Una vez mi ex me dijo que yo era implacable. Y tenía razón.
Me lo soltó en medio de una de esas peleas susurrantes en las que nos enzarzábamos con toda la rabia acumulada durante casi veinte años de convivencia sin comunicación. No gritábamos: el niño solía estar durmiendo, o jugando en su habitación, siempre demasiado cerca para que pudiésemos desatarnos a la española.
Es cierto que mis juicios son inmisericordes, lo cual no es obstáculo para que mis amigos se muestren proclives a hacerme confidencias: sólo saco a pasear mi crueldad cuando me siento herida, y nunca ante terceros.
Otra cosa es con el resto del personal: tengo una lengua de serpiente que no descansa. Soy tan despiadada con los demás porque lo soy conmigo misma, y esto me ha costado mucho tiempo reconocerlo, pero también soy capaz de distinguir antes que nadie las cualidades positivas del prójimo y decirlas en voz alta, a veces sólo por llevar la contraria a quienes disfrutan con la maledicencia, y por puro sentido de la justicia.
(¿A cuento de qué esta retahila? Es por un libro: Algo que contarte, del ya mencionado por aquí Hanif Kureishi, un hallazgo que me está obligando a leer despacio y reflexionando, bendito sea).
Me lo soltó en medio de una de esas peleas susurrantes en las que nos enzarzábamos con toda la rabia acumulada durante casi veinte años de convivencia sin comunicación. No gritábamos: el niño solía estar durmiendo, o jugando en su habitación, siempre demasiado cerca para que pudiésemos desatarnos a la española.
Es cierto que mis juicios son inmisericordes, lo cual no es obstáculo para que mis amigos se muestren proclives a hacerme confidencias: sólo saco a pasear mi crueldad cuando me siento herida, y nunca ante terceros.
Otra cosa es con el resto del personal: tengo una lengua de serpiente que no descansa. Soy tan despiadada con los demás porque lo soy conmigo misma, y esto me ha costado mucho tiempo reconocerlo, pero también soy capaz de distinguir antes que nadie las cualidades positivas del prójimo y decirlas en voz alta, a veces sólo por llevar la contraria a quienes disfrutan con la maledicencia, y por puro sentido de la justicia.
(¿A cuento de qué esta retahila? Es por un libro: Algo que contarte, del ya mencionado por aquí Hanif Kureishi, un hallazgo que me está obligando a leer despacio y reflexionando, bendito sea).
4 comentarios:
Pregunta profesional, ¿trata sobre contar secretos?
Propagandhi, Trata sobre el sexo, la identidad, el racismo, el esnobismo, el amor, la culpa, la derechización de la democracia, la paternidad, la industria del espectáculo...Y los secretos, entre otros asuntos.
Antaño yo profesaba de implacable y hube optar por la moderación cuando mis allegados me pusieron el indeseado mote de "Ayatolla" (era la época).
Al día de hoy, oscilo entre la implacabilidad, algo de apatía; y la necesidad de entenderlo todo y a todos, esto último merced a deformación de criterio incurable que me implantó la lectura de Bryce Echenique, que de paso siempre recomiendo y casi imploro leerlo, aunque, eso, sí, sólo a quienes quiero.
Ya veremos con Kureishi; yo, estoy leyendo a Eça de Queiroz, como primer paso para leer a algunos portugueses (suena pretencioso).
Un beso.
Creo que voy a caer otra vez en brazos de Kureishi. Estuvo hace poco en Bilbao, pero no coincidimos, porque yo estaba fuera. ¡Cachis!
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