¿Te acuerdas? Hace ahora - ¡Ya! -cinco años.
Nos trajeron el desayuno a la habitación. Busqué escondite en el baño cuando entró el camarero, porque ni yo debía estar ahí, ni tenía ganas de vestirme, ni una maldita bata que ponerme.
Me senté en aquel sofá modernista, de espaldas al enorme ventanal y abarcando de una ojeada la habitación llena de nosotros. Comencé a dar cuenta de fruta, bollos, tostadas, zumos y café con la misma fruición con que te había disfrutado toda la noche, primero follando y luego contemplando, por primera vez, cómo dormías.
Te sentaste en el suelo, frente a mí; no sé cómo, tu boca se abrió paso entre mis muslos y sin previo aviso fluyó hasta mi centro un orgasmo que se fue aleteando antes de darme cuenta.
Volví en mí preguntándome qué hacía yo - mujer de vida tranquila y sin importancia - en un momento histórico para Venezuela, amaneciendo en la planta décima del Caracas Hilton, la ciudad y tú a mis pies, y con unas sandalias negras de tacón alto por toda indumentaria.
La respuesta era obvia: permitiendo que me sedujeras para seducirte.
Nos trajeron el desayuno a la habitación. Busqué escondite en el baño cuando entró el camarero, porque ni yo debía estar ahí, ni tenía ganas de vestirme, ni una maldita bata que ponerme.
Me senté en aquel sofá modernista, de espaldas al enorme ventanal y abarcando de una ojeada la habitación llena de nosotros. Comencé a dar cuenta de fruta, bollos, tostadas, zumos y café con la misma fruición con que te había disfrutado toda la noche, primero follando y luego contemplando, por primera vez, cómo dormías.
Te sentaste en el suelo, frente a mí; no sé cómo, tu boca se abrió paso entre mis muslos y sin previo aviso fluyó hasta mi centro un orgasmo que se fue aleteando antes de darme cuenta.
Volví en mí preguntándome qué hacía yo - mujer de vida tranquila y sin importancia - en un momento histórico para Venezuela, amaneciendo en la planta décima del Caracas Hilton, la ciudad y tú a mis pies, y con unas sandalias negras de tacón alto por toda indumentaria.
La respuesta era obvia: permitiendo que me sedujeras para seducirte.
9 comentarios:
Felicidades, cinco años es ya un espacio de tiempo considerable para creer en hechizos.
Mi querida dama, no le quepa la menor duda que lo que estuviera haciendo hace cinco años es mucho mejor que lo que pudiera estar sucediendo en Venezuela en ese mismo momento.
Bonita historia: sexy, urbana, elegante... Volveré a degustar la siguiente.
Coño, he tenido la impresión de que yo estaba allí. Quizá lo estuve, pero sin sandalias.
Verbalisima....muerta de envidia,ni me duran cinco años, ni son tan coquetos como los tuyos¡¡
B x C
ESO ES TODO UN DESAYUNO COMPLETO.NO, SI YA LO ANUNCIA EL GOBIERNO...DESAYUNA, CÓMETE EL MUNDO.
Me gusta esa habitación de hotel, a que engañarnos
En cuanto a los cuentos tristes, es cosa de como salgan, unos contentos y otros con la cabeza gacha. Ni siquiera tienen que ver con el estado de ánimo. Salen como son. :-D
Se feliz
A ver... con un principio así ahora entiendo mucho de este presente.
¿Qué puedo decirte después de leerte? ¡Que viva Caracas!
;)
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