domingo, 10 de enero de 2010

AMIGOS

CPM es un antiquísimo compañero de trabajo y confidente con el que ahora sólo me relaciono por teléfono; si tarda más de dos días en llamarme, le doy un toque, porque de lo contrario me acusa de mala amiga.

Antes - incluso después de que a mí me trasladaran a otro puesto de trabajo - salíamos alguna vez a cenar, a un concierto, a la ópera. Es un hombre cultísimo con quien da gloria conversar o discutir (es muy, muy católico y muy, muy de derechas), porque siempre habla con mesura, nunca levanta la voz y siempre está al día de los cotilleos que me interesan (quién va a ser nombrado algo, quién es ahijado de quién, de qué polvos vienen ciertos lodos, qué analgésico o qué vitaminas me convienen...). Además, escucha mis penas con total empatía, aunque suele inscribirlas en un esquema decimonónico que suelo rechazar con toda suerte de palabras malsonantes, algunas de las cuales le suenan a blasfemias, aunque yo las pronuncie sin la menor intención de insultar sus más preciados símbolos.

Somos amigos. No hemos dejado de serlo por el hecho de llevar más de un año sin vernos, concretamente desde el funeral por el alma de su padre. Desde entonces, que yo sepa, se ha recluido en casa y no sale más que para ir a trabajar, comprar lo imprescindible o ir a misa. Escucha música, habla por teléfono y lee el ABC.

Ayer, ante mi enésima invitación a salir, terminó por confesar:

- Es que no puedo; mi padre no se vale por sí mismo y no quiere que le cuide nadie más que yo, así que me tiene esclavizado.

Quiero creer que lo mejor para él es hacer como que no lo he oído.

5 comentarios:

Markesa Merteuil dijo...

Bufff. Necesita ayuda y ya.

Joseph Cartaphilus dijo...

Que bien le sienta la tristeza a los cuentos y que mal le queda a los seres de verdad

El chicharrero terrible dijo...

Cortazar es genial para leerlo. En cambio muy aspero cuando se empeña en visitar la realidad.

Sin duda ahi tienes un verdadero reto de amistad. Suerte.

Eleuterio Gálvez, el cónsul temerario dijo...

Yo creo que tu amigo está sinceramente convencido de lo que dice; ¿cómo poder ayudarle? Como dice Chicharrero, sin duda un reto.

Noemí Pastor dijo...

Siempre he pensado que hay un filón literario en las reclusiones (in)voluntarias, la abnegación perversa y demás.