domingo, 15 de julio de 2012

...PUEDE PASAR DOS VECES

Ayer me reencontré, después de cuarenta - ¡cuarenta! - años, con la que fue mi amiga del alma. La había localizado, cómo no, a través de facebook. Hemos estado intercambiando correos durante tres semanas antes de atrevernos a pasar la prueba presencial.

No encuentro adjetivos que puedan trasladaros la milagrosa conexión que se estableció de inmediato.
Conexión a la primera mirada, con el primer abrazo, con la primera sonrisa. Pero ya lo sabíamos: no en vano estos últimos días estuvimos preparándonos a conciencia, explicando por escrito lo que nos pareció esencial para que la otra supiera.

Es pintora, lo que siempre quiso ser. Independiente. Honesta. Vitalista. Abierta a mí como si todos estos años no hubieran sido más que unas pequeñas vacaciones, y yo me abandoné en confidencias como no lo había hecho en mucho tiempo.

Estuvimos cinco horas en su estudio sin parar de hablar, bebiendo cerveza y aquarius, picoteando patatas fritas y frutos secos y a veces conteniendo las lágrimas de alegría, de pena, o de estupor ante las revelaciones que nos íbamos haciendo la una a la otra. Y lo que nos queda por contarnos... Y por hacer juntas.

Yo fui la traidora. la abandoné por culpa de un hombre. Pero esta vez no voy a ser tan imbécil.

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