domingo, 21 de junio de 2009

NI SIQUIERA LAS AVES SON COMO ANTES

Hoy, domingo, a las ocho y veinte de la mañana, me ha despertado el aleteo torpísimo y despistado de un pichón rubio. ¡Joder! no es nada poético que un pajarraco te saque del sueño cepillándote las narices.

Con todas las ventanas abiertas, creía que iba a ser cosa de nada echarle de casa, pero he tardado una eternidad: se posó en lo alto de la librería y tuve que ir a la cocina a buscar el plumero para alcanzarle; de silla en mesa, de sofá en macetero, le conduje hasta el alféizar de la ventana. No se quería ir ni de coña; le tomé con ambas manos - a pesar del asco que me producen las palomas, grandes o pequeñas - y le lancé al aire; pues, como si no: se aferró con sus garritas gelatinosas a las cuerdas de tender, en donde se balanceaba como un funánbulo atacado de vértigo. Volví a utilizar el plumero para animarle, y finalmente alcanzó a aterrizar en el balcón de la vecina.

Sospecho que se va a quedar allí hasta que ella vuelva de vacaciones.

Me ha arruinado el dulce sueño de las mañanas de domingo; aún así, le perdono: es la única ocasión que he tenido en mi vida de conocer a un pájaro con miedo a volar.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Oh, Dios mío... Es como mi Charlotte!! Algún día verá La Gran Evasión y entonces será inútil todo...

alfonso dijo...

… con la mirada en el humo…

Hemos de estarle muy agradecidos a ese pichón. Gracias a él, nos has regalado unas palabras... lasa que siempre esperamos.

... un beso

CR & LMA
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Eleuterio Gálvez, el cónsul temerario dijo...

Fue un poco trabajoso vestirse de ave, no tanto por las alas, sino por las plumas, que nos da alergia; todo sea por hacerte hablar.
Como siempre, un beso.

Joseph Cartaphilus dijo...

Ay que chulo.

Un pájaro con miedo a volar. Seguro que hay cienes de cuentos infantiles que hablan de eso, pero ni los leí ni se me había ocurrido.

Un placer seguir leyéndola

Noemí Pastor dijo...

Para mí sería terrorífico despertarme y encontrar un pájaro, que ha rozado mi cara, en mi habitación. La culpa es de Hitchcock, claro.