Cuando me separé tenía una cuenta corriente conjunta con mi marido: la misma que tengo hoy en día. Él maneja otra conjunta que abrió después. Han pasado veinticuatro años y así seguimos. Ninguno se mete en la del otro.
No es que seamos de esas parejas que mantienen amistad, o lo que sea: nos habremos visto una docena de veces en todo este tiempo, sin pasar de los protocolarios qué tal estás bien y tú. Cuando mi hijo (que también es suyo, afirmo, pero el "nuestro" es demasiado íntimo en estas situaciones) era pequeño, entendimos que, si a uno de nosotros le pasaba algo, nadie mejor que el otro progenitor para manejar las raquíticas finanzas que el chiquillo heredase. Y así quedó la cosa, incluso ahora, porque mi vástago no quiere meterse "en estos líos" hasta que no regrese a España.
A mi alrededor, con la crisis la gente está optando por diferentes estrategias: una, guardar el dinero debajo del colchón, como se hacía en tiempos de nuestros abuelos; otra, buscar la entidad que ofrezca mayores intereses (lagarto, lagarto...); tercera, la que te cobre menos comisiones... Sólo conozco un par de personas que se atreven - sería la cuarta opción, compatible con cualquiera de las anteriores - con la Bolsa, y una de ellas se ha arruinado ya dos veces; quinta estrategia, también compatible: Bonos del Tesoro, Deuda Pública... Invertir en ladrillo no está de moda hasta que la cosa se estabilice. Tengo una amiga que cambia de banco en cuanto ve una oferta de vajillas, teles o woks en la competencia, y así se entretiene y de paso acumula regalos para bodas y comuniones. A mí me aburre andar de acá para allá para ganar diez euros: prefiero ahorrarlos no comprando gilipolleces. (otro día haré un post sobre las mil y una manera de gastar a lo tonto, incluídas las mías propias).
Esta larga introducción viene a cuento de explicar mi indolencia en cuestiones
bancarias. Había oído hablar de la Banca Ética pero se me
hacía un coñazo eso de no tener un cajero en cada esquina y una sucursal
al ladito de casa; pero Internet ha supuesto un antes y después, de
modo que, con la lentitud que me caracteriza en estos asuntos, he ido
madurando la idea y voy a pasar mis dineros a Triodos, un banco
pequeñito pero transparente, tanto en lo que se refiere a quién y en qué
condiciones invierte los euros de sus clientes como en cuanto a los sueldos
que cobra toda la plantilla.
Quizá peque de ingenua, pero al menos con éste no tendré mala conciencia.
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3 comentarios:
Te felicito por tu decisión. A mí me da mucha pereza, pero estoy considerando en serio hacer lo mismo. Besos.
Ese es el problema, Noe: la pereza...
Ya, el problema y la excusa más vulgar para no hacer nada. Ay, ay, ay...
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