Cuando cumplí los ocho estaba enamorada de Rafa, el hijo del tabernero, que como mucho tendría uno o dos años más que yo. Era un secreto absoluto, lo cual, entonces, significaba que no había trascendido al mundo de los mayores, ni siquiera a mis hermanas.
Un día me preguntó si quería ser su novia. No había terminado de tartamudear que sí, maravillada de que el destino me ofreciera semejante regalo, cuando me hizo la primera proposición deshonesta de mi vida:
- Vamos a la azotea.
La azotea estaba prohibida. Le seguí sin dudarlo.
Esperaba un beso, un abrazo, no sé lo que esperaba. Rafa desabrochó la bragueta de su pantalón y se sacó su cosita:
- Como ya somos novios, tienes que chupármela.
Perplejidad. Miré aquella lombriz de un rosa pálido con la mente en blanco. Lombriz, manos de Rafa sujetando la lombriz, Rafa diciendo un imperativo venga, chúpamela, y el calor inmisericorde de la hora de la siesta. Su pantalón era de un dril oscuro.
Desde luego que no iba a meterme aquel gusano en la boca.
El sábado fui a confesarme.
- Ave María Purísima
- Sin pecado concebida
- Padre, me acuso de haber tenido novio y...
- ¿Tú, mocosa?
A través de la rejilla del confesionario vi cómo el coadjutor disimulaba la risa con una tos mal fingida. La humillación fue tan cruel que no terminé de narrarle la historia; continué con los clásicos he mentido y he desobedecido a mi madre etcétera etcétera y si padre, prometo no volver a pecar.
Y al día siguiente comulgué sacrílegamente: las monjas vigilaban que todas y cada una de nosotras cumpliéramos con el sacramento, y a ver quién era la guapa que se lo saltaba.
No recuerdo haber vuelto a confesar que le había visto la pilila a un mocito.
(Moraleja primera: Nunca digas de este agua no beberé, que luego te haces mayor y la cosa cambia...
Moraleja segunda: si un cura se ríe de tus pecados, no sirve como confesor.
Moraleja tercera: cuando tengas a una monja tomando nota de tus actos, mantén el tipo a toda costa).
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24 comentarios:
Una historia muy propia de Semana Santa, para "edificación" de nuestras almas. Me ha encantado.
jajajajja me ha resultado un post divertido.
Si ver ese tipo de lombrices, incluso chuparlas o tocarlas, es pecado, creo que no pisaré un confesionario en lo que me queda de vida. Está claro que arderé en el infierno, y sin pasar por el purgatorio!
Va, venga, al menos haré penitencia en Semana Santa... pillaré algo de "procesión" automovilística esta tarde al salir de Madrid. ¿Suficiente? :P
Besos
Benjui,
este chico tenia mucha suerte de poder enseñar su gusano a una niña y mucha cara de pedir lo otro, yo no me hubiera atrevido de pedirlo... pero si me hubiera gustado, con los ojos se hace el primer contacto con el otro sexo!!!
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pecados que los confesores no quieren oir, porque su interior se excita, prefieren estar tranquilos.
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me gustan estos "tiernos" pecados de la juventud.
un gran beso
Mamma mía, yo estaba en el limbo a esa edad y mucho, mucho, mucho después. Me encantan las moralejas.
Besos B.
Recuerdo dos cosas en relación a este post
Contaré una. La otra quizás tenga formato cuento un día de estos.
Una vez fui a confesarme. La segunda de haecho. Confesión masiva del colegio. El chico que iba antes que yo dijo que lleva cuatros meses sin confesarse y el cura le hecho una buena chapa. Yo llevaba ocho. Cuando llego mi turno dije que llevaba dos semanas sin confesarme. Al contar mis pecados dije que había mentido sin especificar. Había encontrato un resquicio con el que engañar a Dios. Desde entonces creo que no le caigo muy bien.
Que avispao el colega
Dichosas religiones....
En mis tiempos los curas eran distintos: daban ideas a las preadolescentes. A tal punto que preguntaban cosas que ni se nos habían pasado por la imaginación. Información sexual en el confesionario. Pena que a mí nunca me inquiriesen de ese modo... Ahora que lo pienso, cuando me falte sal o pimienta, me iré a confesar. No vaya a ser que muera la pasión por falta de imaginación. ;)
No sé si me angustió o me divirtió. Ambas, tal vez.
:)
El cura era un zopenco. Y Rafa... intuyo que ahora, de grande, es igual de paciente y romántico.
¡Vaya con el hijo del tabernero! Lo suyo era amor a primera vista.
Nos vemos
Jajajaja, que ya lo decía el adorado y nunca superado Dr Sigmund ...los niños y las niñas, no son candor, definitivamente son ardor y calentura!!!!!.
Gracias Benjuí por haber sobrevolado el diván. Digo que la historia de Floro y Lucre, es de las más comunes. Cada uno tenía algo en el tintero y a su modo, según su recorrido, según su propia experiencia, lo expresó.
Abrazos desde Argentina
Diego.
El Rafa era un lanzao ¿qué habrá sido de él?
Te estaba leyendo y estaba pensando en la cantidad de Rafas que se mueven por aquí, los chats de internet, y que estoy segura de que fuera se mantienen muy cautelosos y valorando que las chatis estén en el perfil de "señoritas decentes" antes de hacer ningún avance.
Cuando yo tuve mi primer novio, me fui a confesar y le dije al padre que "casi" había tenido relaciones sexuales. Me puso a rezar dos rosarios...
nunca he vuelto a confesar nada por el estilo...
creo que tampoco me he confesado muy seguido después... ahora que lo pienso.
a mi me parece muy precoz el pedacito meneando su lombricita, carajo. y pidiendo que se la chuparas!
los papás debían de haber cerrado la puerta con llave, pues.
Confesar se me daba muy bien. Tenía que hacerlo muy a menudo. Ahora no puedo confesarme, he perdido la lista de las cosas que son pecado (los de Benedicto no cuentan) y ir para nada...!
Creo que ahora debiera confesar yo a aquellos curas.
Hola, Benjuí, me estreno en tu blog siguiendo la huella que has dejado en mis moreras.
Los curas que yo conocí insistían tanto en los pecados de la carne, aunque no los llevases en tu lista, que una vez mandé a uno a paseo, en alto, para escándalo de las mujeres piadosas que esperaban en la cola para confesar.
El tipo sacó la cabeza del cajón y me dijo: “vuelve, pecadora” y con la frescura que dan los 12 años le contesté: "que te den, pirao". No volví a confesarme nunca más.
Me ha encantado tu relato de azotea y decepciones primerizas.
Besos.
cuando me tocó hacer la comunión, las clases de catequesis coincidían con el fútbol -que ha sido más de media vida mia-. me tuve que confesar obligatoriamente antes de la comunión. había un bosque de vivencias por confesar, credos y ave marías me salvarían... pero sólo sabía rezar el padre nuestro.
me gustó el blog
salud-saludos
Menudo futuro hijodesumadre! A esa edad y ya con esas exigencias? Desde luego fuiste algo prematura, pero eso depende de quién imponga los limites...
Espero que, al menos, eso te ayudará a prevenir futuros novios prepotentes.
P. D: Lo del chocolate no ha funcionado... este fin de semana me lo he fulminado yo solita, TODO!Gracias de todos modos por el consejo y el rebautizo de mi llama;)
Guau, con ese cura mejor no confesarse..y anda que morro, no creas que pide un besito el chavalín.
bessos
Madre mia yo con ocho años no sabia ni que era eso...
Me ha encantado la historia, y las conclusiones que has sacado.
Un saludo!
A nosotras las monjas nos llevaban a confesarnos cada semana por estas épocas. A saber que pecados íbamos a cometer de una semana a otra...así que directamente nos los inventábamos! Eso sí, nuestro último pecado era "y he mentido"
Si yo ya hubiera nacido en aquellas edades la historia hubiera sido diferente.
Si te he arrancado una sonrisa con unas galletas del Greco, tendré que poner galletas todos los días.
¿no hay un correo de referencia?
para mandarte una galleta por correo...
Uma história bonita e pertinente.
Nunca me he confesado, pero confieso que he chupado...
Cuando tenía unos ocho años, el tartamudo de mi clase me puso una nota encima de la cabeza. Evidentemente, la nota cayó al suelo. Él la recogió y la puso sobre mis rodillas.
En la nota ponía: "Eres mi novia".
Así, sin interrogación, ni exclamación ni nada. "Eres mi novia" y punto. Y te jodes. Y es lo que hay.
Me puse roja como un tomate y fingí no haber leído la nota nunca jamás de los jamases.
Moraleja: los tartamudos de ocho años son un peligro público.
Joder con Rafa, no se andaba con tonterías. Y usted... pecando de romántica.
buenas moralejas, bonita forma de narrar la tuya... me ha gustado tu blog. ahora me voy a dormir. visito otro día nuevamente
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