Soy una de los diez millones de españoles que, al parecer, tienen una cuenta corriente en BANKIA. No he comprado acciones, no tengo preferentes, de modo que, en principio, el Estado me garantiza hasta 100.000 euros a los que no llego ni de lejos, vamos: que hasta me da risa pensar que pudiera estar yo preocupada por una cantidad remotamente parecida.
Y estas son las fechas en que no he podido aclararme si tengo que trasladar los cuatro euros a otra entidad (¿Cuál? ¿Es bueno para mí y malo para el país? ¿Malo para ambos? ¿Bueno para todos?), o dejarlos para estabilizar la cosa (¿Qué cosa: la Banca, la Deuda Pública, la Economía Española en general, la UE?).
No suelo ser ni pesimista ni excesivamente optimista en cuestiones micro o macro económicas, pero en este caso me siento absolutamente agnóstica: nadie -prensa, políticos, sindicalistas, foreros y demás- aporta otra cosa que no sea la necesidad de transparencia hasta sus últimas consecuencias.
Vale. O sea: que nadie sabe nada, al parecer. Ni siquiera Izquierda Unida ni el PSOE, que tenían representantes en el Consejo de Administración ganando un parné.
Jooooooder.
Yo les denunciaría ya mismo por daños psicológicos y morales, pero tampoco me fío de los jueces.
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1 comentario:
Pues el enorme problema del tema es que tienes razón. Que nadie paga lo que tanto cuesta. Que solo es culpable el otro y nunca tu. Que las consecuencias solo están preparadas para el vulgo, nunca para la élite. Que hemos construido un mundo de arcilla y está lloviendo
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