jueves, 26 de abril de 2012

DÍA A DÍA

Tendríais que ver mi mesa de trabajo (en casa): dos discos duros obsoletos, uno de los cuales sirve de soporte al monitor, y el otro espera que mi hijo salve todos mis archivos después de una invasión de virus extraterrestres; un portátil del siglo XX enchufado a la red y al monitor y sin tarjeta de sonido, para no quedarme aislada mientras tanto; el teléfono fijo, el router, los altavoces desenchufados, un escáner que habré usado un par de veces, el teclado...
Adosada en uve, otra mesa con los papeles y cedés, el tabaco, el móvil, el cenicero, un jarrito con los bolis, el calendario...
Y, por debajo, una maraña de cables.

La ventana da a un jardín en el que últimamente los jardineros se divierten con esas armas letales que utilizan para aventar las hojas caídas: cada día y a cualquier hora ese run-run que quizá en otoño tenga sentido pero, ¿en primavera?
Y luego están los carteros, los repartidores de publicidad, el del contador del gas, el de la luz... Adivinan que estoy en casa y llaman siempre, siempre, a mi puerta.

(Pero me siento bien leyendo los periódicos on-line mientras desayuno, y luego visito el feisbu, y mi correo electrónico, vagueando sobre todo cuando no tengo que ir a rehabilitación, o al médico, o al osteópata: mi único proyecto -por el momento- es derrotar esta puta lumbalgia tomándomelo con muuuuuuuuuuucha calma: en Navidades ni siquiera podía estar más de diez minutos sentada frente a la pantalla del ordenador, y ahora hasta salgo a la calle una vez al día).

Hoy llueve en Madrid a la manera asturiana.

1 comentario:

Markesa Merteuil dijo...

Yo mejor me abstengo de describir mi escritorio. Desde que estoy en paro no encuentro tiempo para organizarlo. Qué cosas! Facebook? Debería intentar encontrarte, pero lo veo difícil. :-(

Besazo, a la manera gallega.