jueves, 30 de octubre de 2008

ESTOY VIVA, ME PARECE

(No tengo ganas de continuar con este blog.
Es posible que comience otro. O no.
Aunque no estoy dispuesta a renunciar a vosotros; ya veré cómo me las apaño.
Igual se me cura la catatonia: el hecho de estar escribiendo ahora mismo es una señal de que estoy volviendo a mi ser, ¿verdad?)

He pasado este mes entre algunos líos y el Cuaderno dorado, de Doris Lessing.

Ahora mismo sólo puedo recordar cuatro o cinco libros que hayan sido trascendentales para mí, cada uno por diferentes motivos; los cito por orden cronológico: Ha vuelto Mary Poppins (a los doce años), Cien años de soledad (a los veintidós, creo), Ulises (a los veinticuatro), Rayuela (a los veintiseis), El Señor de los Anillos (a los treinta y tantos) y, ahora, éste que os digo.

Podría hacer una lista larguísima de los libros formidables de autores inmortales que he leído, me han aprovechado, o he disfrutado, o me han dejado con la boca abierta de admiración; tengo unos cuantos escritores fetiche, de los que me compro - o compraba, porque algunos ya han muerto - todo lo que publican. Algunos autores me han encandilado durante un tiempo, y luego los he abandonado con la crueldad que permite el hecho de ser una lectora anónima.

En fin: ya que soy una yonqui de la lectura, cuando digo que un libro me ha sacudido el alma quiero que entendáis que fue con independencia de su valor literario (porque, ¡ya hay que tener cuajo para juntar Mary Poppins con Aureliano Buendía!). Creo que se trata de la conjunción de tu momento vital con aquello que cuenta el autor, y eso se da pocas veces.

Afortunadamente para mí, Lessing estaba con su Cuaderno Dorado en el lugar justo para que mis ojos la encontraran.

Suerte la mía.

11 comentarios:

Markesa Merteuil dijo...

Lo curioso es que a veces, pasado ese momento en el que justo quieres leer eso, desde la perspectiva que te dan los años y el alejarte de esa coyuntura, vuelves a la estantería, abres de nuevo ese libro y... descubres que ha perdido algo de aquella magia. Y lo más curioso es que descubres otras muchas historias en ese libro en las que antes, condicionada por ti misma, ni siquiera habías reparado.

PD: Haz lo que te plaza. Te esperaremos, por supuesto. Y, a fin de cuentas, te has convertido en imprescindible para muchos.

caracol dijo...

Aunque todavia no estes muy segura (de estar viva), a mi me da gusto ver señales! yo ya te extrañaba... sin embargo, que pase lo que tenga que pasar!

un abrazo!

Noemí Pastor dijo...

Ya te pedí una vez que no desaparecieras (¡qué verbo más raro!) y te lo pido otra vez.
Dios bendiga a Doris Lessing.
Te beso.

alfonso dijo...

Los estás. Viva.
Y vas a continuar estándolo.
¿crees que puedes hacer lo que quieras?

Por aquí se te quiere viva, y bien viva.

Es una alegría que hayas regresado.

Un besito.

doweed
doweed
doweed

Mus dijo...

A mí me gustan mucho las gorrinadas que escribes. Supongo que lo de juntar al coronel con la institutriz volantona es una gorrinada más, y supongo que de un ayuntamiento así saldría una papelina de perico de apellido Winehouse.

Arcángel Mirón dijo...

El modo de lograr que ocurra ese milagro (hallar cada tanto un libro que nos marca) es leer como desesperada, como sedienta de libros. Y nunca es tiempo perdido.

Joseph Cartaphilus dijo...

Me alegro de que regreses y sobre todo de que no te vayas

Por si acaso de todas formas bueno sería compartir emails. No es que resulte mucho más fiable que un blog, pero algo más si. unarbol@hotmail.com, por si las moscas.

En aucnto a lo otro, pues muy de acuerdo. Algunos de los libros que lees son muy buenos, otros malos y otros regulares y aveces nada tiene que ver todo eso con los que te marcan.

Pero en fin, tengo un día espero

Dichosos regresos, la alegría que dan

Carlos Frontera dijo...

Te comprendo, Humo. En lo de la falta da ganas de continuar el blog. Yo también he estado tentado en más de una ocasión en dejar el mío (no por falta de ganas, sino de tiempo, pero para el caso es lo mismo). Supongo que acabamos regresando porque nos aporta algo que no encontramos en la vida cotidiana. Qué sé yo.

Por otro lado, no he leído nada de Doris Lessing, aunque comparto tu idea de que para que un libro te marque no es suficiente con la calidad literaria de la obra: hace falta también que se dé esa conjunción de tu momento vital con aquello que cuenta el autor que comentas, y eso, como bien dices, ocurre muy pocas veces.

Miguel Molina dijo...

Simplemente espero que decidas lo que más te convenga.

Que no te apetece escribir ahora porque no tienes cosas que contar, mejor quedarte callada.

Habla, cuéntanos tus cosas cuando realmente sientas que debas hacerlo.

Lo importante eres tú, lo demás no importa.

Nos vemos. Arriba el ánimo

Anónimo dijo...

Pues yo estoy desintoxicándome de ese mal hábito que es la lectura, cosa fácil en mi caso porque, salvo temáticas puntuales y frecuentemente profesionales, nunca lo he padecido demasiado

Aunque alguna excepción haberla, hayla. De los libros que comentas el Señor de los Anillos me parece magnífico; y suelo picotear frecuentemente en poesía (o similares) de místicos

Anónimo dijo...

Siempre he pensado que escribir es un placer, de modo que cuando te plazca, escribes. Escrbir por obligación hace que las líneas pierdan la belleza.