lunes, 11 de julio de 2011

DONDE MENOS SE PIENSA...

Hoy hemos tomado el tren a Ystad (mi rodilla no daba para Copenhague, como teníamos en agenda), el pueblo donde vive y trabaja mi héroe de ficción favorito en los últimos tiempos: Kurt Wallander, y perdonadme si me olvido de alguna diéresis o similar.

Es un apacibilísimo lugar de veraneo, con puerto deportivo, rincones encantadores, viejos deliciosos y niños bien educados.

Perros gruñones, se me olvidaba decir: lo único discordante en un paisaje sociológico deprimente para un temperamento latino. Recuerdo haber tenido esta misma sensación las dos veces que he estado en Suiza, como de una humanidad demasiado encarcelada en su perfección, o en su falsa perfección, debería decir, aún sin negar sus cualidades, que seguramente las tiene.

Pero, por Dios, si en una calle concurrida no oyes una voz más alta que otra, nadie mira a nadie, todo el mundo procura mantener una distancia de respeto con los demás, no hay ningún vecino asomado a la ventana un día de sol... No me extraña que Wallander se sienta solo tan a menudo y tan a menudo caiga en la cuenta de que no se relaciona más que con sus compañeros de trabajo. Pobrecillo.

Sin embargo...

Cuando mi hijo me pase las fotos (no se ha traído el cable y no puede trasladarlas al ordenador) os enseñaré una muestra de la exposición de Gerhard Nordströms en un monasterio franciscano reconvertido en espacio cultural: sólo por disfrutarla hubiera merecido la pena esta excursión.

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