Cuando vuelvas, quizá te siente en el sofá, o te lleve a la cama y, antes de que puedas descalzarte, me habré arrodillado ante ti, y te pediré que te quites ese cinturón difícil, desabrocharé tu bragueta y buscaré esa amada polla mía para saludarla. Quizá.
Acaso ella esté aún medio dormida, lo cual me excitará más todavía. Entonces tiraré de tu ropa con mi torpeza acostumbrada, pero tú me ayudarás. Querrás acariciarme y no te lo permitiré: habrás de concentrarte en ese único territorio que marcaré con mi boca.
Querré primero lamer los aledaños, o juguetear con tus testículos probando primero uno, luego el otro, luego ese camino intermedio que conduce hacia tu miembro alerta.
Luego te regalaré con una sucesión de caricias bucales creadas por mi apetencia de llenarme de ti. Te chuparé, desde luego, te chuparé hasta que no puedas más; antes, sin embargo, te la habré recorrido con los labios únicamente, con la lengua nada más, con la lengua y los dedos bailoteando, o la pasearé por mis ojos, mis mejillas, mi rostro entero, y tú cerrarás los ojos pero acabarás por levantarme hacia tu boca.
Tendremos muchas horas por delante.
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2 comentarios:
Seguro que volvería...
:)
Aún no sé que es mejor si su vida sexual o su imaginación.
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