lunes, 8 de octubre de 2007

CRESCENDO

Sé cómo te deshaces cuando me dedico a morderte blandamente la espalda, y a mí me enloquece. Puedo demorarme minutos y minutos por tu gusto y por el mío, desviándome hacia las axilas o hacia el cuello, guiada por los jadeos que se te escapan, apenas audibles, como si no quisieras que yo alcanzara a percibir cuánto placer te estoy proporcionando.

Tu piel huele a sexo toda ella, y te muerdo con la nariz y con los dedos, te acaricio los muslos con mis pies, recorro tu columna vertebral con la barbilla. Nado por tu cuerpo hacia ese culo anhelante, pero me entretengo saboreando rincones que siempre me parecen nuevos: los omóplatos, o quizá el envés de un codo, o ese delicioso triángulo que marca el final de la espalda y el comienzo de las nalgas; lamo, beso, chupo, mordisqueo: sólo soy ésta que juega con el juguete único y definitivo.

Retraso cuanto me es posible el momento de llegar hasta ese tímido orificio que me muestras alzando la grupa: lo besaré, lo humedeceré con mi saliva, lo acariciaré con dedos ávidos hasta que uno de ellos se introduzca en él como por casualidad, y entonces tú me mostrarás la polla, y el deseo me empujará a cambiar de postura para que puedas introducirla en mi boca.

Ahora tus jadeos son más elocuentes, más desinhibidos, y busco en tu interior esa pequeña glándula que prolongará tu placer hasta que digas basta.

5 comentarios:

alfonso dijo...

Visitarte es un placer. Seguro.

izaskun dijo...

supongo que al final de esa tarde la cama estaría ardiendo

Patricia dijo...

humo... qué envidia me das siempre ;)

Anónimo dijo...

Uffffff..... acabo de leer tus tres últimas entradas........ repito: ufff.........

Me mola mucho cómo escribes. Eres capaz de describir el sexo con palabras, empresa harto complicada

Te felicito. De verdad

Seguiré leyéndote, seguro, pero no sé si podré comentar algo. Me dejas sin palabras

La mayor parte de las veces sólo sonreiré y asentiré con la cabeza

Desde la sombra...

un saludo :-)

Bito dijo...

Lo mejor de ese crscendo es la explosión que luego le sigue, la que te revienta en mil pedazos y te esparce por la habitación. Esa que sólo deja de ti un pobre músculo cansado y eternamente satisfecho.