sábado, 20 de octubre de 2012

14 N: HUELGA GENERAL


Sí: la Huelga General va a ser muy difícil en las condiciones actuales, con una legislación laboral draconiana que pende sobre la cabeza de cualquier asalariado y la mayoría de los medios de comunicación en contra.

Por eso creo que esta vez más que nunca todos debemos sentirnos involucrados, y no sólo quienes dependen de un empresario: jubilados, profesionales liberales, parados, amas de casa, artistas, estudiantes, funcionarios, pequeños comerciantes... Cada persona puede contribuir pacíficamente a que la jornada muestre al Gobierno hasta qué punto la convocatoria de la Cumbre Social ha encontrado eco en nosotros, y que sabemos que lo que nos jugamos va más allá de una pérdida temporal del poder adquisitivo: nos están escamoteando el futuro. 

Ese día no debemos comprar, ni acudir a espectáculos, ni subir al transporte público, ni abrir las tiendas, ni ir al gimnasio, ni al médico si no es urgente, ni a la piscina, ni al parque, si me apuráis. No hay que desayunar en el bar, ni subir al coche más que para lo imprescindible, ni llevar a los niños al colegio.

No será, probablemente, como la del 88, que obligó al Gobierno del PSOE a retirar su proyecto de reforma laboral y a negociar con los sindicatos: quizá ahora los trabajadores de TVE no tengan la decisión que tuvieron entonces para cortar la señal, y en cualquier caso para contrarrestar su acción estarán las cadenas privadas. Y Rajoy no es Felipe González.

(Tampoco nosotros somos los que éramos: muchos ya no están, otros hemos envejecido y los achaques nos impiden engrosar los piquetes,  y los jóvenes no están acostumbrados a sacrificarse por unas ideas, aunque afortunadamente están aprendiendo a la velocidad de internet y en el tú a tú de las asambleas de barrio).

No nos queda otra. Por dignidad y aguantando el miedo.


miércoles, 10 de octubre de 2012

YO CONFIESO


Soy agnóstica. Obviamente, eso significa que no creo en un Más Allá en el que los canallas vayan a ser castigados y las personas decentes premiadas.

A veces me consuela, ya que tampoco creo en el pecado - y menos aún en el de pensamiento - poder desear rabiosamente la desaparición de algunos personajes sin miedo al fuego eterno...

No, que nadie se eche a temblar: no fantaseo  asesinatos, ni atentados terroristas, ni siquiera accidentes de tráfico imprevistos o enfermedades lentas y dolorosas... Me limito a imaginar un ¡plof!, como el de las pompas de jabón, y ya está: un sinvergüenza menos en el mundo...

La realidad y la Ética insisten, sin embargo, en que es necesario compartir el mundo con ellos.

Moriremos todos, pero ellos se lo habrán pasado mucho mejor, y a eso sí que no me resigno: por eso persisto en trabajar por unas reglas del juego que no nos dejen en sus manos.