domingo, 4 de septiembre de 2011

CUENTOS Y CUENTAS

Hubo una época en que antes de dormir pensaba en las tareas que tenía para el día siguiente en la oficina. Una psicóloga me recomendó que abandonara ese funesto vicio si quería descansar adecuadamente... Y volví a mi costumbre de toda la vida: fantasear y contarme historias que invariablemente quedan inconclusas. A la noche siguiente, retomo el hilo por donde me alcanza el recuerdo, y amplío, anulo, embellezco o mando a paseo la ocurrencia y comienzo otra, según me haya ido el día.

Este verano, con el atracón de novela negra que me he regalado, mis argumentos son - imposible evitarlo - dramáticos sucesos en los que mezclo asesinatos, hackers, políticos corruptos, adulterios, infidelidades, héroes y heroínas que nada tienen que ver con la policía... Con una diferencia respecto a los libros leídos: desde el principio, sé quién es el malo, y lo divertido consiste en inventarme el móvil, la ocasión, el cómo y, además, el hilo del que debe tirar el bueno para resolver el caso.

Es decir: como cualquier escritor cuando se pone a ello, pero sin otro objetivo que dormir plácidamente.

Alguna noche hago propósito de escribir al día siguiente el cuento, pero siempre tropiezo con lo cotidiano: el puto trabajo, la compra, la cocina, la lavadora, una amiga que necesita charlar, el cansancio, o el dolor de espalda...

Cuando me jubile será diferente.

En dos meses y nueve días.

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