Cada quien lo conjura como puede: follando, sometiéndose, viajando, trabajando veinte horas diarias, yendo de compras, haciendo bricolaje, sacando pecho, haciendo pilates, viendo telebasura, convenciéndose a priori de que la razón está de su parte... Los senderos por donde huir son infinitos.
Pero negarlo no nos conduce a ninguna parte: los temores forman parte de nuestra vida y, ahora, en España, ha surgido un pánico colectivo que se palpa en las conductas, los gestos, las frases menos esperadas, la ausencia o el exceso de proyectos, el énfasis en cuestiones que no hace tanto nos parecían nimiedades.
A veces, incluso, echamos mano de la táctica del avestruz: no queremos ver lo que hay.
Morir nos moriremos cuando toque. Vivir, sin embargo, no es pasar los días distraídos: a veces toca plantar cara.
Allá cada uno, pero yo no recuerdo una convocatoria de huelga general más necesaria.
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