Hoy, domingo, a las ocho y veinte de la mañana, me ha despertado el aleteo torpísimo y despistado de un pichón rubio. ¡Joder! no es nada poético que un pajarraco te saque del sueño cepillándote las narices.
Con todas las ventanas abiertas, creía que iba a ser cosa de nada echarle de casa, pero he tardado una eternidad: se posó en lo alto de la librería y tuve que ir a la cocina a buscar el plumero para alcanzarle; de silla en mesa, de sofá en macetero, le conduje hasta el alféizar de la ventana. No se quería ir ni de coña; le tomé con ambas manos - a pesar del asco que me producen las palomas, grandes o pequeñas - y le lancé al aire; pues, como si no: se aferró con sus garritas gelatinosas a las cuerdas de tender, en donde se balanceaba como un funánbulo atacado de vértigo. Volví a utilizar el plumero para animarle, y finalmente alcanzó a aterrizar en el balcón de la vecina.
Sospecho que se va a quedar allí hasta que ella vuelva de vacaciones.
Me ha arruinado el dulce sueño de las mañanas de domingo; aún así, le perdono: es la única ocasión que he tenido en mi vida de conocer a un pájaro con miedo a volar.
Con todas las ventanas abiertas, creía que iba a ser cosa de nada echarle de casa, pero he tardado una eternidad: se posó en lo alto de la librería y tuve que ir a la cocina a buscar el plumero para alcanzarle; de silla en mesa, de sofá en macetero, le conduje hasta el alféizar de la ventana. No se quería ir ni de coña; le tomé con ambas manos - a pesar del asco que me producen las palomas, grandes o pequeñas - y le lancé al aire; pues, como si no: se aferró con sus garritas gelatinosas a las cuerdas de tender, en donde se balanceaba como un funánbulo atacado de vértigo. Volví a utilizar el plumero para animarle, y finalmente alcanzó a aterrizar en el balcón de la vecina.
Sospecho que se va a quedar allí hasta que ella vuelva de vacaciones.
Me ha arruinado el dulce sueño de las mañanas de domingo; aún así, le perdono: es la única ocasión que he tenido en mi vida de conocer a un pájaro con miedo a volar.
5 comentarios:
Oh, Dios mío... Es como mi Charlotte!! Algún día verá La Gran Evasión y entonces será inútil todo...
… con la mirada en el humo…
Hemos de estarle muy agradecidos a ese pichón. Gracias a él, nos has regalado unas palabras... lasa que siempre esperamos.
... un beso
CR & LMA
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Fue un poco trabajoso vestirse de ave, no tanto por las alas, sino por las plumas, que nos da alergia; todo sea por hacerte hablar.
Como siempre, un beso.
Ay que chulo.
Un pájaro con miedo a volar. Seguro que hay cienes de cuentos infantiles que hablan de eso, pero ni los leí ni se me había ocurrido.
Un placer seguir leyéndola
Para mí sería terrorífico despertarme y encontrar un pájaro, que ha rozado mi cara, en mi habitación. La culpa es de Hitchcock, claro.
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