jueves, 1 de noviembre de 2007

VARIEDADES

Insisto en que hay muchos tipos de deseo, con su correspondiente placer bien diferenciado; insisto porque aunque no me contradices tampoco asientes y te limitas a mirarme divertido, como si estuviera diciendo alguna bobada. Te pondré unos cuantos ejemplos (y ello no quiere decir que no esté dispuesta a ofrecer más información si la demandas).

Uno es el de la caricia que te hago provocada por una postura o una frase o ese rincón de tu cuerpo; me proporciona un placer sensitivo muy semejante al que obtengo cuando voy por un bosque mojado por la lluvia, y puedo pasearme durante un tiempo indefinido a través de tu piel por el puro gozo de sentirla.

Otro el de la caricias que inicio porque sé que te agradan: es el deseo de proporcionarte un goce, y tiene algo en común con el prurito de la buena cocinera, que obtiene su recompensa observando el rostro del comensal y escuchando sus murmullos de aprobación.

Uno más (importantísimo) el que me inoculas cuando me abordas con la seguridad de quien sabe el terreno que pisa: en esos momentos encuentro un oscuro gozo en la pasividad, en el olvido de todo lo que no sea sentir cómo te adueñas de mí.

Puedo añadir el furor sexual que me acomete cuando has estado calentándome la oreja por teléfono, y lo único que pido es un orgasmo en cuanto apareces, un aquí te pillo/aquí te mato, que por rápido y tenue que sea no está nada mal: viene a ser como una trufa de chocolate a media tarde.

Y la apetencia por lo diferente, que surge cuando estamos desnudos y nos aferramos buscando en el otro aquello que no es (un anhelo por demás primitivo, ciego y transgresor que culmina con los orgasmos más salvajes, aunque no necesariamente los mejores).

Y el goce estético, el único goce que viene antes que el deseo: cuánto me gusta verte, seguir tus movimientos con la mirada, admirar tu culo, escuchar tu voz, oírte reír, espiar tus manos, contemplar tu rostro o tu pene o tus muslos...

Y...

10 comentarios:

alfonso dijo...

Como siempre, un acierto.

Alberto López Cordero dijo...

En la Variedad está el gusto, y en este caso nunca mejor dicho.

Mandarina azul dijo...

Aplicaremos la propiedad conmutativa, humo. En la variedad está el gusto y el gusto está en la variedad.
¡Me da que con tu "Y..." final te va a demandar más información!

:)

Noemí Pastor dijo...

Me gusta que reivindiques al "aquí te pillo, aquí te mato". Lo bueno, si breve, también es bueno.

Para, creo que voy a vomitar dijo...

Yo disfruto con el goce estético... Es como ser un detective. Es divertido!

Patricia dijo...

Y...

Pues perfecto, como siempre ;)

GLAUKA dijo...

Hermoso descubriento gracias a Gambito ;).

(Operada ya? interés egoísta sí, pero gracias al cual te he conocido)

Espero que estés bien y relajadita y descansando ya. Y a vivir genial que es lo que suele suceder tras esa operación.

Un beso.

Bito dijo...

Hummmm... el deseo es el mismo sólo que cambia en intensidad ¿no crees?

pandora dijo...

hummm, el deseo, cuantos libros, cuantas historias, cuantos momentos....pasaron por encima del deseo y acabaron en pasión?¿? Cada momento de deseo, cada historia, cada relato que tenga que ver con deseo.... acaba convertido en pasión.

un beso desde mi caja.
pandora.

Luigi dijo...

Mire, tanta pasión me recuerda al chiste de esa pareja de enamorados, probablemente ya lo conozca.

Es aquel en que al levantarse le pregunta ella:
- ¿Qué quieres para desayunar?
Y él le responde, vamos a desayunar amor... (y ñacañacañaca)
Al volver a comer ella le pregunta
- ¿Qué quieres para comer?
Y él le responde, vamos a comer amor... (y ñacañacañaca)
A media tarde ella le pregunta
- ¿Cariño qué te apetece para merendar?
Y él le responde, vamos a merendar amor... (y ñacañacañaca)
Al volver del trabajo por la noche, él vuelve a casa y se encuentra a la mujer subiendo la escalera y deslizándose por la barandilla, y así una y otra vez.
Extrañado le pregunta:
- Cariño, ¿pero que estás haciendo?
A lo que ella responde:
- ¡Calentando la cena!