domingo, 3 de julio de 2011

ASAMBLEA

Ayer estuve en la asamblea de mi barrio.
Sábado, siete de la tarde, un calor churretoso y ¡éramos algo más de ochenta!
Hubo quien se lamentó de la escasa afluencia de vecinos. A mí me pareció milagroso que fuéramos tantos los que nos animamos a ir.
La reunión fue más informativa que decisoria, pero comprobé que se va aprendiendo, que las intervenciones son más fluidas, y que la ingenuidad va dejando paso al conocimiento; por ejemplo, ahora las propuestas no se aprueban por unanimidad, sino que se considera que hay consenso cuando son aceptadas por las cuatro quintas partes de los presentes y no hay nadie radicalmente en contra (y, en ese caso, quien se oponga debe explicar sus razones, evitando de ese modo el boicoteo sistemático)
Lo único que me descolocó fue que se hablara de la convocatoria de una huelga general como de algo que bastaría con que un sindicato quisiera -se habló de los sindicatos minoritarios como posibles convocantes- para que todo el país se paralizara.
Ni siquiera saben lo que es una caja de resistencia.
Espero que el asunto se estudie en profundidad y se tome con calma: la gente que tiene trabajo no está en estos momentos para huelgas.
Antes habría que meditar sobre la manera de movilizar a todos los parados, que son las primeras víctimas de la crisis y de la gestión que se está haciendo de las "exigencias de los mercados"

1 comentario:

Eleuterio Gálvez, el cónsul temerario dijo...

Al fin llegó a este rincón el "Indignaos" y aunque hacia tiempo que no pagaba tanto por un folleto (es el flete transatlántico, dicen), quedé con la biena sensación de que por fin la manida globalización hace algo por el ciudadano común. Se nota una coincidencia ya que no coordinación, con detonantes diversos pero marcando una tendencia clara a algo que creo haber oído llamar la "democracia de las responsabilidades", concepto que usa este último término tan querido por la derecha, ahpra en favor de los electores: consistiría en una vigilancia estrecha sobre los diputados y senadores, para que hagan efectivamente lo que prometieron cuando no lo que se les manda, de modo de dejar en evidencia a todo aquel que se deje seducir por el cabildeo de los de siempre, que usualmente se disfraza de sentido común.