miércoles, 1 de octubre de 2008
EL IDIOMA DEL AMOR (O DEL SEXO, NO ESTOY SEGURA).
Quizá la francesa, aine, evoca con cierto parecido la suavidad de esa hendidura tuya, y ya me fastidia caer en el tópico.
Otro día buscaré el idioma adecuado para otras partes de tu cuerpo que me subyugan.
viernes, 5 de septiembre de 2008
MIMOS
"Pues, si: a pesar de lo que tú creas, mientras follamos también me mimas.
Cuando estoy fumándome un cigarrillo y te pones a besarme la barriguita, o más abajo, o más abajo aún.
Cuando te quedas mirándome y me dices "¡Cómo me gustas!"
Cuando me preguntas si estoy cómoda, o si voy a estar cómoda, o si me duele la espalda.
Cuando me besas despacito en los labios.
Cuando te pones a acariciarme sin decir nada, suave suave suave suave.
Cuando escuchas con una sonrisa atenta mis peroratas, aunque esté fumada y se me vaya la olla.
No sé si habrás hecho lo mismo con todas las mujeres con las que te has acostado; pero si no hubieras sido así conmigo desde el principio (acuérdate que el primer día, mientras nos besábamos de pie junto a mi cama, casi a oscuras, ya te dije que me parecías muy tierno), si no me hubieras mimado, no me hubiera dejado ir de la manera que lo hago contigo.
Ese es el secreto, me parece.
Por eso lo primerito y principal que echo en falta cuando no estamos juntos son los mimos que me das.
Que lo sepas".
lunes, 19 de mayo de 2008
TRAICIÓN
Un verano sin ir a la aldea, y entonces volví con diecisiete años para darme cuenta de que ni la siembra, ni la siega, ni la majada. Ni el río. Ni él. Adiós a la inocencia, la libertad absoluta, comer sin hora, ver cómo bajaba el atardecer por el monte y salía la luna por detrás de la tapia del cementerio. Nunca más el picor de las ortigas, ni buscar fresas salvajes en el prado y caracoles entre las piedras de las lindes, y el pescar truchas a mano, subir a lo más alto del cerezo o esconderme a leer en el cuarto de la ropa limpia.
Nunca más se abriría una genciana ante mis ojos ni escucharía cantar a la curuja.
Estuve sólo dos semanas, mala señal: eran mis primeras vacaciones de asalariada. Aún no había agua corriente, y las campanas de la iglesia llamaban a misa como siempre: primera, segunda, tercera. Alcancé a ir a la romería del Carmen.
Él también fue.
Todos sabían, desde el verano de mis trece, con quién bailaba yo. Mi primo decía que ese moreno era gitano, pero creo que se burlaba de mí, aunque tanto hubiera dado. Vivía en la Villa, y su padre iba a la mina. Tenía los ojos más acuosos y más envolventes que he visto en mi vida; a veces hablaba, pero sobre todo me miraba. Y sonreía. Bailábamos sin decir palabra: todavía puedo sentir en mi espalda su mano mandona y oigo a la Orquesta Nopal. Luego, nos sentábamos y mirábamos al frente: sin la música no había excusa para tocarnos. Callábamos.
Ahora era un picador más en la mina. La boca se le había vuelto desdeñosa; el gesto, cansino; la mirada, impenetrable. Me enlazó después de un titubeo. Mi sonrisa, supongo, tenía más de pregunta que de saludo. Estuvimos bailando toda la noche.
A la vuelta se unió al grupo de nuestra aldea sólo por acompañarme. Cerca ya del puente, se paró junto a un castaño para pedirme un beso. El primero y el último. Fue un beso envolvente y acuoso como su antigua mirada. Me supo a sidra, a aliento de potro, a pena de puta vida.
Lo dejé allí donde mi perdida infancia.
martes, 13 de mayo de 2008
ARREBATO
Perdón a los lectores antiguos por la reedición, pero lo volví a leer, después de tanto tiempo, y...)
Tres de la mañana, sin sueño, fumando en el sofá junto al balcón abierto.
Pienso en ti.
Trabajas apasionadamente, aunque sin adicción, y eso me gusta más que tu inteligencia y más que tu culo. Estoy enamorada de la manera en que te entregas a tu trabajo. Morirías por él. Es la razón de tu vida, y todo lo demás – la música, el cine, los viajes de vacaciones, el reconocimiento público, yo misma – lo recibes como premios que la vida tiene a bien concederte. Tus hijos ostentan un estatuto diferente, ya que también darías tu vida por ellos, como yo por el mío.
No te da dinero, no te da poder... ¿O sí? ¿No es poder la seguridad de que aquello que estás haciendo modificará en algún sentido y para mejor, siquiera en una parte infinitesimal, el mundo en que te ha tocado vivir? Esa al menos es tu fe, y por ello te aplicas a hacerlo lo mejor que sabes, que es mucho.
Si, quizá sea por eso.
Te amé porque estás metido hasta el cuello en un territorio en estos tiempos devaluado, maldito, vilipendiado, ridiculizado, denostado, corrupto... Y ahí sigues: honesto, orgulloso de lo que haces, discreto en un mundo de figurones, de vuelta de muchas cosas y aún convencido.
Te amo porque sólo me pides amor, y aceptas como amor lo que te doy.
Te amaré si no abandonas – y a estas alturas es difícil el cambio –, si no te dejas dominar por el escepticismo y si no me pides más de lo que pueda darte libremente.
miércoles, 16 de abril de 2008
lunes, 24 de marzo de 2008
DEL AMOR
(Salvo a los hijos, a quienes amas porque tú les entregas lo que crees que nadie más puede ofrecerles).
Actualización: hablo del amor a los amigos, también.
lunes, 17 de marzo de 2008
HISTORIA EDIFICANTE
Un día me preguntó si quería ser su novia. No había terminado de tartamudear que sí, maravillada de que el destino me ofreciera semejante regalo, cuando me hizo la primera proposición deshonesta de mi vida:
- Vamos a la azotea.
La azotea estaba prohibida. Le seguí sin dudarlo.
Esperaba un beso, un abrazo, no sé lo que esperaba. Rafa desabrochó la bragueta de su pantalón y se sacó su cosita:
- Como ya somos novios, tienes que chupármela.
Perplejidad. Miré aquella lombriz de un rosa pálido con la mente en blanco. Lombriz, manos de Rafa sujetando la lombriz, Rafa diciendo un imperativo venga, chúpamela, y el calor inmisericorde de la hora de la siesta. Su pantalón era de un dril oscuro.
Desde luego que no iba a meterme aquel gusano en la boca.
El sábado fui a confesarme.
- Ave María Purísima
- Sin pecado concebida
- Padre, me acuso de haber tenido novio y...
- ¿Tú, mocosa?
A través de la rejilla del confesionario vi cómo el coadjutor disimulaba la risa con una tos mal fingida. La humillación fue tan cruel que no terminé de narrarle la historia; continué con los clásicos he mentido y he desobedecido a mi madre etcétera etcétera y si padre, prometo no volver a pecar.
Y al día siguiente comulgué sacrílegamente: las monjas vigilaban que todas y cada una de nosotras cumpliéramos con el sacramento, y a ver quién era la guapa que se lo saltaba.
No recuerdo haber vuelto a confesar que le había visto la pilila a un mocito.
(Moraleja primera: Nunca digas de este agua no beberé, que luego te haces mayor y la cosa cambia...
Moraleja segunda: si un cura se ríe de tus pecados, no sirve como confesor.
Moraleja tercera: cuando tengas a una monja tomando nota de tus actos, mantén el tipo a toda costa).
jueves, 6 de marzo de 2008
LAMENTÁNDOLO MUCHO...
Toda historia de amor - y ésta es una formidable historia de amor real que no he sabido contar - tiene un final. Creo que es mejor que Humo haya muerto el día de su cumpleaños. Quizá un ictus cerebral: algo indoloro, inesperado y fulminante. No hubo entierro, porque ella había pedido que se donara su cuerpo a la Facultad de Medicina de la Complutense.
Ya está.
Gracias en su nombre a todos los que os habéis pasado por aquí.
Un saludo,
Benjuí
(De momento, no voy a cerrar esta bitácora, pero no sé de qué tratará en el futuro).
martes, 26 de febrero de 2008
CUMPLEAÑOS
Esa de ahí soy yo envejecida.
No: esa de ahí soy yo.
Repaso con los dedos el cuerpo que amas.
Vuelvo a contemplarme. Si yo fuera sólo lo que ese reflejo muestra nunca me habrías amado. Trasciendo esa imagen, soy mucho más que esa mujer mayor con el pelo mojado. Sonrío, pues, para verme sonreír, y ahora me vestiré y me maquillaré para ir a celebrar contigo mi sexagésimo tercer cumpleaños.
martes, 19 de febrero de 2008
AQUELLA NOCHE
- Has tardado diez años en tocarme. Me estás tocando.
La primera frase, por cierto, no se correspondía con la verdad, ya que habíamos bailado juntos, nos habíamos saludado con la consabida fórmula del beso en cada mejilla, en fin. La segunda era tan evidente que resultaba ridículo subrayarla. Pero tú me entendiste.
Esperaba que sucediera, ahora que no trabajábamos juntos, es más: pensaba que era la última oportunidad y por eso, después de la cena, cuando me preguntaste a dónde quería que fuéramos, recordé que siempre es preferible jugar en casa. Aquí vinimos.
Creo que preparé unas caipirinhas, y continuamos hablando de política. No pensaba dar yo ni un paso más, y empezaba a pensar que me había puesto en evidencia inútilmente.
Pero sucedió.
Y me besaste de una manera que expresaba todas tus carencias y prometía remediar las mías.
(Ahora, a veces, te lamentas del tiempo perdido, y ya sabes qué respondo: antes no hubiera sido posible).
miércoles, 13 de febrero de 2008
DISCUSIÓN
Respondes que para llevarse el premio hay que apostar como nosotros lo hicimos; replico que cuando nos encontramos hubo un largo tiempo de tanteo intelectual, temores sentimentales y el esfuerzo por encontrar un lenguaje común que no se correspondiera con el puro azar o el riesgo de la aventura a secas...
Tú aduces que...
Casi siempre terminamos enredados en un abrazo silencioso con el que venimos a admitir que da igual el motivo.
Es vocación de goce mutuo, algo tan sencillo y tan difícil.
jueves, 7 de febrero de 2008
POSESIÓN
Te deseo mientras estamos en la cama, y mientras trabajo, y cuando escribo. No puedo dejar de pensar en la próxima vez, o en la anterior, o en todas las veces que hemos follado juntos. Me excita la manera que tienes de estar junto a mí, todos los besos que me has dado y los que me darás.
No me importaría que fueras una mujer. No me importaría que fueras un anciano de noventa años o un chiquillo de veinte. No me importaría si fueras el mismísimo demonio: como fuera, donde fuera y cuando fuera reconocería que ese sexo era para mí, y te induciría a subyugarme.
Soy prisionera de tu cuerpo: en él reside todo el sexo que ambiciono en este mundo, porque dejándome raptar por él he experimentado lo inefable. Beso el olor que desprendes, me abrazo a tus ojos, mastico tus palabras, te entrego mis orgasmos y tomo posesión de los tuyos con una alegría fiera: existes, estás conmigo, somos, vivimos, nos hemos encontrado, entre los dos hemos descubierto quiénes somos en verdad y juntándonos satisfacemos el hambre de totalidad que nos consume.
jueves, 31 de enero de 2008
ARROZ CON LECHE
Llegarías a Madrid para comer. Ya había hecho la compra y no me apetecía volver a bajar, mejor darte una sorpresa con tu postre favorito.
Se ponen a hervir en una olla seis cucharadas de arroz de paella - no basmati, no integral, sino el que se usa en España normalmente - con el agua justo para cubrirlo; se deja hervir un minuto y se vierten en la olla 3/4 de litro de leche entera, la cáscara de un limón sin lo blanco y una varilla de canela, removiendo todo bien con una cuchara de madera: lo más importante es que en ningún momento se pegue el arroz al fondo. Se espera a que comience a hervir y se baja el fuego al mínimo.
Hay que vigilar constantemente, me he ido pintando las uñas de los pies en la misma cocina: un pie, y remuevo; otro pie, y vuelvo a remover. Me gusta el esmalte rojo casi berenjena, creo que me lo puedo permitir.
A los quince minutos - cuando las uñas estaban secas - de cocción lenta, añado ocho cucharadas de azúcar, y vuelta a remover: no se debe dejar que se forme nata en la superficie y suba.
He ido alternando cocina y baño: crema hidratante, remuevo; máscara de pestañas, y vuelta a darle a la cuchara; Billie Holiday había quedado en silencio y elegí en su lugar a Piazzola; saqué los tomates y el jamón del frigorífico para que la ensalada no estuviera demasiado fría, y remuevo; puse la mesa y vuelvo a vigilar el arroz.
A los cincuenta minutos, más o menos, aquello ha adquirido una consistencia cremosa: es el momento de mayor peligro, es necesario remover sin parar porque el grano se puede pegar al fondo con mayor facilidad; tengo que decidir si añado más leche o lo dejo tal cual. Esta vez añado un chorrito, lo justo para que me de un buen feeling: hay que tener en cuenta que al enfriar, el arroz absorbe más líquido. Apago el fuego, incorporo un par de cucharadas de nata sin montar, y remuevo por última vez. Vierto el postre en una fuente honda y espolvoreo canela en polvo - no demasiada - por encima.
Terminé a las doce y media de la tarde: quedaban (tres horas para que el dulce se enfríe a la temperatura ambiente, jamás en el frigorífico, a no ser que nos sobre algo para el día siguiente) dos horas para verte y algo más para disfrutar de tu expresión de arrobo mientras paladeabas el postre.
Si de algo estaba segura, es de que me lo ibas a agradecer conforme a mi deseo.
viernes, 25 de enero de 2008
ELECCIÓN
Tú eres otro universo. No tienes nada que ver con el resto de mis cosas, de la vida tal y como entiendo que es: una sucesión de momentos felices que pasan en un suspiro y situaciones conflictivas que debo resolver un momento más tarde, proyectos que culminan o acaban diluyéndose. No estás en el paquete.
Hemos renunciado a lo doméstico y a lo cotidiano, al compromiso, a cuidar uno del otro, a la cuenta corriente compartida, a las cenas con amigos, a ser una pareja, en fin: a todo aquello que envuelve, oculta, estorba, amenaza, sentencia. Es nuestra historia, y la estamos viviendo despojada de todo lo accesorio.
Quizá este amor, tal y como lo vivo, sea una pura construcción mental. Tú vienes a ser como una entrada para ir al cine y meterme dentro de la película. Cuando nos separamos, se acaba la sesión. Fin. Hasta la próxima. Salgo a lo cotidiano y espero el siguiente viaje.
Prefiero la intensidad de nuestros encuentros a la protección del feliz matrimonio, sancionado o no por la ley: mi vida es mía y no la quiero poner bajo la tutela de las decisiones negociadas, aunque la independencia sea un producto caro.
Sufriremos el uno por el otro, pero no todavía.
lunes, 21 de enero de 2008
DESEO
Me he dado cuenta de que allí resultaba incongruente, y que éste es su verdadero lugar.
Nada más llegar tú, en la cocina. Intento prepararte un té, mientras nos ponemos al día con frases rápidas y cortas.
Has estado fuera dos semanas, y el deseo de verte ha ido cobrando fuerza alrededor de mi pelvis y me oprime los riñones, me tiene prisionero el estómago. Te has dado cuenta con el primer beso, porque no he podido evitar que mi cuerpo hablara por mí, y tus caricias se vuelven indiscretas, indagando allí donde sabes que vas a paralizarme, vas a dejarme a merced de los movimientos de tu mano, y evocándolo en este momento otra vez se me acelera el pulso y me da calentura.
Intento mantener el tipo, acabar la tarea que me traigo entre manos. Me resisto a dejarme llevar porque vendrá un latigazo de placer sin apenas saborear su inminencia y luego me quedaré de pie y desmadejada. Sin embargo, tu boca me sujeta tanto como tus brazos; tus dedos retiran mis bragas y acarician, primero suavemente, luego con firmeza, allí donde sabes que está mi debilidad; insistes decididamente hasta que mi cuerpo se desvincula de mi voluntad y se somete a tu ritmo eficacísimo.
Viene como cuando muerdes la primera fresa de la temporada, y entonces quiero más y te llevo rápidamente a la cama.
miércoles, 16 de enero de 2008
CONFESIÓN
Todos los hombres con los que estuve, retocé, forniqué, amé, coqueteé. Todos aquellos de quienes fui novia, esposa, amante, compañera, amiga. Todos a los que miré, deseé, besé, acaricié, abracé.
Cada uno tenía una cualidad que después encontré en Él.
(Entre ellos - no muchos, la verdad - hubo algunos que dejaban asomar la ternura por algún descosido del alma. Los más tenían un cerebro interesante. Pocos la pasión política. Un par, el porte. Alguno quizá me haya amado más, pero no de esta manera. Una parte de mí disfrutó con cada uno)
Todos se le parecían, en un sentido u otro.
Pero eso lo he sabido después.
sábado, 12 de enero de 2008
PRÓLOGO
Tras la cena y las copas, unos cuantos nos demoramos charlando en el lobby del hotel, aunque nosotros dos nos retiramos antes que los demás: tú regresabas a España en poco más de cinco horas, y yo debía moderar la primera mesa redonda del día siguiente. Subimos las escaleras juntos, despacio, hablando lánguidamente. Nuestras habitaciones estaban en la misma planta y allí, junto al ascensor, nos paramos, uno frente al otro, muy cerca, en una penumbra sugerente.
Tomaste mi cara con ambas manos, pero una fracción de segundo después te arrepentiste: tuviste una ligerísima duda, tan tenue que si no estuviera bebida no la hubiera percibido. Pensaste: ahora no puede ser.
Sin embargo, era demasiado tarde: ya me había atrapado la tremenda carga erótica que emanaba aquel gesto; me di cuenta - casi al tiempo - de que hubieras querido arrancarme la ropa allí mismo, que yo lo hubiera permitido y que me habías cedido la iniciativa.
Cuánto me hubiera apetecido agarrarte de la corbata y llevarte a mi habitación, averiguar quién eras desnudo y cómo era yo desnuda contigo.
Por primera... Y quizá por última vez.
Jugadora de cartas como soy desde tiempos inmemoriales, evalué mis posibilidades y arrojé los naipes: contigo, mejor esperar una mano más propicia. Mis labios pasaron a dos milímetros de los tuyos para dirigirse a tu barbuda mejilla, sin que tú hicieras nada para conseguir otra cosa que los consabidos besitos de protocolo.
- Hasta Madrid.
No recuerdo qué murmuraste tú; vi de refilón que recomponías el gesto, escondí mis ojos de los tuyos y di media vuelta: en ese momento me estaba enamorando de ti, idiota.
Mientras nos alejábamos el uno del otro, por aquel pasillo cuyas luces se iban encendiendo según pisábamos los sensores ocultos por la moqueta, me decía a mí misma: mira por donde, y a mi edad, es posible que...
martes, 8 de enero de 2008
AMENAZA
No podrás espiar mi gesto. No sabrás qué pienso. Sólo sentirás a través de tu piel.
Primero pasearé mis labios por los tuyos, los deslizaré por el contorno de tu rostro para llegar a las orejas, que lameré hasta donde pueda alcanzar. Reprimiré el suspiro que quiera escaparse cuando baje hacia tu cuello, para que no sepas cuánto me excita el olor caliente que desprende. Con un dedo modelaré tus muslos para que tomes conciencia de ellos y amagaré un camino hacia tu polla expectante; aún no te habrás empalmado, sorprendido y desorientado como estarás.
Cuando apoye mi cara sobre tu pecho intentarás imaginar otros momentos semejantes para no sentirte tan vulnerable, pero lo no permitiré: avanzaré la lengua hacia tus pezones, las manos sujetando tus muslos, todo el peso de mi cuerpo sobre el tuyo, y sonreiré quedamente cuando intentes atisbar siquiera una sombra a través del antifaz. Lucharás sin violencia e inútilmente por salir de esa prisión sensorial, atenuada no obstante por la calidez de mis caricias.
Pasaré de lamerte a morderte y pellizcarte con remilgada picardía: tienes lugares mágicos - junto al ombligo, en las caderas, en los brazos - de los que aún no eres consciente, y habré de obligarte a descubrirlos negándote la posibilidad de mirar y de hacer. Me frotaré contra ti como si el frío nos fuera a matar para después chuparte los dedos como si fueran helados de limón. Soplaré sobre tus ingles, besaré tus muñecas y el envés de los codos y pasaré las uñas por tu cintura. Amasaré tus nalgas. Apoyaré mi boca en tu garganta. Robaré calor de tus piernas a causa de mis pies fríos. Te estrecharé entre mis brazos. Pasaré por tu espalda mi pelo y enredaré en el tuyo mis dedos. Recostaré mis tetas en tu vientre. Tus hombros enrojecerán por la insistencia de mis dientes. Exhalaré un tórrido aliento sobre tus testículos.
Sólo llegaré hasta tu pene cuando te sientas todo piel sexuada. Aunque haya de retrasar mi propio orgasmo, no cejaré en mi empeño de sentir cómo te crece a instancia de esos rincones vírgenes que yo habré liberado para nuestro placer.
Después, no sé.
jueves, 3 de enero de 2008
EPIFANÍA
Yo definitivamente desnuda y enredada en tu cuerpo.
Hemos follado después como dos enajenados, buscando el placer del uno para el otro y del uno en el otro con una ciega determinación: no podemos luchar contra el tiempo pero no hay droga mejor para huir de lo inexorable.
Has satisfecho mi hambre comiéndome, y bebiéndote he conseguido colmar tu celo.
(Luego nos hemos estado mirando a los ojos, y sonreíamos).
sábado, 29 de diciembre de 2007
MIEDO
Peligro, peligro.
No son celos. No es la necesidad de verte, que también. Es el miedo exacerbado a que ciertas seguridades de mi vida desaparezcan: tu estar en el mundo, tu presencia cerca de mi, tu mirada. El temor me desarbola.
Está también el deseo, que se aterra ante la posibilidad de no verse colmado nunca más. Evoco instantes concretos - un abrazo en el coche aquel día, mis manos enredadas en el vello canoso de tu pubis - y enloquezco de miedo a que hayan sido los últimos.
A veces, la incertidumbre me empuja a masturbarme para obtener un orgasmo cansino que me aletarga durante unos minutos, pero pronto regresa una ansiedad morbosa, incontrolable, estúpida e inútil, aunque fruto amargo de la experiencia:
Peligro, peligro.
El azar puede vengarse de nosotros.