Me vuelves de espaldas en un arrebato, y te dedicas a comerme concienzudamente el culo. Protesto a veces, porque siento que es una parte fea de mi cuerpo, con señales y cicatrices de la niña pobre que fui, y al cual la edad no ha favorecido. Con una naturalidad que me subyuga (¿Cómo lo dices tú, susurrando?, ¿qué palabras exactas utilizas?) me haces ver que es bello porque está vivo, y porque a ti te gusta, y me humedeces por dentro con tu lujuria y por fuera con tu saliva, lamiéndome y mordiendo y apretando mi carne de una manera desconocida hasta ti, una caricia libérrima y transgresora, inequívocamente dirigida a los más oscuros rincones de mi sexualidad. Me quema el coño y elevo las nalgas para que puedas abarcar como sabes todo ese terreno ardiente que ya no es otra cosa que urgencia de alcanzar lo que buscas: un orgasmo salvaje y pendejo, desgarrado, barriobajero, con un sabor más picante y quizá menos exquisito que otros que me procuras, pero más íntimo que ninguno.
Tienes que saber que una parte del sabor de ese orgasmo radica en que nunca, nadie, y que mientras me devoras imagino cómo te comeré yo a ti ese bello culo masculino, cómo te provocaré la misma locura carnal, cómo haré que tu cuerpo a veces demasiado contenido busque mi lengua y mis manos y mi cara lamiendo y frotando esos lugares en los que nos reconocemos como iguales.
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6 comentarios:
¡Toma ya! Ha quedado clarito, clarito.
Ais Humo de mis entrañas... no se si me excita mas tu relato... o el saber q sigues por ahi!
Un abrazo maja
Como dice una amiga mía, aún se tiene mucho miedo a los culos. Hay que superarlo. Vas por buen camino.
Vaya, vaya. Y aún así podría dudar de tu sexo.
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Al primer post dijiste que no tenías nada novedoso que escribir: qué va, entonces esto que és ¿que leo blogs aun dormido?.
Esta esclerotizada blogosphera necesita que le escriban las cosas a las claritas, y sobre temas que nadie osa. Un abrazo mi niña.
dios mío!... necesito una ducha fria!!!!
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