martes, 22 de julio de 2008

DESAHOGOS

Odio a mi nueva vecina.

Tiene la costumbre de discutir a voz en grito con su hija - cuando está con ella, porque vive con el padre: imposible no enterarse - por cualquier cosa y a cualquier hora, insultos incluidos. Ha comprado en primavera un montón de plantas que luego ha descuidado hasta que en las jardineras sólo quedan unas hojitas chamuscadas. Pone a todo volumen la banda sonora de la última película cursi que ha visto. Se queja de sus desgracias asomada a la terraza mientras habla por teléfono y, ahora, se ha comprado una webcam: le ha dado por el sexo en Internet.

Nada que objetar a los modos y maneras de resolver sus necesidades, salvo que me da la paliza a la una o las dos de la mañana, y no es plan: yo trabajo, no vivo de la pensión que me pasa mi ex.

Al principio pensaba que le daban ataques de histeria (¡Ah, ah! ¡hi, hiiiiiiiiii!, ¡Ay, ay!), pero con los días llegué a entender que no era posible, porque la cosa comenzaba con risitas ahogadas, alguna frase susurrante, intervalos de silencio en los que casi me dormía, más risitas menos ahogadas con nuevo sobresalto por mi parte y traca final con jadeos, suspiros y quejiditos que he terminado por interpretar como un orgasmo que aún no he decidido si es verdadero o falso. No hay interlocutor audible. Media hora en total.

Una preciosa media hora de sueño que me roba, la muy zorra.

Si le diera por conectarse a las ocho de la noche, mi alma de portera hubiera exigido pegar la oreja y tomar buena nota del proceso; es la hora, la hora a la que le da por desahogarse, lo que me tiene amargada. La hora y su ignorancia de las normas mínimas de respeto por la vida de los demás.

Hago autocrítica: ¿Doy yo esas voces? ¿Doy esos ridículos gemidos cuando practico el sexo? ¿Comunico a mis vecinos que estoy follando con la misma desfachatez? ¿Es necesario molestar al personal para divertirse?

Mi amigo niega: soy discreta como una gata.

Menos mal.

Aunque las gatas maúllan que es un escándalo cuando están en celo, recuerdo.

Como una gata discreta, rectifica.

(Eché raíces en este piso porque está en pleno Madrid y rodeado de jardines: a estas horas, con todas las ventanas abiertas, sólo se escuchan las voces de los críos jugando o alguien llamando a su perro. Ella no está en casa: esperemos que esta noche vuelva cansada y no encienda el ordenador).

19 comentarios:

Luq+uVe: dijo...

A ver, da gracias a que solo da gemiditos moñas y que para quitarse las telarañas de la entrepierna usa interné, porque imaginate si le da por usar un hombre, el doble de gemidos y el constante golpeteo del cabecero de la cama y hasta el chirrio del somier. Todo un conciertillo oiga, eso si con la participación del susodicho genero masculino en diez minutos listo.

Patricia dijo...

jajajjjjaaaaaaaa perdona que me ría, lo siento lo siento jajajaj pero es graciosísimo -para mi, que no la oigo en plena noche venga a gritar y jadear, que si fuera tu, seguro que no me reía, es más, seguro que le daba unos golpecitos en la pared y le gritaba que se callara de una p*** vez -
Estoy con luq+uve... yo tuve que aguantar golpes de cabecero, gritos y muelles durante 15 días hace unos años en vacaciones. Parejita joven en el piso de arriba, follando a todas horas, de noche y de dia, y te aseguro que entre los ruidos que no te dejaban dormir y la envidia (por qué no decirlo jajajaj) me daban ganas de matarlos cuando me los encontraba en la escalera o en la playa.
Paciencia... y tapones para los oídos jajajjja

Un besoooo

Noemí Pastor dijo...

El infierno son nosotros.

Markesa Merteuil dijo...

Fingir cuando es ella misma la que se ocupa de sí misma? Sería completamente absurdo... Aims...

Argeseth dijo...

jajaja, también me ha parecido muy gracioso, y mira que me río a expensas de tu vecina, no de ti. Supongo que si se conecta a esas altas horas de la noche es porque su Don Juan virtual es un desvelado sin remedio o porque vive en otro huso horario.
En fin, ojalá que la pobre mujer encunetre la manera de superar sus frustraciones sin molestar a los demás.
Saludos.

José Luis dijo...

Coño grábalo y sube al blog una muestra.

Que las noches de la isla son demasiado calladas. Mis masturbaciones tienden a ser silenciosas y los titís son muy mañaneros en sus costumbres sexuales.

Dichoso intelnet lo modernos que ha vuelto a las onanistas

Arcángel Mirón dijo...

Es una falta de respeto, sí, pero muy divertida. Es una exhibicionista.

Yo tengo una vecina que saca a pasear a sus perros a las cinco de la mañana, y cria palomas en los cables de luz de toda la cuadra. Y les grita groserías a los hombres del barrio.

Mus dijo...

Consíguenos el nick de tu vecina. Una vez seducida, cuando comencemos a hacer las cochinadas y suelte el primer gemido ofensor le podremos pedir que deje de hacerlo con la excusa de que nos desconcentra.

Es lo que se llama una estrategia win-win: tú duermes, ella se corre a su antojo y nosotros seguimos haciendo punto con la conciencia de haber hecho una buena obra.

caracol dijo...

que desagradable estar oyendo esos ruidos ajenos! yo si creo que si tu oyes a tus vecinos, ellos muy probablemente te oyen a ti. esto lo hace más desagradable porque luego te cohíbes pensando que te están oyendo, no? (Al menos yo si)
:(
De buenas que no eres como las gatas en celo jajajajaja =)

besooooos

Raúl dijo...

Salvo que lo que has escrito supere la ficción -no te arriendo entonces las ganancias- la historia es divertidisima.
Un saludo.

irene dijo...

Yo le tuve que decir a un vecinito de aquí, de Jerez, que sujetara el cabecero, daba justo pared con pared con el mío, y cuando estaba empezando a dormirme oía: pom, pom, pom, pom, pom, pom, unos segundos nada, y después de nuevo, pom, pom, pom, pom, pom, pom, y dale que te pego, era normal, rondaba los 30 años, cuando se lo dije, se echó a reir y quitó el cabecero.
A los que odio son a los de Madrid, se ponen en el patio, al que da mi habitación, a cenar, gritar y ver la tele a partir de las doce de la noche, el matrimonio y dos niños pequeños, han salido todos trasnochadores, hartita me tienen.
Cómo me gustaría vivir en un sitio tan tranquilo como el que describes. Creo que me he enrollado un poco.
Besos.

Bito dijo...

La única forma de resolver el problema es la de dejar a un lado el pudor y pensar sólo en la propia salud. Es decir, subir y decirle sin tapujos que si va a seguir teniendo sexo que por favor sea un pelín más cuidadosa.

Ya veras como la próxima vez la vergüenza no le permite abrir la boca.

Suerte.

Manu Espada dijo...

Jeje, un relato muy gráfico. Tuve una vecina que de vez en cuando pegaba a sus padres y tiraba cosas por la ventana, menudo miedito daba la tía.

celebrador dijo...

¿No será algún teletienda que vende aparatos para...?

alfonso dijo...

Todos hemos tenido algo parecido alguna vez. Hace una cierta gracia al principio, después puede llegar a corroer. Mantengamos las venas sin cortárnoslas.

ANNA dijo...

Todos alguna vez hemos tenido una vecina con alguna de esas características pero todas juntas...
Un abrazo.

Tesa dijo...

Ufff qué cruz, esa pesá.
Pocas cosas hay peores que tener vecinos que molesten. Nuestra casa, como refugio de paz, es imprescindible.

tequila dijo...

lo de la webcam se la puede pasar, o que la deje el amante... pero por lo que cuentas es una ruidosa desconsiderada asi que ... más vale lo malo conocido...prueba a aplaudir cuando termine
saludos

Raúl dijo...

Que tu orgullo cinéfilo no sufra ni un ápice. La peli en cuestión es "The phantom lady" de Robert Siodmack, una producción de 1942. Que no sufra, digo, porque en mi blog, al margen de hacer lo que cada uno quiera, se gana uno un "cum laudem" leyendo y, en su caso, apreciando el texto, como tú dices cortesmente que has hecho; independientemente de la peli que lo motive. Gracias.