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domingo, 21 de diciembre de 2008

AL FILO DE LOS CINCUENTA

Su marido la ha abandonado. De ayer para hoy, sin explicaciones. Ni siquiera puede llorar. No lo entiende, y por tanto no sabe si tiene que desesperarse o deprimirse o matar a la guarra que se lo ha arrebatado en caso de que exista una guarra que se lo haya arrebatado.

Le ha dejado una nota pegada en el espejo del cuarto de baño:

"Lo siento, pero no puedo más. Te tengo mucho cariño, y no me perdono el daño que te estoy haciendo. Me voy. No me busques, ya te llamaré cuando sea capaz. Enrique"

Veinte años de matrimonio.

Un hombre perfecto: detallista, trabajador, amable, poco exigente... Demasiado callado, tal vez, y poco imaginativo. Algo aburrido, cierto, pero cariñoso y tranquilo, y nada exigente en el sexo; de hecho, llevan cuatro o cinco años sin echar un polvo.

- Es que, con el tiempo -dice en voz baja y quizá convencida- la pasión desaparece y queda el amor.

Está segura de que volverá: es imposible que esto esté sucediendo, que le esté sucediendo a ella.

(Lo cierto es que Enrique se ha marchado a vivir con quien considera el amor de su vida: el Director Gerente de su empresa)


lunes, 15 de septiembre de 2008

MATRIMONIO (II)

Ella no es inocente. Es dulce, cariñosa y comprensiva, pero en absoluto inocente.

Se casó enamorada, y virgen - su madre le había advertido hasta el cansancio: si te dejas desvirgar pierdes valor y te quedarás soltera - pero además hizo lo que se llamaría una buena boda teniendo en cuenta su entorno, e inició su nueva vida como dueña de casa (nada de alquileres) y liberada para siempre de trabajar en la fábrica. A los veinticinco años había logrado su objetivo en la vida, quién como ella.

Durante los cincuenta años que dura su matrimonio hasta hoy, para evitar conflictos se ha ejercitado en el arte del disimulo y de la mentira con una eficacia admirable, y lo mismo da que se trate de cuestiones económicas, familiares o sexuales, porque controla cualquier situación inventando el argumento más adecuado a sus intereses: la comida está cara (para las sisas), mi madre está enferma (para salir una tarde sin él), se me ha caído de las manos (para deshacerse de la horrenda figura de terracota que la suegra trajo de Salamanca), y, en fin, cuando su santo esposo demanda el uso de matrimonio - la expresión no es mía, sino de la Iglesia Católica - alterna el me duele la cabeza con los ay, qué gusto y qué bien que él ha aceptado siempre con la fe estúpida del macho prepotente e ignorante, y sólo si hay un cielo y un infierno tendrá que explicarle allí que el sexo jamás la ha interesado y desconoce lo que es un orgasmo.

Cuando tiene un capricho y su marido no quiere comprárselo (más a menudo de lo que sería aceptable para cualquiera), saca dinero del escondite y se lo da a alguno de los chicos para que haga la compra y se presente en casa con el regalo.

Tranquilidad total en un hogar perfectamente estructurado.

(En mi opinión es la más inteligente, adaptada e integrada de la familia: encontró lo que quería y paga el precio sin más quejas que las confidencias que deposita en su hermana menor).

Son la pareja perfecta.

sábado, 9 de agosto de 2008

EQUILIBRIOS

Creía haber encontrado la fórmula, hasta que se dio de cara con el amor.

Sufrió una crisis.

Como era persona práctica, meditó sobre el asunto, aceptó su error y modificó la ecuación:

felicidad = ( matrimonio + hijos + familia) + adulterio.

Su cónyuge miró hacia otro lado: hacía tiempo que había subsanado el yerro. A su amante ni se le había pasado por la cabeza otra cosa, dado que también era de la cofradía de la estabilidad.

...
Y comieron perdices.


jueves, 31 de julio de 2008

EXAMEN (DE CONCIENCIA)

SUPUESTO A:

Irene tiene quince años. Su padre intenta abusar de ella sexualmente; ella se lo cuenta a su madre y ésta se va con la niña, denuncia el caso, consigue una orden de alejamiento y pide el divorcio (por este orden).

SUPUESTO B:

Elena también ha cumplido los quince, y tiene que afrontar la misma situación, pero no se atreve a hablar con nadie y el mamonazo del padre consigue su propósito.

SUPUESTO C:

Mariví, quinceañera igualmente, acude a su madre cuando se ve acosada por su querido papá, pero no consigue ser creída; la niña se escapa de casa y no vuelve a aparecer.

A partir de los planteamientos anteriores, responda razonadamente:

1.- ¿Una educación adecuada hubiera servido para que, en los supuestos B y C , el progenitor se hubiera ido al campo a follar puercoespines antes de tocarles un pelo a sus respectivas hijas?

2.- ¿Debería pagarle la Seguridad Social unas gafas a la madre del supuesto C?

3.- ¿Cree usted que en nuestra amada España estas cosas no pasan, faltaría plus?

martes, 22 de julio de 2008

DESAHOGOS

Odio a mi nueva vecina.

Tiene la costumbre de discutir a voz en grito con su hija - cuando está con ella, porque vive con el padre: imposible no enterarse - por cualquier cosa y a cualquier hora, insultos incluidos. Ha comprado en primavera un montón de plantas que luego ha descuidado hasta que en las jardineras sólo quedan unas hojitas chamuscadas. Pone a todo volumen la banda sonora de la última película cursi que ha visto. Se queja de sus desgracias asomada a la terraza mientras habla por teléfono y, ahora, se ha comprado una webcam: le ha dado por el sexo en Internet.

Nada que objetar a los modos y maneras de resolver sus necesidades, salvo que me da la paliza a la una o las dos de la mañana, y no es plan: yo trabajo, no vivo de la pensión que me pasa mi ex.

Al principio pensaba que le daban ataques de histeria (¡Ah, ah! ¡hi, hiiiiiiiiii!, ¡Ay, ay!), pero con los días llegué a entender que no era posible, porque la cosa comenzaba con risitas ahogadas, alguna frase susurrante, intervalos de silencio en los que casi me dormía, más risitas menos ahogadas con nuevo sobresalto por mi parte y traca final con jadeos, suspiros y quejiditos que he terminado por interpretar como un orgasmo que aún no he decidido si es verdadero o falso. No hay interlocutor audible. Media hora en total.

Una preciosa media hora de sueño que me roba, la muy zorra.

Si le diera por conectarse a las ocho de la noche, mi alma de portera hubiera exigido pegar la oreja y tomar buena nota del proceso; es la hora, la hora a la que le da por desahogarse, lo que me tiene amargada. La hora y su ignorancia de las normas mínimas de respeto por la vida de los demás.

Hago autocrítica: ¿Doy yo esas voces? ¿Doy esos ridículos gemidos cuando practico el sexo? ¿Comunico a mis vecinos que estoy follando con la misma desfachatez? ¿Es necesario molestar al personal para divertirse?

Mi amigo niega: soy discreta como una gata.

Menos mal.

Aunque las gatas maúllan que es un escándalo cuando están en celo, recuerdo.

Como una gata discreta, rectifica.

(Eché raíces en este piso porque está en pleno Madrid y rodeado de jardines: a estas horas, con todas las ventanas abiertas, sólo se escuchan las voces de los críos jugando o alguien llamando a su perro. Ella no está en casa: esperemos que esta noche vuelva cansada y no encienda el ordenador).