Ahora resulta que la masacre de Noruega, al decir de algunos periodistas que bien podrían irse de vacaciones en lugar de escribir ciertas barbaridades, se debe a que el Estado de Bienestar oculta muchas frustraciones.
No te jode. Ya sabemos que el paraíso no existe.
Pero a ver quién es el guapo que no quisiera para España el nivel de protección pública que tienen los países escandinavos y que, sin minimizar en absoluto la tragedia del viernes, el terrorismo que sufrimos aquí se asemejara al de ellos.
Porque terrorismo son el paro, la reducción presupuestaria en sanidad y educación, los desahucios, la mala gestión de lo público en general, los sueldos de los presidentes de las iberdrolas de turno, la falta de atención a los viejos... Ese terrorismo también mata.
Lo que sí creo es que la violencia no es patrimonio de una religión ni de unas ideas, por lejanas que puedan parecernos: la violencia es tan humana como el amor, y culpar a un país de lo que haga un individuo es aberrante, da lo mismo si se trata de Noruega, China o los USA.
Es cierto que la ultraderecha está ganando posiciones en los Parlamentos europeos, y que los extremismos son terreno abonado para que los locos desarrollen sus paranoias, pero, ¿quién podría tirar la primera piedra? Ya veremos a dónde nos lleva aquí el discurso del PP.
No pienso caer en la tentación de considerar que los fantasmas nórdicos son más peligrosos que los nuestros, y mucho menos traer a colación el Estado de Bienestar y las libertades de los ciudadanos del norte de Europa para intentar explicar lo ocurrido en Oslo.
(Y no quiero que esta entrada se interprete como que me contradigo en relación a lo que escribí hace unos días: sigo prefiriendo ser arabigolatina, pero eso no me provoca ceguera).
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3 comentarios:
Amén.
El tipo de Noruega tiene todo muy claro: es un cristiano protestante, masón, que se cree templario -o sea, casi siempre uno contra a lo menos uno de los otros dos-; muy noruego, de pura cepa, aunque con ojos demasiado rasgados, que revelan sangre finlandesa, que es ugro-finesa, que es húngara, urálica, turca, mongol -estos ya van de amarillo-... muchos de estos últimos tres, musulmanes...
Ah.. y, además, admirador de Max Manus, combatiente de la resistencia noruega contra los nazis.
Con toda esa confusión, como quien dice, podría ser uno cualquiera entre nosotros.
Yo, por suerte, tiempo atrás viví al lado de la única mezquita de mi ciudad, pero por suerte me mudé.
Aunque los noruegos no abundan por aquí.
A propósito, hace aún más tiempo, explotó una bomba muy, muy cerca, al lado de mi casa, sin saber yo que en el lugar tenía sus oficinas don Manuel Contreras, encargado años antes por Pinochet de ejecutar su plan de reducción de población hostil- o sea, que el tipo sabía de bombas: casos Prats, Letelier, etc.- Pero eso era cuando el tipo estaba en libertad. Ahora que tiene condena perpetua tras otra -vale decir, ahora que mora ya que no labora harto más lejos de mi casa-, estoy relativamente libre de bombas. Aunque por casualidad, mi barrio concentra las escasas bombas que se siguen colocando, esto por exceso de sucursales bancarias. Que se entienda, el exceso de sucursales en sí no motiva a los de las bombas, sino, que, ya motivados, suelen escoger barrios donde hay más para elegir.
Un beso y cuida esa rodilla.
Vivo tan lejando a estas noticias que poco sé de lo ocurrido en Noruega, pero estoy de acuerdo con usted en algo, el matar es algo humano, tan humano como el dar la vida. Y quizás unos lo hacen a quema ropa y otros a pequeños pero certeros pasos, pero esa sed de robar la vida parece nacer de dentro.
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