Se ha extendido por internet una campaña (#contraelnegativismo) para inundar la red de noticias positivas, como una manera de contrarrestar el exceso de malas noticias que nos proporcionan amablemente los medios de comunicación.
Ni tanto, ni tan calvo: negar la existencia de un problema nunca evitó a nadie sufrir sus consecuencias. Un beso en la mejilla izquierda no hace desaparecer el dolor de la bofetada en la derecha, aunque la madurez te ayude a entender que la vida no es más que eso: una colleja por aquí, y fresas con nata de postre.
Frente al peligro, reaccionamos evaluando cuál debe ser nuestra respuesta: plantar cara, huir, negociar..., y podemos equivocarnos o acertar, pero si no reconocemos la amenaza estamos perdidos. Echar a correr puede ser lo correcto si te persigue el lobo, matar un mosquito de un manotazo es lo que procede cuando su zumbido te avisa del inminente ataque, y afrontar los problemas de comunicación con tu pareja puede salvar la relación, pero la técnica del avestruz - que es la que ha adoptado la mayor parte de la clase media que ha votado al PP y una buena parte de la que, simplemente, no ha votado - metiendo la cabeza en el agujero de las buenas noticias no parece que nos vaya a librar del lío nacional e internacional en el que estamos metidos.
Así que mi tesis resulta un híbrido: ante todo tenemos que informarnos acerca de la magnitud del problema para poder evaluar qué respuesta corresponde, a sabiendas de que se trata de un peligro para la inmensa mayoría de nosotros; por lo tanto, no estamos solos, y esa sería la buena noticia básica.
Ahora se trata de buscar soluciones entre todos, plantar cara entre todos o negociar entre todos... Y, si acaso, tomar en el terreno particular nuestra propia distancia escuchando a Mozart o emocionándonos con la ingente cantidad de información acerca de gente fantástica que hace cosas maravillosas o practicando sexo o paladeando un helado de chocolate como si fuera la última vez.
¿Escapar, aunque sólo sea mentalmente? ¿Unirse al enemigo? ¿Negar la evidencia? ¿Cerrar la puerta a los datos, y convertirnos en prisioneros de nosotros mismos?
Tenemos un problema ante el que no cabe la huida. La entrada de los cul-de-sac puede convertirse en una salida. Nosotros somos el 99%, así que asumamos que nos toca hacer nuestra parte para que juntos arrollemos a quienes nos están intentado acorralar.
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