He empezado a leer El hombre de los círculos azules, de Fred Vargas, de quien no tengo más referencias que la de la compañera de trabajo que me lo ha prestado: una extraña mujer recién llegada a la oficina, de mi edad, más o menos, pero con aspecto de matrona y la dentadura estropeada, muy amable y necesitada de establecer relaciones, y como yo pego hebra en cuanto se me da pie...
Me voy el puente (mañana es fiesta en la Comunidad de Madrid) a recoger cerezas a un pueblo perdido en la Guadalajara que linda con Zaragoza; no tendré internet hasta que vuelva, así que no sabréis si la novela me ha gustado hasta el lunes, por lo menos.
(Entremedias estoy leyendo Reacciona, y sólo por la aportación de Federico Mayor Zaragoza merece la pena hacerse con el panfleto. Ya os contaré, también).
Feliz solsticio de verano.
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