumulación de belleza y la exuberancia del goce artístico.

(Tomado de Wikipedia)

Y añado: no me han tenido que ingresar en un psiquiátrico gracias a que la ciudad está degradada hasta lo ofensivo, a que nos íbamos dosificando, a que los precios te ponían los pies en la cruda realidad y a que dormía la siesta...

martes, 29 de abril de 2008

PUENTE DE MAYO

Hace cinco siglos quise nacer en Florencia, pero me distraje con tanto jaleo de ciudades-estado y perdí el camino. Recalé en España, y aquí he estado reencarnándome hasta hoy.

Nunca fui. Estuve cerca, pero no pudo ser.

Mañana, por fin, salgo para allá. Llevo todo: una guía, las entradas para la Galeria dei Uffizi y para la Academia, un manual de italiano para viajeros y un miedo horrible, sobre todo a los turistas como yo, que uniformamos cualquier lugar.

Vuelvo el día cinco (supongo). No creo que os cuente nada, al menos de momento, porque me cuesta mucho trabajo traducir en palabras las cosas que voy viviendo: soy de digestiones lentas.

Sed felices.

martes, 22 de abril de 2008

RUTINAS

Él está en el estudio, ante la pantalla del ordenador, como siempre a esa hora.

Ella, como cada día, prepara la cena en la cocina; hoy toca ensalada. Abre el frigorífico, saca los tomates y la mozarella, busca el orégano entre las especias y arregla una salsa con aceite de oliva hojiblanca y vinagre de Módena.

Escoge un cuchillo del cajón de los cubiertos; comienza a cortar las hortalizas en finas rodajas que va colocando sobre una fuente cuadrada de porcelana blanquísima.

Cuando le llega el turno al queso, medita durante unos instantes, abre el grifo, se lava las manos y va hacia el comedor. Busca un paquete de cigarrillos y el móvil, se pone la gabardina, se cuelga el bolso al hombro y se va de la casa sin hacer ruido, para no molestar a su marido.

Nunca más.

miércoles, 16 de abril de 2008

AMOR

Entonces, ella le dijo:

- Sólo deseo que nunca tengas que demostrarme lo mucho que me quieres.

miércoles, 9 de abril de 2008

EMIGRANTE

Era joven, extranjera y sin papeles.

Había estudiado Veterinaria en su país, pero ni siquiera podía pagar el alquiler con lo que ganaba.

Aquí estaba, y venía decidida a todo. Le llegaron algunas propuestas que nada tenían que ver con su profesión, dudó, hizo números, consultó con su orgullo, sopesó los pros y los contras...

Cinco años alquilando su cuerpo y podría comprarse una casa en su país donde instalar su propia clínica.

Finalmente, se decidió: se puso a trabajar de criada por horas.


Actualización: Una casa en su país, claro.

sábado, 5 de abril de 2008

LA OTRA

A veces se encuentra consigo misma en el cuarto de estar y le da miedo. Entonces llama por teléfono a su hermana o a cualquier amiga y sale de casa sin preocuparse del maquillaje o de ponerse unos pendientes.

Pasa la tarde charlando de hijos o de enfermedades o de todo un poco, y regresa una hora prudente: su marido ya ha llegado, y la música que sale del cuarto de los chicos indica que, al menos uno de ellos, también.

Entra en la cocina y se dispone a hacer la cena.

Un día más ha conseguido evitarse: aborrece a esa estúpida que no pierde ocasión de interrogarle sobre asuntos que no le importan.

domingo, 30 de marzo de 2008

INTERIORES

Frente al cadáver, Ella recuerda que ése fue el primer hombre con quien engañó a su marido.

El esposo cae en la cuenta de que con el amigo muerto tuvo - hace ya décadas - su primera relación homosexual.

Los demás, cuando les saludan, sienten que están ante una de las parejas más unidas que conocen.

lunes, 24 de marzo de 2008

DEL AMOR

Amas a aquellos que te aportan lo que sientes que nadie más puede darte.

(Salvo a los hijos, a quienes amas porque tú les entregas lo que crees que nadie más puede ofrecerles).

Actualización: hablo del amor a los amigos, también.

lunes, 17 de marzo de 2008

HISTORIA EDIFICANTE

Cuando cumplí los ocho estaba enamorada de Rafa, el hijo del tabernero, que como mucho tendría uno o dos años más que yo. Era un secreto absoluto, lo cual, entonces, significaba que no había trascendido al mundo de los mayores, ni siquiera a mis hermanas.

Un día me preguntó si quería ser su novia. No había terminado de tartamudear que sí, maravillada de que el destino me ofreciera semejante regalo, cuando me hizo la primera proposición deshonesta de mi vida:

- Vamos a la azotea.

La azotea estaba prohibida. Le seguí sin dudarlo.

Esperaba un beso, un abrazo, no sé lo que esperaba. Rafa desabrochó la bragueta de su pantalón y se sacó su cosita:

-
Como ya somos novios, tienes que chupármela.

Perplejidad. Miré aquella lombriz de un rosa pálido con la mente en blanco. Lombriz, manos de Rafa sujetando la lombriz, Rafa diciendo un imperativo venga, chúpamela, y el calor inmisericorde de la hora de la siesta. Su pantalón era de un dril oscuro.

Desde luego que no iba a meterme aquel gusano en la boca.

El sábado fui a confesarme.

- Ave María Purísima

- Sin pecado concebida

- Padre, me acuso de haber tenido novio y...

- ¿Tú, mocosa?

A través de la rejilla del confesionario vi cómo el coadjutor disimulaba la risa con una tos mal fingida. La humillación fue tan cruel que no terminé de narrarle la historia; continué con los clásicos he mentido y he desobedecido a mi madre etcétera etcétera y si padre, prometo no volver a pecar.

Y al día siguiente comulgué sacrílegamente: las monjas vigilaban que todas y cada una de nosotras cumpliéramos con el sacramento, y a ver quién era la guapa que se lo saltaba.

No recuerdo haber vuelto a confesar que le había visto la pilila a un mocito.

(Moraleja primera: Nunca digas de este agua no beberé, que luego te haces mayor y la cosa cambia...

Moraleja segunda: si un cura se ríe de tus pecados, no sirve como confesor.

Moraleja tercera: cuando tengas a una monja tomando nota de tus actos, mantén el tipo a toda costa).


jueves, 13 de marzo de 2008

MARZO DE 1960

De pronto me he encontrado releyendo mis diarios (tengo exactamente 27 volúmenes en distintos formatos). Os transcribo - tal cual, lo juro con toda solemnidad - una página escrita en marzo del 60, quinceañera perdida.

"A
cabo de ver "El diario de Ana Frank". Bueno: el caso es que venía pensando muchas cosas a las que ahora no sé dar forma.

En primer lugar: Ana era judía, pero murió mártir de su religión ¿Estará en el Cielo?, a mí me parece que se lo merecía, porque era buena, aunque no beata. Dios tiene que tenerla consigo. Y como a ella, a todas las personas bondadosas que se mueran, aunque no sean católicas, aunque no hayan conocido la verdadera religión. No quisiera caer en ninguna herejía, pero me parece de justicia. Y Dios es Justicia.

Cuando pienso que, a veces, me considero infeliz porque no puedo hacer todo lo que quiero, me da vergüenza. Ana, a pesar de haber estado encerrada dos años entre aquellas tablas, a pesar de tener que oír continuamente todo aquel desbarajuste de riñas, bombardeos y niños jugando en la calle, sin poder salir a dar rienda suelta a su alma, todavía tenía ánimos para decir: "En el fondo todavía creo que las personas son buenas " ¡Cuando yo pienso que el mundo es injusto porque me han suspendido, o porque me censuran por salir con A. siendo tan joven, o por tonterías mayores!
Cuando mamá me regañe, como lo está haciendo ahora ("Creí que tenías prisa por acostarte, seguramente eso no tendrás tiempo a hacer eso mañana") Pensaré que Ana no hubiera podido remediarlo saliendo al pasillo, o yendo al Retiro de Amsterdam con Peter, como yo hago con A.

Ana personifica los quince años. también a mí me hubiera gustado ser actriz de cine, bailarina, escritora ¡Con tal de salir de la vulgaridad! Me molesta ser vulgar, me ha molestado siempre. Cuando sueño despierta, siempre me convierto en una gran artista o una gran escritora. Si: ser una escritora de la que hablase todo el mundo, pero que todo eso fuera ahora, a los quince años: "Joven escritora española escribe la novela del año" Se titularía... No sé qué título tendría, pero llevaría consigo un mensaje pidiendo a los mayores comprensión para los jóvenes, a los jóvenes comprensión para los mayores, y a todos en general, Amor, mucho Amor.

Si la gente se amase, no habría cada día tantas Ana Frank de todas las edades y razas. Hoy les toca a las niñas negras: ayer fue a las judías alemanas ¡Quién sabe si mañana no será a las católicas españolas!

No sé qué haré con mi diario cuando lo termine: probablemente, lo guardaré entre los cuadernos de autógrafos, para leerlo cada vez que limpie mi cajón, o quizás me serviré de él para recoger notas para alguno de mis futuros libros, o se lo leeré a mis hijas el día que Dios me las haya querido dar... Pero me hubiese gustado que hiciera tanto bien a la Humanidad como estoy segura de que lo ha hecho el de Ana".

Ahí queda eso.

jueves, 6 de marzo de 2008

LAMENTÁNDOLO MUCHO...

Este ha sido un experimento para-literario fallido. Imaginé que tendría interés relatar lo que una mujer puede disfrutar del sexo y del amor, dada la fama que tenemos de victimistas. Ahora no me gusta cómo está quedando, y doy la razón a quienes me critican que no hay unos personajes y una trama que enganchen, sólo un lenguaje procaz para describir una sucesión de escenas que no conducen a ninguna parte.

Toda historia de amor - y ésta es una formidable historia de amor real que no he sabido contar - tiene un final. Creo que es mejor que Humo haya muerto el día de su cumpleaños. Quizá un ictus cerebral: algo indoloro, inesperado y fulminante. No hubo entierro, porque ella había pedido que se donara su cuerpo a la Facultad de Medicina de la Complutense.

Ya está.


Gracias en su nombre a todos los que os habéis pasado por aquí.

Un saludo,

Benjuí

(De momento, no voy a cerrar esta bitácora, pero no sé de qué tratará en el futuro).

martes, 26 de febrero de 2008

CUMPLEAÑOS

Salgo de la ducha y me enfrento desnuda al espejo, intentando quizá averiguar qué ves cuando me miras. Mis ojos son tan crueles como ese cristal, pero lo es más aún mi inteligencia, y aunque no viera lo que veo sabría que los años devalúan un cuerpo, cualquier cuerpo.

Esa de ahí soy yo envejecida.

No: esa de ahí soy yo.

Repaso con los dedos el cuerpo que amas.

Vuelvo a contemplarme. Si yo fuera sólo lo que ese reflejo muestra nunca me habrías amado. Trasciendo esa imagen, soy mucho más que esa mujer mayor con el pelo mojado. Sonrío, pues, para verme sonreír, y ahora me vestiré y me maquillaré para ir a celebrar contigo mi sexagésimo tercer cumpleaños.

martes, 19 de febrero de 2008

AQUELLA NOCHE

Atrajiste mi cabeza hacia ti con un suspiro casi de exasperación, no sé si porque no podías resistir más o porque habías resistido demasiado. Dije lo más absurdo, lo menos romántico, lo más inadecuado, aunque con un tono irónico, por si acaso:

- Has tardado diez años en tocarme. Me estás tocando.

La primera frase, por cierto, no se correspondía con la verdad, ya que habíamos bailado juntos, nos habíamos saludado con la consabida fórmula del beso en cada mejilla, en fin. La segunda era tan evidente que resultaba ridículo subrayarla. Pero tú me entendiste.

Esperaba que sucediera, ahora que no trabajábamos juntos, es más: pensaba que era la última oportunidad y por eso, después de la cena, cuando me preguntaste a dónde quería que fuéramos, recordé que siempre es preferible jugar en casa. Aquí vinimos.

Creo que preparé unas caipirinhas, y continuamos hablando de política. No pensaba dar yo ni un paso más, y empezaba a pensar que me había puesto en evidencia inútilmente.

Pero sucedió.

Y me besaste de una manera que expresaba todas tus carencias y prometía remediar las mías.

(Ahora, a veces, te lamentas del tiempo perdido, y ya sabes qué respondo: antes no hubiera sido posible).

miércoles, 13 de febrero de 2008

DISCUSIÓN

Tú dices que nos ha tocado una lotería; yo afirmo que he encontrado el tesoro que andaba buscando: alguien que me provocara el deseo cada vez que se presenta la ocasión - y a veces también en el momento más inoportuno - la curiosidad por conocer el mapa de tus placeres; el goce de poder usarte como juguete para mi disfrute y con tu anuencia; el tránsito verbenero por el camino inacabable de la desinhibición; el placer de acogerte como discípulo de mi cuerpo para diversión de ambos...

Respondes que para llevarse el premio hay que apostar como nosotros lo hicimos; replico que cuando nos encontramos hubo un largo tiempo de tanteo intelectual, temores sentimentales y el esfuerzo por encontrar un lenguaje común que no se correspondiera con el puro azar o el riesgo de la aventura a secas...

Tú aduces que...

Casi siempre terminamos enredados en un abrazo silencioso con el que venimos a admitir que da igual el motivo.

Es vocación de goce mutuo, algo tan sencillo y tan difícil.

jueves, 7 de febrero de 2008

POSESIÓN

Te deseo mientras estamos en la cama, y mientras trabajo, y cuando escribo. No puedo dejar de pensar en la próxima vez, o en la anterior, o en todas las veces que hemos follado juntos. Me excita la manera que tienes de estar junto a mí, todos los besos que me has dado y los que me darás.

No me importaría que fueras una mujer. No me importaría que fueras un anciano de noventa años o un chiquillo de veinte. No me importaría si fueras el mismísimo demonio: como fuera, donde fuera y cuando fuera reconocería que ese sexo era para mí, y te induciría a subyugarme.

Soy prisionera de tu cuerpo: en él reside todo el sexo que ambiciono en este mundo, porque dejándome raptar por él he experimentado lo inefable. Beso el olor que desprendes, me abrazo a tus ojos, mastico tus palabras, te entrego mis orgasmos y tomo posesión de los tuyos con una alegría fiera: existes, estás conmigo, somos, vivimos, nos hemos encontrado, entre los dos hemos descubierto quiénes somos en verdad y juntándonos satisfacemos el hambre de totalidad que nos consume.

jueves, 31 de enero de 2008

ARROZ CON LECHE

(Homenaje a Isabel Allende y su "Afrodita". Y a M.Vázquez Montalbán, por supuesto)


Llegarías a Madrid para comer. Ya había hecho la compra y no me apetecía volver a bajar, mejor darte una sorpresa con tu postre favorito.

Se ponen a hervir en una olla seis cucharadas de arroz de paella - no basmati, no integral, sino el que se usa en España normalmente - con el agua justo para cubrirlo; se deja hervir un minuto y se vierten en la olla 3/4 de litro de leche entera, la cáscara de un limón sin lo blanco y una varilla de canela, removiendo todo bien con una cuchara de madera: lo más importante es que en ningún momento se pegue el arroz al fondo. Se espera a que comience a hervir y se baja el fuego al mínimo.

Hay que vigilar constantemente, me he ido pintando las uñas de los pies en la misma cocina: un pie, y remuevo; otro pie, y vuelvo a remover. Me gusta el esmalte rojo casi berenjena, creo que me lo puedo permitir.

A los quince minutos -
cuando las uñas estaban secas - de cocción lenta, añado ocho cucharadas de azúcar, y vuelta a remover: no se debe dejar que se forme nata en la superficie y suba.

He ido alternando cocina y baño: crema hidratante, remuevo; máscara de pestañas, y vuelta a darle a la cuchara; Billie Holiday había quedado en silencio y elegí en su lugar a Piazzola; saqué los tomates y el jamón del frigorífico para que la ensalada no estuviera demasiado fría, y remuevo; puse la mesa y vuelvo a vigilar el arroz.

A los cincuenta minutos, más o menos, aquello ha adquirido una consistencia cremosa: es el momento de mayor peligro, es necesario remover sin parar porque el grano se puede pegar al fondo con mayor facilidad; tengo que decidir si añado más leche o lo dejo tal cual. Esta vez añado un chorrito, lo justo para que me de un buen feeling: hay que tener en cuenta que al enfriar, el arroz absorbe más líquido. Apago el fuego, incorporo un par de cucharadas de nata sin montar, y remuevo por última vez. Vierto el postre en una fuente honda y espolvoreo canela en polvo - no demasiada - por encima.

Terminé a las doce y media de la tarde: quedaban (tres horas para que el dulce se enfríe a la temperatura ambiente, jamás en el frigorífico, a no ser que nos sobre algo para el día siguiente) dos horas para verte y algo más para disfrutar de tu expresión de arrobo mientras paladeabas el postre.

Si de algo estaba segura, es de que me lo ibas a agradecer conforme a mi deseo.


viernes, 25 de enero de 2008

ELECCIÓN

Trabajo, relaciones sociales, parentela, vecinos, política, sindicato, viajes, vacaciones, hijos, enfermedades, dinero, casa, descanso dominical, amigos, la compra en el supermercado, lluvia o frío o demasiado calor, insomnio…

Tú eres otro universo. No tienes nada que ver con el resto de mis cosas, de la vida tal y como entiendo que es: una sucesión de momentos felices que pasan en un suspiro y situaciones conflictivas que debo resolver un momento más tarde, proyectos que culminan o acaban diluyéndose. No estás en el paquete.

Hemos renunciado a lo doméstico y a lo cotidiano, al compromiso, a cuidar uno del otro, a la cuenta corriente compartida, a las cenas con amigos, a ser una pareja, en fin: a todo aquello que envuelve, oculta, estorba, amenaza, sentencia. Es nuestra historia, y la estamos viviendo despojada de todo lo accesorio.

Quizá este amor, tal y como lo vivo, sea una pura construcción mental. Tú vienes a ser como una entrada para ir al cine y meterme dentro de la película. Cuando nos separamos, se acaba la sesión. Fin. Hasta la próxima. Salgo a lo cotidiano y espero el siguiente viaje.

Prefiero la intensidad de nuestros encuentros a la protección del feliz matrimonio, sancionado o no por la ley: mi vida es mía y no la quiero poner bajo la tutela de las decisiones negociadas, aunque la independencia sea un producto caro.

Sufriremos el uno por el otro, pero no todavía.

lunes, 21 de enero de 2008

DESEO

Este post estaba en otro blog que abandoné porque de pronto me sentí encerrada - como seguramente acabará ocurriendo con éste - en un personaje y no pude soportarlo.
Me he dado cuenta de que allí resultaba incongruente, y que éste es su verdadero lugar.

Nada más llegar tú, en la cocina. Intento prepararte un té, mientras nos ponemos al día con frases rápidas y cortas.

Has estado fuera dos semanas, y el deseo de verte ha ido cobrando fuerza alrededor de mi pelvis y me oprime los riñones, me tiene prisionero el estómago. Te has dado cuenta con el primer beso, porque no he podido evitar que mi cuerpo hablara por mí, y tus caricias se vuelven indiscretas, indagando allí donde sabes que vas a paralizarme, vas a dejarme a merced de los movimientos de tu mano, y evocándolo en este momento otra vez se me acelera el pulso y me da calentura.

Intento mantener el tipo, acabar la tarea que me traigo entre manos. Me resisto a dejarme llevar porque vendrá un latigazo de placer sin apenas saborear su inminencia y luego me quedaré de pie y desmadejada. Sin embargo, tu boca me sujeta tanto como tus brazos; tus dedos retiran mis bragas y acarician, primero suavemente, luego con firmeza, allí donde sabes que está mi debilidad; insistes decididamente hasta que mi cuerpo se desvincula de mi voluntad y se somete a tu ritmo eficacísimo.

Viene como cuando muerdes la primera fresa de la temporada, y entonces quiero más y te llevo rápidamente a la cama.

miércoles, 16 de enero de 2008

CONFESIÓN

Siempre es Él. Siempre ha sido Él. Siempre será Él.

Todos los hombres con los que estuve, retocé, forniqué, amé, coqueteé. Todos aquellos de quienes fui novia, esposa, amante, compañera, amiga. Todos a los que miré, deseé, besé, acaricié, abracé.

Cada uno tenía una cualidad que después encontré en Él.

(Entre ellos - no muchos, la verdad - hubo algunos que dejaban asomar la ternura por algún descosido del alma. Los más tenían un cerebro interesante. Pocos la pasión política. Un par, el porte. Alguno quizá me haya amado más, pero no de esta manera. Una parte de mí disfrutó con cada uno)

Todos se le parecían, en un sentido u otro.

Pero eso lo he sabido después.

sábado, 12 de enero de 2008

PRÓLOGO

San José de Costa Rica. 1998.

Tras la cena y las copas, unos cuantos nos demoramos charlando en el lobby del hotel, aunque nosotros dos nos retiramos antes que los demás: tú regresabas a España en poco más de cinco horas, y yo debía moderar la primera mesa redonda del día siguiente. Subimos las escaleras juntos, despacio, hablando lánguidamente. Nuestras habitaciones estaban en la misma planta y allí, junto al ascensor, nos paramos, uno frente al otro, muy cerca, en una penumbra sugerente.

Tomaste mi cara con ambas manos, pero una fracción de segundo después te arrepentiste: tuviste una ligerísima duda, tan tenue que si no estuviera bebida no la hubiera percibido. Pensaste: ahora no puede ser.

Sin embargo, era demasiado tarde: ya me había atrapado la tremenda carga erótica que emanaba aquel gesto; me di cuenta - casi al tiempo - de que hubieras querido arrancarme la ropa allí mismo, que yo lo hubiera permitido y que me habías cedido la iniciativa.

Cuánto me hubiera apetecido agarrarte de la corbata y llevarte a mi habitación, averiguar quién eras desnudo y cómo era yo desnuda contigo.

Por primera... Y quizá por última vez.

Jugadora de cartas como soy desde tiempos inmemoriales, evalué mis posibilidades y arrojé los naipes: contigo, mejor esperar una mano más propicia. Mis labios pasaron a dos milímetros de los tuyos para dirigirse a tu barbuda mejilla, sin que tú hicieras nada para conseguir otra cosa que los consabidos besitos de protocolo.

- Hasta Madrid.

No recuerdo qué murmuraste tú; vi de refilón que recomponías el gesto, escondí mis ojos de los tuyos y di media vuelta: en ese momento me estaba enamorando de ti, idiota.


Mientras nos alejábamos el uno del otro, por aquel pasillo cuyas luces se iban encendiendo según pisábamos los sensores ocultos por la moqueta, me decía a mí misma: mira por donde, y a mi edad, es posible que...

martes, 8 de enero de 2008

AMENAZA

Lo haré. Algún día lo haré: ataré tus manos y tus pies, te vendaré los ojos y haré voto de silencio mientras te conduzco al territorio de lo táctil.

No podrás espiar mi gesto. No sabrás qué pienso. Sólo sentirás a través de tu piel.

Primero pasearé mis labios por los tuyos, los deslizaré por el contorno de tu rostro para llegar a las orejas, que lameré hasta donde pueda alcanzar. Reprimiré el suspiro que quiera escaparse cuando baje hacia tu cuello, para que no sepas cuánto me excita el olor caliente que desprende. Con un dedo modelaré tus muslos para que tomes conciencia de ellos y amagaré un camino hacia tu polla expectante; aún no te habrás empalmado, sorprendido y desorientado como estarás.

Cuando apoye mi cara sobre tu pecho intentarás imaginar otros momentos semejantes para no sentirte tan vulnerable, pero lo no permitiré: avanzaré la lengua hacia tus pezones, las manos sujetando tus muslos, todo el peso de mi cuerpo sobre el tuyo, y sonreiré quedamente cuando intentes atisbar siquiera una sombra a través del antifaz. Lucharás sin violencia e inútilmente por salir de esa prisión sensorial, atenuada no obstante por la calidez de mis caricias.

Pasaré de lamerte a morderte y pellizcarte con remilgada picardía: tienes lugares mágicos - junto al ombligo, en las caderas, en los brazos - de los que aún no eres consciente, y habré de obligarte a descubrirlos negándote la posibilidad de mirar y de hacer. Me frotaré contra ti como si el frío nos fuera a matar para después chuparte los dedos como si fueran helados de limón. Soplaré sobre tus ingles, besaré tus muñecas y el envés de los codos y pasaré las uñas por tu cintura. Amasaré tus nalgas. Apoyaré mi boca en tu garganta. Robaré calor de tus piernas a causa de mis pies fríos. Te estrecharé entre mis brazos. Pasaré por tu espalda mi pelo y enredaré en el tuyo mis dedos. Recostaré mis tetas en tu vientre. Tus hombros enrojecerán por la insistencia de mis dientes. Exhalaré un tórrido aliento sobre tus testículos.

Sólo llegaré hasta tu pene cuando te sientas todo piel sexuada. Aunque haya de retrasar mi propio orgasmo, no cejaré en mi empeño de sentir cómo te crece a instancia de esos rincones vírgenes que yo habré liberado para nuestro placer.

Después, no sé.

jueves, 3 de enero de 2008

EPIFANÍA

Tus besos hoy en la cicatriz de mi garganta. Suaves tiernas delicadas auténticas transparentes conscientes concluyentes declaraciones de amor en mi cuello agredido y ya curado pero aún deformado por esa línea roja. Me sorprendo a mí misma pensando que tu delicadeza para conmigo es fruto de esta pasión madura que no busca la posesión, sino que se recrea en la existencia del otro, sin más. Entonces he buscado tu lengua mientras mis manos paseaban por tu piel a su albedrío.

Yo definitivamente desnuda y enredada en tu cuerpo.

Hemos follado después como dos enajenados, buscando el placer del uno para el otro y del uno en el otro con una ciega determinación: no podemos luchar contra el tiempo pero no hay droga mejor para huir de lo inexorable.

Has satisfecho mi hambre comiéndome, y bebiéndote he conseguido colmar tu celo.

(Luego nos hemos estado mirando a los ojos, y sonreíamos).