Tendríais que ver mi mesa de trabajo (en casa): dos discos duros obsoletos, uno de los cuales sirve de soporte al monitor, y el otro espera que mi hijo salve todos mis archivos después de una invasión de virus extraterrestres; un portátil del siglo XX enchufado a la red y al monitor y sin tarjeta de sonido, para no quedarme aislada mientras tanto; el teléfono fijo, el router, los altavoces desenchufados, un escáner que habré usado un par de veces, el teclado...
Adosada en uve, otra mesa con los papeles y cedés, el tabaco, el móvil, el cenicero, un jarrito con los bolis, el calendario...
Y, por debajo, una maraña de cables.
La ventana da a un jardín en el que últimamente los jardineros se divierten con esas armas letales que utilizan para aventar las hojas caídas: cada día y a cualquier hora ese run-run que quizá en otoño tenga sentido pero, ¿en primavera?
Y luego están los carteros, los repartidores de publicidad, el del contador del gas, el de la luz... Adivinan que estoy en casa y llaman siempre, siempre, a mi puerta.
(Pero me siento bien leyendo los periódicos on-line mientras desayuno, y luego visito el feisbu, y mi correo electrónico, vagueando sobre todo cuando no tengo que ir a rehabilitación, o al médico, o al osteópata: mi único proyecto -por el momento- es derrotar esta puta lumbalgia tomándomelo con muuuuuuuuuuucha calma: en Navidades ni siquiera podía estar más de diez minutos sentada frente a la pantalla del ordenador, y ahora hasta salgo a la calle una vez al día).
Hoy llueve en Madrid a la manera asturiana.
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1 comentario:
Yo mejor me abstengo de describir mi escritorio. Desde que estoy en paro no encuentro tiempo para organizarlo. Qué cosas! Facebook? Debería intentar encontrarte, pero lo veo difícil. :-(
Besazo, a la manera gallega.
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