Has entrado en mí mientras estábamos abrazados, tumbados el uno junto al otro, besándonos en la boca, lamiéndonos los labios o las lenguas o sorbiéndonos la saliva, y una de mis piernas se enrosca en tu cuerpo. A veces los espasmos son inmediatos, y alcanzo un orgasmo rápido, duro, tradicional, alegre, brillante, nítido en la subida y en la bajada, con un clímax puntual perfectamente definido que me corta la respiración, me vacía los nervios y en su caída me abandona a ese estado delicuescente en el que todo importa poco salvo la conciencia de estar en tus brazos.
… Pero en ocasiones me urge la necesidad de montarte, y acariciarte los pezones, mirarte, ver tu boca entreabierta en una sonrisa de lúbrica atención. Abro y cierro los ojos, oscilando entre la entrega a mis propias sensaciones o el disfrute que supone verte rendido al placer o mirándome a tu vez. Te doy besos de coño contrayendo los músculos vaginales alrededor de esa polla que hurga en mi interior, de fuera hacia dentro y hacia fuera, o trazando un movimiento envolvente con la pelvis, algo como un merengue que tu cuerpo sólo insinúa, pero que yo te insto a mantener y ampliar.
Y cuando veo tu vientre moverse y siento la punta de tu pene insistir en mi interior, aprieto las rodillas contra tus flancos e inicio una cabalgada gloriosa por un paisaje corporal híbrido de tus caderas y tu mirada y mis muslos y mis brazos, mi columna vertebral, mis hombros, mi cintura, mi mente toda orientada en un solo sentido: justo hacia ese punto interior que crece y se acerca y cuando llego estalla, estallo, se me estalla el alma en unos segundos y me venzo sobre ti, satisfecha y agotada.
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3 comentarios:
Humo gracias por tu interes en que continue, despues de las vacaciones ya estamos de vuelta.
"cabalgada gloriosa" qué bien suena.
Humo, ¡que cerca estás y que lejos! y es cierto, este pozo sin fondo del sexo que tan bien atiende todos tus sentidos es inaprensible como el humo
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